Marruecos concluye su valla de concertinas a la espera de que Interior retire las de Ceuta
FRONTERA
La barrera instalada por Rabat alivia a las fuerzas de Seguridad: creen que las cuchillas “sólo están cambiando de sitio”, pues el Gobierno de Sánchez a anunciado su retirada en Ceuta y Melilla. Marlaska señaló en Rabat hace un mes que “nosotros respetamos absolutamente la soberanía de las autoridades marroquíes para determinar su perímetro fronterizo”
Los meses han pasado, las labores de construcción han continuado y Marruecos ya ha finiquitado una alambrada de cuchillas que complementa a la elevada en el lado español. La nueva alambrada tiene entre 2,5 y 3 metros de altura y está formada por dos concertinas superpuestas, una encima de otra, a unos metros de las vallas que ya existen en la frontera con Ceuta.
Nunca como hoy hubo tantas concertinas en la frontera de Ceuta con Marruecos. Sin que el Ministerio del Interior haya modificado un solo centímetro de la valla para hacerla menos lesiva, –compromiso que adquirió su titular, Fernando Grande Marlaska, hace dieciséis meses–, Rabat se ha tomado todo este tiempo para terminar de acordonar los ocho kilómetros del perímetro con una cerca propia dentro de su territorio soberano. Una defensa doble en algunos tramos, cuajada de tupido y reluciente alambre de cuchillas, tras la que, ahora sí, dejarán que España retire el material cortante que corona el vallado de Ceuta. Los trabajos, se cree, empezarán antes de fin de año.
El resultado es que, paradójicamente la divisoria de que separa la Ciudad Autónona de Marruecos es en la actualidad una jungla de concertina, todo lo opuesto al compromiso con los derechos humanos y la integridad física de los inmigrantes en cuyo nombre el Gobierno de Pedro Sánchez viene justificando esa reforma que no llega del vallado en Ceuta, donde no hay noticias ciertas ni de qué alternativa se maneja ni de cuándo empezará su ejecución.
Las órdenes en Interior, según revelan responsables de este departamento, son no cuestionar lo más mínimo la nueva valla que Marruecos ha terminado de alzar en los últimos días en Ceuta de forma paralela a los ochos kilómetros del perímetro de seguridad español. Ni una palabra, pese a que los informes que llegan a la mesa del ministro Fernando Grande-Marlaska insisten en que se trata de un vallado rudimentario, sin capacidad de frenar los saltos y que lo único que puede hacer es provocar en los inmigrantes cortes y heridas más profundas que las causadas por las cuchillas que van a ser retiradas de las vallas de la parte española de Ceuta y Melilla.
Si los trabajos en la valla española se han frenado a la espera de que los marroquíes acaben su barrera revestida con el elemento disuasorio en el que creen, las polémicas concertinas, es algo que el Gobierno no va a reconocer. En el séptimo encuentro con su homólogo hace un mes, al ser preguntado por esta alambrada, Marlaska zanjó en Rabat: “nosotros respetamos absolutamente la soberanía de las autoridades marroquíes para determinar su perímetro fronterizo”. Ni palabra de que los dispositivos cortantes son ineficaces e inhumanos, como dice cuando denosta las concertinas en España.
El despliegue de esta nueva barridaca en suelo vecino pone en evidencia el papel cada vez más importante de Marruecos como frontera externa de la UE, a imagen de como ejerce Turquía desde 2015, y la creciente implicación de Rabat con el mayor control de la inmigración irregular que requieren Bruselas y Madrid.
No en vano, según publica el diario ABC, aparte de instalar esta barrera, se ultima estos días la construcción de taludes a su pie en las zonas más vulnerables, aquellas por las que suelen producirse los asaltos, amén de pistas para que los vehículos de las Fuerzas Auxiliares puedan moverse con rapidez a lo largo de ella. También se han habilitado nuevos puestos de guardia para multiplicar la vigilancia.
Como ya avanzó EL PUEBLO, fuentes de la Guardia Civil explican a que “es una medida de contención que permite reaccionar y actuar en la parte española en siete minutos, que es lo que pueden tardar las personas en saltar el vallado, y da un margen de tiempo para que lleguen las patrullas móviles”. Además, Marruecos refuerza el entorno con más agentes de la Gendarmería Real, que operan entre la instalación y el perímetro fronterizo.
El camino que recorre la valla está trazado a lo largo de toda la frontera de Ceuta, pero en territorio marroquí. Alrededor de la verja se han creado garitas de control y pequeños cuartelillos para los agentes de vigilancia de la Gendarmería Real. La construcción empezó por las zonas “más vulnerables”, como las denomina el Gobierno español, donde se produjeron los últimos saltos el pasado verano. Ahora ya esta lista y solo queda por completar apenas unos metros en el extremo sur de la frontera.