COLABORACIÓN
Tras las andaluzas, el silencio no es una opción
La democracia no es solo un sistema de gobierno; es un pacto social basado en principios, normas y valores que garantizan la convivencia pacífica y la justicia en la diversidad. En este marco, las formas y el respeto a los procedimientos no son aspectos secundarios ni meros formalismos: son el corazón que mantiene viva y legítima las estructuras democráticas, en todos los órdenes.
Las formas representan la manera de ser y en la que se ejerce el poder dentro de los límites que fija la ley y la ética. En democracia, no basta con alcanzar objetivos; es indispensable que estos se logren respetando las reglas del juego, la transparencia, y la participación igualitaria. El respeto por las formas asegura que las decisiones no sean producto de la arbitrariedad o intereses espurios, sino de un proceso deliberativo que respeta la dignidad de todas las personas y la pluralidad de opiniones.
Por otro lado, los procedimientos son el vehículo a través del cual se organiza y garantiza la participación ciudadana. Desde los procesos electorales hasta las consultas públicas o las votaciones parlamentarias, los procedimientos democráticos son el escudo contra la concentración de poder y el despotismo. Ignorarlos o subvertirlos implica debilitar los cimientos mismos de la democracia, abriendo la puerta a la desconfianza, el abuso y la imposición.
En una democracia sólida, las formas no son obstáculos, sino garantías. Cuando se respetan, protegen los derechos de las minorías, previenen el autoritarismo y garantizan la rendición de cuentas. Por ello, los liderazgos democráticos no solo deben buscar el resultado final, sino asegurarse de que cada paso del proceso sea legítimo, transparente y participativo.
Dicho todo esto, cuando he conocido hoy a través de los medios de comunicación, al portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, decir que anuncia formalmente su candidatura a la secretaría general, entiendo que habrá querido decir, porque no puede ser de otra forma, que anuncia formalmente, únicamente, su decisión personal de ponerse a buscar los apoyos, entre los compañeros y las compañeras, para poder ser candidato a la secretaría general, cuando se abra el proceso.
Podría ser un error de cálculo o de expresión, pero lo cierto, es que las formas tampoco están siendo respetadas cuando lo ha dicho, siendo miembro de la Gestora, órgano nacido para ser garante de la equidad y la trasparencia. El respeto a las formas le habría obligado a coger distancia con el órgano que ha de ser juez, y después manifestar, su derecho legítimo, de ponerse a buscar avales.
Todo en el PSOE de Ceuta, desde hace un tiempo, indica movimientos apresurados, carentes del respeto a los procedimientos y las formas. Y necesitamos hombres y mujeres socialistas que nos devuelvan a una forma de ser y proceder socialista, basada en el diálogo constante, el respeto y la construcción colectiva. En el cuidado de esta base irrenunciable, reside el futuro de nuestras libertades y derechos, también como militantes.
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