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Javier Chellarám
Se han cumplido treinta y seis años de una conversación que tuve con mi hermano Carlos en Estepona, estábamos cenando en familia y no se si el calor o el cansancio que mi hermano tenia un puntillo esos que son abducidos bien por la euforia o bien por el estar “a gustito”...pero no de beber si no por el momento de felicidad.
En medio de la conversación se le trastabilló la frase y apareció una palabra esgrimida así como “ tú porqué critiquitas tanto a los que no te pueden ni ver “ y no pude terminar de contestarle porque me entró esa risa de parlamento andaluz y no pude explicarme mejor.
Pasaron los años, las épocas y los tiempos y como ha llegado la época del Diwali, la celebración de la festividad de las luces me acordé de mi ausencia en los actos y celebraciones de la Comunidad Hindú donde creo son diez años desde una boda que me invitaron y trece desde que se inauguró el Templo y no sé el color que tiene por dentro.
Nunca odié a nadie que me odiara o me mirase por encima del hombro o no me saludase porque tuvieran que saludar a otro que tuviera mas rancio abolengo que yo, porque la sangre que me corre por las venas es de la India y eso jamás me lo podrán quitar y amigo es desde siempre y para toda la vida no porque alguno sea hijo de o el yerno de…
Cabrearme o reírme si por cuantos han llegado a fiestas y celebraciones atraídos por cuatro cubatas y un trozo de tarta y se han querido subirse a eso del caballo ganador, cuando más tarde o más temprano te saldrá el peso pesado que te diga , tu no puedes ocupar mi posición.
Shanker tu hijo que hace y mi padre el pobre se entusiasmaba porque ya pensaba que me iban a contratar que iba a formar parte de una empresa y que iba a estar trabajando y se me iba a quitar el tonteo de las niñas, el fútbol o ir a bailar al Britannia.
Al tiempo eso era un sufrimiento por cuanto eso era un cotilleo, era el preguntar que hacía yo y como era eso de alistarme en la Marina.
Lo bueno de estas vivencias fue lo que iba aprendiendo y claro al cabo de los años me daba cuenta cuando me caí al suelo y que del suelo no pasé, como me fui levantando para comprobar las cabronadas vividas de esta forma, valoro mejor con quien me apetece tomarme una cerveza o un café.
De los que nunca salieron del cascarón porque nacieron en cunas de oro esos jamás se les vio hechuras salvo ir matizados para tomarse copas o ir al Casino cuando no sabían lo que era saltar a la arena del ruedo.
Que me vais a contar que en este mundo aprendí eso de la confianza eso de la honestidad, quizá por lo vivido, quizá por los galones y méritos que llevo en mi expresión así como en la mirada, los avatares y triunfos, las alegrías y fracasos y cuantos dolores me causaron mirándome ellos mismos como por ser diferente.
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