El Rey reclama el firme compromiso de todos

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Este martes los españoles escuchamos uno de los mensajes más contundentes de un monarca parlamentario en décadas. Y el más decisivo de todos los pronunciados por la Corona desde el 23-F. Nunca habíamos visto al Rey Felipe VI con rostro tan serio y con gesto tan firme.

Una deslealtad inadmisible. Así calificó ayer Felipe VI la actitud que están manteniendo los responsables políticos de la Generalitat que están abocando a la sociedad catalana a la fractura para alcanzar una independencia que, de antemano, saben que no es más que una quimera y que no dejará más que daños en un camino cuyo final se encuentra en el muro de la legalidad. La rebelión de Puigdemont amenaza seriamente la supervivencia del Estado.

Por ello, el Rey ha urgido “a los poderes legítimos del Estado” –apelación clara a Rajoy, pero también a Pedro Sánchez, y a la Justicia– para que hagan lo necesario para que se cumpla la Ley y la Constitución. Y lejos de lo que muchos esperaban, evitó fáciles apelaciones al diálogo, en una advertencia inequívoca de que el Estado no puede a cruzarse de brazos viendo cómo Puigdemont y la CUP quieren romper España. Actuando siempre con la Constitución, como pilar fundamental del Estado de Derecho, subrayó.

“Ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía”, afirmó de forma tan clara que sus palabras deberían ser el principio de una actuación conjunta y decidida del Gobierno del PP, el PSOE y Ciudadanos.

No existe la paz ni la libertad fuera de la ley, recordó Felipe VI. Y los garantes de hacer cumplir esa legalidad, y en definitiva de garantizar que hay un Estado de Derecho para todos -opinen como opinen- son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por algo son, junto a las Fuerzas Armadas, las instituciones mejor valoradas por los españoles en las encuestas.

El Rey fue contundente ayer: “en esa España mejor que todos deseamos, estará también Cataluña. No hay lugar a dudas”. En este sentido, envió un mensaje de apoyo a todos los catalanes que no comulgan con la utopía independentista tras la que se oculta una debacle para la propia comunidad catalana: no están solos, ni lo estarán. Tienen el apoyo de todos los españoles a través de los agentes de Policía Nacional y Guardia Civil que en Cataluña se han convertido en los garantes de la legalidad. Porque a pesar de los insultos, los gritos y los golpes que amenazan a los agentes, estos no están dispuestos a ceder ni un paso cuando se trata de defender la democracia. Hacerlo sería volver a una época que España ya superó hace mucho y que no debe olvidar, porque la división sólo genera daño y retroceso.

Por ello, desde aquí llamamos a todos los ceutíes a mostrar su apoyo a los guardias civiles y los policías nacionales que en estos días están defendiendo la Constitución y la Ley en Cataluña de una forma ejemplar. Los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado han demostrado no solo su profesionalidad y su disciplina a la hora de cumplir las órdenes de los jueces, sino que han demostrado una envidiable capacidad de sufrimiento y de contención ante los reiterados actos de provocación, los insultos y las agresiones de quienes pretenden romper nuestra nación.

Es necesario condenar con la mayor firmeza posible los ataques e insultos a Policía Nacional y Guardia Civil. Y, sobre todo, reclamar al Estado las acciones necesarias para evitar el acoso físico y mediático a que están siendo sometidos los agentes desplazados a Cataluña.

La unidad de España, en este momento, debe estar por encima de todo porque sólo manteniendo esa unidad el pueblo español, incluido el catalán, podrá lograr lo que quiere: un estado de derecho mejor y una calidad de vida más alta. El objetivo, al final, es compartido, igual que Cataluña viene compartiendo historia con el resto de España desde hace siglos. Y lo seguirá haciendo porque en democracia se puede votar, pero no romper un país y una sociedad por interés propio. Eso es una deslealtad inadmisible.

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