El teatro Revellín, ni para discapacitados físicos ni para quienes llevan audífonos
ACCESIBILIDAD
Ricardo Teresa, con movilidad reducida, y Myriam Zarzuelo, con discapacidad auditiva, han optado por no disfrutar de la cultura debido a las barreras que les impiden vivir una buena experiencia
Ricardo Teresa cree que, si todos vieran el mundo desde su perspectiva, las personas con movilidad reducida dejarían de sortear barreras a diario. Tras ajustarse su clásica gorra inglesa a la sien, abandona su domicilio, en la barriada de Benítez, para marchar con parsimonia hacia el centro de la ciudad. El camino, exento de carriles especiales para su vehículo, lo transita con cuidado en su scooter eléctrica, que permite disfrutar de una independencia truncada al llegar a destino.
Las barreras arquitectónicas están por doquier. Iglesias, comercios de ropa o alimentación, sedes de compañías telefónicas y espacios culturales. A la primera le ponen remedio algunos de sus iguales rezando “desde la puerta”; a la segunda, recurriendo al comodín de su esposa, Myriam; a la tercera, mudándose de Movistar a otra cuyo local ceutí cuente con rampa de accesibilidad; la que de veras le molesta es la cuarta cerca, que le impide disfrutar de las artes y no es capaz de hallar solución.
El Teatro Auditorio Revellín no está bien adaptado para las personas con discapacidad física, según cree Ricardo. Tampoco para aquellas con déficit auditivo, añadió su esposa, Myriam Zarzuelo, sentada con un café solo en mano, frente a la Biblioteca Pública ‘Adolfo Suárez’, donde tanto ella como su marido sí tienen acceso a la cultura. Lleva audífonos en ambos oídos desde hace años, y, pese a que el teatro está dotado de un sistema llamado “bucle magnético”, que debería permitirle escuchar con nitidez y claridad a quienes actúan sobre el escenario, no es así, ya que “están desfasados” y “no funcionan bien”.
“Me dijeron que no podían dejarme en primera fila porque, en caso de incendio, no tengo forma de salir, porque no puedo usar el ascensor”
“Cuando celebraron la semana de la discapacidad de Ceuta, la delegada del Gobierno dijo que, durante el tiempo que había tenido que usar silla de ruedas, comprobó que la ciudad está bien adaptada. Me entraron ganas de levantar la mano”, comentó a este diario el miércoles, un día antes de que los problemas de adaptabilidad del Revellín y del resto de la urbe caballa llegaran al salón de plenos de la Asamblea, donde, este jueves, la diputada de Ceuta Ya!, Julia Ferreras, logró sacar adelante una propuesta que le parecía al matrimonio hecha a su “medida”.
Ricardo, que convive con la polio y los aparatos ortopédicos desde los dos años, depende del scooter desde que la atrofia muscular que sufre en su pierna derecha le impide moverse por sí solo. En la etapa de Javier Celaya como consejero de Cultura (entre 2017 y 2019), le solicitó permiso para poder tomar asiento en las butacas de las primeras filas del Revellín junto a su esposa. La entrada en la Consejería de Carlos Rontomé (2019-2023) rompió el pacto de un plumazo, aduciendo problemas de seguridad en caso de incendio.
Desde entonces, las pocas ocasiones en las que ha acudido al teatro ha sido trasladado a la zona alta del patio de butacas, justo donde se ubican los técnicos de sonido y video de los medios de comunicación. “Desde allí vemos a los artistas como si fueran enanos, desenfocados, y no los escucho”, expresó Teresa, quien ha seguido intentando quedarse en la primera fila, de la cual lo expulsan siempre, por lo que ha optado por no acudir más a las instalaciones culturales.
“Me dijeron que no podían dejarme en primera fila porque, en caso de incendio, no tengo forma de salir, porque no puedo usar el ascensor”, relató Ricardo Teresa, quien no se quedó conforme, y exigió que le presentaran “la ley o el decreto” donde se especificaba tal normativa. Recibió a cambio un taco de 61 páginas de manos del gerente del teatro, con el título de “Plan de autoprotección”, del Servicio de Prevención Propio de Riesgos Laborales.
Según Teresa, tras releer varias veces el documento, no hay ninguna alusión a tal prohibición. Tampoco hizo alusión a ello la consejera de Cultura, Pilar Orozco, en el pasado pleno, tras comprometerse a iniciar “de inmediato” los trabajos de adecuación del Auditorio a las personas con movilidad reducida y otros tipos de discapacidad. Para los primeros aseguró Orozco que adaptarán el patio de butacas con el fin de aumentar sus plazas reservadas (actualmente son cuatro). Estas butacas estarán “integradas” en el patio, para que puedan sentarse junto a sus acompañantes.
Ni rastro de los supuestos problemas de seguridad mencionados por el anterior consejero de Cultura y el gerente del Revellín. También adelantó la consejera que instalarán sistemas de inducción magnética modernizados y pantallas de subtitulado y autodescripción, para aquellos con discapacidad visual o auditiva. Actualizarán el material del bucle magnético, para hacer que funcione, como demanda Myriam Zarzuelo, quien, con una discapacidad del 40%, sostiene que no escucha “nada” en el teatro. Queja que hizo constar en la Asociación Ceutí de Familias de Personas Sordas (ACEPAS), que lleva años reclamando la adaptación de todos los espacios de esparcimiento social en Ceuta. Sin éxito.
Ricardo y Myriam celebran como una victoria que la problemática que sufren desde la apertura del teatro, en 2011, haya llegado al seno de la Asamblea, pero aseguran estar dispuestos a llegar hasta el final. Ricardo se plantea desembolsarse el dinero que sea necesario para contratar un abogado que le ayude a llevarlo por la vía judicial. También baraja escribir al Defensor del Pueblo. “Nos alegró saber que alguien se preocupaba por nosotros, parecía que -Julia Ferreras- había hablado con nosotros”, expresaron un día antes de saber que la propuesta acabaría siendo aprobada. Ahora solo esperan, al igual que la diputada, que dé sus frutos y no se quede “en el cajón”.
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