COLABORACIÓN
¿Quién no quiere ser leyenda?
Miguel Ángel Pérez del Castillo*
La hostelería no ha dejado de estar en el ojo de mira desde el inicio de la pandemia de la Covid-19. Las medidas no han sido fáciles ni flexibles para un sector que, en la ciudad, genera miles de puestos de trabajo. No obstante, los hosteleros se han adaptado y han luchado por seguir adelante y superar los embistes de esta crisis sanitaria que ha afectado gravemente a la economía y que, por desgracia, no se sabe aún cuando acabará.
En medio de toda esta vorágine, somos muchos los caballas que, con responsabilidad, seguimos acudiendo a las mesas de aquellos bares que forman parte de nuestra vida y que, sin nuestra contribución, no tienen futuro. Lo hacemos cumpliendo rigurosamente con las normas marcadas por las autoridades sanitarias para evitar los contagios. Sin embargo, es fácil observar cómo, mientras a hosteleros y clientes se le exige un cumplimiento estricto de las medidas de distancia social, en la calle son muchos los que nos las cumplen.
Algunos de ellos, incluso, jóvenes a los que nadie osa molestar. La muestra está cada mañana a las puertas del Mercado Central. Allí es donde nos dirigimos a diario para desayunar, antes de comenzar la jornada, y mientras que a quienes regentan bares en el interior se les apremia a cumplir con el aforo máximo, los espacios dónde se puede situar mesas o los horarios en los que pueden tener actividad, algunos grupos de jóvenes, que pocas veces llevan bien la mascarilla, incluso llegan a obstaculizar la entrada. Nadie les dice nada. Son impunes a las miradas y los reproches de, quienes como el que suscribe, siente indignación al ver que estos jóvenes campen a sus anchas sin respetar medidas obligatorias para el resto. Dentro del mercado, si te arrimas a una barra, pronto te llaman la atención. Y no le falta razón a quien está obligado a velar por la seguridad en las instalaciones. Pero en los accesos la realidad no puede ser distinta.
Tampoco fuera, en el centro, en las barriadas, o en cualquier rincón de Ceuta. Todos tenemos el deber y la responsabilidad de cumplir las medidas de seguridad sanitaria. Por proteger la salud de todos, pero ante todo para evitar que más olas acaben ahogando a esta economía nuestra que se encuentra tan maltrecha. La hostelería, el comercio y otras actividades tan importantes para el futuro de la ciudad, no son el problema. El problema son aquellos que no respetan las normas. Por ello, el control es fundamental y todos nos debemos implicar.
* Miembro del pleno de la Cámara de
Comercio y junta directiva CECE.
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