Automedicarse contra la depresión “puede derivar en adicción”
SALUD MENTAL
Casi 300 millones de personas padecen en todo el mundo depresión, que ya es la principal causa de discapacidad
Se ha convertido ya en la principal causa de discapacidad en todo el mundo. Las estimaciones hablan de 300 millones de personas como pacientes de un trastorno cuyas cifras podrían ser, aún, mayores. “Hay países en los que no se puede acceder no ya a un diagnóstico”, cuenta Miguel Sánchez, técnico de ACEFEP.
Nos referimos a la depresión. Lo primero que se nos dice, por parte del técnico es que “uno de los síntomas principales de la depresión es sentirse triste, pero muchas veces confundimos estar triste o tener un mal díacon una depresión, y no tiene nada que ver. Una depresión es un trastorno, podemos decir que es una enfermedad, que afecta a nivel hormonal, entonces nos hace que sintamos tristeza profunda, apatía, no tener ganas de nada, todo esto se cronifica en el tiempo. Una depresión es algo más grave, es algo que se alarga en el tiempo, y del cual necesitamos ayuda de especialistas para poder salir de ahí. No de manera sola, si yo tengo un mal día, pues mañana tengo mejor, un día mejor, y ya me encuentro mejor, eso no quiere decir tener una depresión”.
Pero, aunque el acceso a servicios médicos no sea un bien extendido -al menos en las mismas condiciones- en todo el mundo, en las sociedades más avanzadas hay otra lucha: la del estigma.
Es verdad que en los últimos años la salud mental se ha puesto encima de la mesa. Hablamos de salud mental, hablamos de que voy al psicólogo, hablamos de que tengo ansiedad y lo verbalizo en mi entorno, pero, aunque hemos avanzado mucho, sigue existiendo un gran estigma, un gran ocultamiento en ciertos colectivos de decir, bueno, pues si yo me parto un pie, voy al traumatólogo y no tengo ningún problema, pero si yo tengo un trastorno mental, no digo con tanta naturalidad, voy al psiquiatra. ¿Por qué? Porque, bueno, porque sigue estando estigmatizada todavía la salud mental”.
Y, sobre todo, que no se automedique nadie o tire con ‘alegría’ de antidepresivos o ansiolíticos. Las consecuencias pueden ser tremendas: “No sólo la Salud Mental: también hemos naturalizado ciertos comportamientos, como es el uso de ansiolíticos, de somníferos, de antidepresivos, que son importantes, y están ahí para cuando hacen falta, pero siempre tienen que estar pautados por un médico y intentar que ese consumo de esos medicamentos no se cronifiquen en el tiempo porque nos crean una adicción y al final estamos ahí en un círculo. El problema es, entre amigos, entre vecinos, entre familia, oye, que yo me encuentro muy nervioso, tómate estas pastillas que te van a quitar los nervios. Pues a lo mejor no sería un uso correcto, tiene que estar pautado siempre por un especialista. Estas conductas pueden acabar en adicción”, advierte Sánchez.
La depresión post-parto: mayoritaria, pero no exclusivamente, cosa de mujeres
Para este año, las Confederaciones de Salud Mental en España han puesto el acento, sobre todo, en llamar la atención sobre la aparición de la denominada ‘depresión post-parto’. Pero no solo en esos momentos sino, incluso, en otras fases o incluso protagonistas del embarazo distintos a aquellos a los que nos lleva el imaginario colectivo.
Según Miguel Sánchez, “la padece un 7% de las mujeres, lo que es un dato bastante ampli. Se nos ha enseñado que, cuando una mujer da a luz tiene que ser plenamente feliz. Ha dado una vida, es su hijo, su hija, es lo que más quiere en el mundo y muchas veces, pues bueno, también todo lo que supone el embarazo, el parto y el puerperio es una etapa que las hormonas, pues bueno, es una etapa hormonal un poco complicada y muchas veces pues aparecen síntomas depresivos, síntomas ansiosos, síntomas de incertidumbre, de no sé qué voy a hacer”.
Además “le puede ocurrir a los hombres. Existe el mito, de que la depresión postparto, la que está embarazada es la mujer, pero no, los hombres también se pueden enfrentar a una realidad para la que nos están preparados, en la que les viene grande, y eso puede desencadenar en una depresión".
Por ello “nos encontramos ante depresiones en las que muchas veces siguen existiendo esas etiquetas, las personas que las padecen no las quieren manifestar mucho, el entorno tampoco ayuda, con frases como “¿por qué vas a estar triste? Si tú ahora mismo tienes que estar feliz, tienes que estar cuidando de la persona”. Entonces es un poco complicado. A esta depresión también se le llama depresión perinatal, porque muchas veces aparece antes del parto”, señala.
Además, “durante todo el embarazo hay ciertas mujeres porque presentan estos síntomas depresivos. En ese estado de aparentar ser felices luego a todos hombres o mujeres, y en este caso más a las mujeres que acaban de dar a luztermina por llenarnos la mochila de piedras. Esta es una sociedad que está así montada. O sea, no, se nos ha enseñado a aparentar ser felices. no se nos ha enseñado a ser felices. Por eso también existe mucho infradiagnóstico de la depresión postparto, porque no nos atrevemos a decir que nos sentimos mal cuando socialmente se nos ha dicho que tenemos que estar bien. Entonces, yo al sentirme mal, no tengo ganas de cuidar a mi bebé, o no sentirme la persona más feliz del mundo porque he traído una vida al mundo. Esoes complicado también eso de gestionarlo”.
Por eso “es necesaria mucho la prevención antes del embarazo. O sea, durante el embarazo y cuando la persona ha dado a luz. ¿Por qué? Porque entonces nos enfrentamos a que hemos llegado hasta aquí y ahora no tenemos ninguna herramienta. Hay personas que se sienten mal, tristes, irascibles, de mal humor; sienten que a lo mejor no tienen ese instinto que, supuestamente, debe ser innato. Luego oyen frases como “no es depresión postparto, es que tú tienes un carácter débil, porque antes teníamos más hijos. Habría que ver como se sentían, también, las mujeres de antes”.
¿Depresivos al poder? La historia está llena de antecedentes conocidos
¿Votaría usted a un político para presidir el Gobierno de España sabiendo que padece depresión?. Por el mismo precio, otra pregunta ¿votaría usted, si pudiera, a gente como Abraham Lincoln, Winston Chuchill, Francois Miterrand u Olof Palme?. Si la respuesta a la primera pregunta es que no, por coherencia la de la segunda debería ser, también, negativa.
Los ejemplos que hemos mencionado son algunos de los casos de políticos que padecieron depresión. Otros, desde luego menos ejemplarizantes -Adolf Hitler o Josef Stalin, sin ir más lejos- no quedaron lejos del alcance de lo que Sir Winston Churchill llamaba “el perro negro”. El premier británico no se privó a lo largo de su trayectoria de hablar de la salud. A veces en términos poco sensibles (“El gin-tonic ha salvado más vidas y mentes que todos los médicos del Imperio británico”, por ejemplo), pero en otras mostraba cierta capacidad para sacar fuerzas de flaqueza, siendo consciente de la enfermedad que padecía: “Temer es una reacción. El coraje es una decisión.”.
No pocos estudios recomiendan, incluso, tener depresivos al frente de los Gobiernos en tiempos de gran zozobra, ya que se considera que estas personas pueden ser más sensibles a las consecuencias de sus decisiones que optimistas antonomásicos. Otra de Churchill: “La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor.”
En ocasiones, cuando se habla de políticos en el poder o de grandes ejecutivos, hay que hacerlo no de depresivos sino de personas que padezcan el denominado ‘Trastorno de Hydra’, lindante ya con el narcisismo y la sensación de que todo va bien por el mero hecho de la presencia en tal puesto de la persona que lo padece. Giulio Andreottti, siete veces primer ministro italiano: “El poder desgasta. Sobre todo, a quien no lo tiene”...
Exigencias de CSIF
El sindicato CSIF señalaba en un comunicado que el coste de las bajas por depresión equivalen al 2% del PIB, por lo que insta a las administraciones a dotar de más presupuesto a los Servicios Públicos de Salud, reconocimiento de trastornos mentales relacionados con el trabajo como accidente laboral o actualizar el cuadro de enfermedades profesionales, incluyendo al síndrome del ‘trabajador quemado’.