El origen de una Mochila cargada de vivencias

“Se trata de la fiesta menos reglada de toda la ciudad porque nunca ha hecho falta que se convoque, son los propios ceutíes los que hacen la Mochila y la dotan de esa identidad caballa”, reivindica el cronista de Ceuta, José Luis Gómez Barceló

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Este año se cumple la letra de la canción del Día de la Mochila porque “mi mochila no se la come ni el gallo, ni la gallina, solo mi barriga” y tendrá que ser fuera del toque de queda, en casa y con menos de seis personas. La Consejería de Sanidad, Consumo y Gobernación publicaba el pasado lunes 26 de octubre en el Boletín Oficial de la Ciudad (BOCCE) el decreto por el que se establecen las restricciones en la celebración del Día de los Difuntos y la suspensión del Día de La Mochila a consecuencia de la evolución de la pandemia de la Covid-19 en Ceuta. Así, quedaban aprobadas una serie de medidas preventivas higiénico sanitarias que estarían en vigor hasta este lunes 2 de noviembre (inclusive). La primera de ellas es la prohibición de acampadas en montes y playas, para lo que se restringe el acceso a dichos espacios entre el 30 de octubre y el día 2 de noviembre.

El Día de la Mochila no es una fiesta oficial, es una fiesta popular, privada y espontánea. Y como espontánea que es, no tiene normas, requerimientos, lugar para hacerlo, ni ningún modo establecido. La Mochila no es más que una excursión para aprovechar un día de fiesta que aunque ahora nos parece una cosa extraña, hubo épocas en las que el descanso era escaso, es decir, había muy pocos días festivos en los que la gente pudiera tener un día de ocio. En general, todas las religiones y culturas tienen un día para visitar a sus difuntos y tradicionalmente los cementerios siempre han estado a las afueras del poblado. Esto suponía que la sociedad se desplazara a la periferia a pasar el día en los cementerios, de ahí viene la costumbre del Día de los Difuntos y el Día de Todos los Santos: salir de excursión. Es, lo que viene siendo, una celebración que rompe con la brecha generacional e intercultural donde conviven ciudadanos de todas las edades y culturas con un único fin: disfrutar de un día lleno de grandes vivencias, seguir generando recuerdos y hacer ganas para el momento del año siguiente.

En Ceuta, en el siglo XIX la gente iba al cementerio a pasar el día pero se puede decir que este no es el origen de la Mochila, sino que es una fiesta popular que arranca ya en el siglo XX cuando los colegios comienzan a tener actividades fuera del colegio. Entonces, tanto los colegios como algunas asociaciones y, principalmente, los Scouts son los que le dan una visibilidad diferente a ese día de excursión. ¿Esto a qué se debe? A que ellos se organizan, van en grupo, comienzan a tener sus propias canciones y ahí empieza a tener personalidad el Día de la Mochila. Es un día de excursión, de otoño y, por tanto, tiene unas características especiales. ¿Qué se lleva la gente en otoño cuando va de excursión? Se lleva bocadillos, comida, fruta y muchos frutos secos. Estos últimos solían venir mucho a Ceuta en otoño, a todas partes en realidad, pero después de la temporada de la almadraba los barcos venían de Málaga a recoger a estos temporeros y, a la vuelta, los barcos llegaban cargados de fruta, de frutos secos, higos, pasas, y demás productos. Para una ciudad de frontera y rodeada por el mar como es Ceuta, tener monte y poder disfrutar de él en una ocasión así, es un privilegio.

Fiestas como el Día de la Mochila no son exclusivas de Ceuta ya que toman protagonismo en diferentes territorios. Aunque esta fiesta se llama así, lo que los niños llevaban en esa época no era una mochila, sino una talega, es decir, una bolsa de tela hecha a mano en casa para llevar sus pertenencias. Esta celebración tiene muchos antecedentes, por ejemplo, en Portugal, en las Azores, tienen una fiesta similar donde la sociedad va de excursión ese mismo día y la gente le llama el Saquito y ocurre lo mismo en Algeciras con Tosantos.

En 2020, la Mochila ni se prohíbe ni se deja de prohibir, lo que se legisla son las aglomeraciones y el acceso a los montes en ciertos tramos horarios. Es cierto que en determinadas epidemias se ha prohibido el acceso a los cementerios. En 1892 o en 1896, por poner algún caso, se prohibió que la gente se desplazara a los cementerios debido a que algunas epidemias coincidían con estas fechas porque una de las cosas que se consideraba es que los cementerios eran un lugar donde había más probabilidades de contraer las enfermedades de la gente enferma que habían enterrado.

“Se trata de la fiesta menos reglada de toda la ciudad porque nunca ha hecho falta que se convoque, los ceutíes hacen la Mochila”, reivindica el cronista de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, que ha ido recogiendo durante toda su trayectoria como cronista cómo se vive esta celebración en Ceuta. Es una fiesta espontánea. Ni se organiza por decreto, ni por bando, ni se prohíbe. Como es una excursión cada cual se organiza como lo desea. Es cierto que a la Mochila van grupos de amigos, van las familias y, tradicionalmente, han ido los colegios, sobre todo en la época en la que en los colegios se organizaban estas actividades. Las asociaciones juveniles han aprovechado esta fiesta popular para que las excursiones se prolongaran para pernoctar o, incluso, alargarlas todo el fin de semana. No obstante, ya hace muchos años que esta fiesta popular no está ligada al cementerio. Cuando empiezan todas esas asociaciones su actividad a principios del siglo XX, ya se desliga de los camposantos para convertirse en una celebración juvenil como una forma de socialización principalmente de los jóvenes.

El Día de la Mochila se ha visto ligeramente desafiado por la celebración del americano Halloween, entre otras cosas porque para la comunidad educativa es mucho más fácil organizar una fiesta de disfraces que llevarse a los alumnos al monte, que es una responsabilidad y que hoy día requiere un cuidado muy especial. Pasar un día en el campo depende de la edad, de las condiciones sociales y de cómo se mueva cada grupo. Es decir, no se van al campo de la misma forma unos niños de 8 o 10 años, que unos jóvenes de 18 o 20 años a que lo hagan unos señores de 40 años. Evidentemente, los niños no van a hacer una paella ni van a beber, los jóvenes seguramente beberán pero no harán la paella y los mayores harán la paella y después beberán también. Hay costumbres que varían porque los tiempos varían. No es lo mismo irse al Monte Hacho que irse a García Aldave, además, ha habido épocas que se podía hacer camping y ahora no. Pero en lo que todos los ceutíes coinciden es en la emoción que se siente cada vez que esta fecha se acerca y en las vísperas del Día de la Mochila se comienza a preparar la talega de frutas, frutos secos y demás manjares que empiezan a asomar el día de antes por los mostradores de los comercios a la vez que los ceutíes más pequeños se ponen de puntillas para elegir sus preferidos.

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Puedes encontrar a una familia con sus hijos comiéndose la mochila en un parque, en un jardín, en el patio de su casa, en la azotea, en la playa, en el Hacho o en García Aldave. Da igual, es un ritual de irte a comer los frutos secos y la fruta de la temporada. De lo que tratan los ceutíes es de disfrutar: primero es una cuestión familiar donde los mayores inculcan esta tradición a los más pequeños, luego se consolida con los amigos en una manifestación juvenil y, por último, el momento de transmitir estas vivencias a las nuevas generaciones.

El presidente de la Asociación Cultural 'Asde Scouts Omaha de Ceuta', Jesús Martín, reconoce que la celebración del Día de la Mochila tiene mucho que ver con la personalidad de los scouts. Esta organización tiene una antigüedad en Ceuta de más de 100 años, ya que comenzaron con sus actividades en el año 1915. Desde los scouts siempre han trabajado para que los ceutíes más pequeños, con actividades a través del juego, comprendieran el porqué del Día de la Mochila, de dónde viene su origen, etc. “Mi mochila no se la come ni el gallo, ni la gallina, solo mi barriga”, es la canción que sonaba en estos días y que daba un toque de personalidad a esta fiesta de carácter popular.

Hoy día, hay muchos nostálgicos que luchan por que el espíritu de esta fiesta ceutí continúe con su esencia. Es el caso de Ana Sánchez, que desde su copistería en Real 102 todos los años hace un cartel para promover que esta tradición no caiga en el olvido y siga transmitiéndose de padres caballas a hijos caballas. Por supuesto, que la “coplilla” siga sonando. Debido a que esta fiesta se pisa en fecha con Halloween, desde la Copistería Ana Sánchez invita a chucherías y frutos secos a todos los niños que lleguen disfrazados a su comercio. Pero no se queda ahí, va más allá, ya que a aquel que le cante la canción del Día de la Mochila, le regala un cuento para fomentar la lectura y, por supuesto, la idiosincrasia ceutí. Desde El Pueblo de Ceuta invitamos a los ceutíes a que durante el día de hoy resuenen en su cabeza “Mi mochila no se la come ni el gallo, ni la gallina, solo mi barriga”.

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