Buscar empleo
Hace algunos años, cuando se decidió que el césped artificial era el futuro, vino un portugués a homologar el de Alfonso Murube. El luso llegó en helicóptero, y a media tarde se encajó en el coliseo blanco. Clavó un pincho con un metro en el centro del campo, botó un balón, comprobó que llegaba a cierta altura e hizo un gesto de aprobación. Luego imprimió un diploma acreditativo de que en el césped se puede jugar cualquier partido FIFA, se largó a su hotel y supongo que esa noche homologaría la pastela de El Oasis o alguna delicia del añorado Rafael Carrasco. Entonces, me imaginé lo que debía contar aquel fulano todos los meses, más dietas de estancia y desplazamiento. Si: me entró una especie de mezcla entre el complejo de imbécil y la admiración hacia ese potentado.
En un programa de radio en el que todos los oyentes eran protagonistas, había alguien expresamente contratado para que los cd’s estuviesen en perfecto estado siempre. Imaginen el cuadro: chico conoce chica. Ella “Trabajo en la tienda de mis padres de lunes a viernes, en el Mc Donald’s los fines de semana y preparo oposiciones”. El: “Le paso un trapito húmedo al último recopilatorio de Luis Cobos”...
Mi favorito siempre ha sido, no obstante, el del ser privilegiado que en la sede de la ONU fija las fechas de los días mundiales. Algunos, como el 30 de enero (aniversario asesinato de Gandhi) tienen lógica. Pero ¿Y el día mundial de la croqueta? ¿Se puede ser más grande qué un fulano que se acuerde de que las croquetas de puchero de la abuela estaban para tirarse de la moto y decida que el día de su cumpleaños es el Día Mundial de la cosa croquetil? Y cobrará por ello....
Así que me he decidido a buscar un empleo así. Estoy harto del periodismo. Voy a buscar como probador de pitas de caña, colorista de películas en blanco y negro o recitador de versos para dormir gatos de peluche, que seguro cobrarán un pastón. Dicen que es fácil: por lo visto, a algunos les funciona poniendo ‘buscar empleo’ en Google...