Días de escuela
Parto de la base de que los tiempos evolucionan, y con ellos la sociedad. La letra ha dejado de entrar con sangre, si es que alguna vez lo hizo. Hoy la sociedad tiene unos ritmos y preocupaciones distintos a los de hace cuarenta años, y serán diferentes los de dentro de veinte a los actuales.
Pero huyendo del lugar común, quiero reflexionar sobre la tarea siempre compleja de educar. O de impartir conocimientos: lo de levantarse del autobús cuando entra una persona mayor, dar las buenas tardes cuando se llega a un sitio, recoger y cuidar las cosas que con tanto esfuerzo ponemos a disposición de nuestros hijos o no llevarse nada que no sea nuestro no corresponde a los docentes. Es misión nuestra, de los padres.
Estamos, con tanta celebración, obviando que lo difícil es educar. El Día del Padre, de la Madre, de la Paz, del Amor, el Carnaval, la Semana Santa, Halloween, Final del Ramadán… No doy más de cinco años a que celebremos, también, el día de Acción de Gracias y tengamos que sustituir el desayuno saludable por un pavo con ciruelas.
No quiero criticar con esto a los maestros, que bastante tienen, sino hacernos reflexionar como padres. No nos gusta que estudien, que tengan deberes; odiamos que les regañen en clase (aguantar a veintitantos locos bajitos cada mañana tiene lo suyo) y, sobre todo, que quede algún profesor que sea reacio a anteponer 200.000 celebraciones a la enseñanza e instrucción de los alumnos.
No es problema de la docencia. Es problema de que todos queremos más likes en Instagram y Facebook, que queremos compartir 13.903 álbumes de fotos en los que nuestra criatura aparezca radiante como un sol y con gracia y salero para repartir. “Es el recuerdo que tendrán el día de mañana”. Estoy en condiciones de garantizar que a mi hija, en 2045 o 2050, le preocuparán otras cosas al margen de que en la fiesta de carnaval de este o el próximo año el disfraz no estaba currado.
Luego, los temarios se acaban. Luego, los niños pasan de curso con asignaturas suspensas porque lo importante no es el conocimiento, sino la empatía. Luego, muchos de estos niños estudian, por ejemplo, una ingeniería. Luego, se nos caen los puentes a los tres meses de inaugurarlos…
¿Exagero? Para nada: España ha retrocedido posiciones en todos los ránkings educativos en los últimos años. El contrasentido es tal que si cogemos a cuatro niños nacidos en Valladolid, Ciudad Real, Vitoria y Melilla el 1 de enero de 2015 sabrán, o no, hacer ecuaciones en función de donde vivan, no de sus capacidades. Pero sigamos haciendo un escuela de colorines, de empatía. Que no sepan hacer una regla de tres, no sepan que es el Tormes o que Cristóbal Colón, Severo Ochoa o, sin ir más lejos, Miguel Ángel Blanco les suenen a chino el día de mañana es indiferente. Lo importante es Instagram, los recuerdos y “mira que mono” va vestido. Empatía, ante todo. Y mientras, nuestros políticos (PSOE y PP, PP y PSOE) no son capaces de ponerse de acuerdo para hacer una ley educativa que abarque desde que un grupo de chavales entra en el colegio con tres años hasta que se integre en el mercado laboral. Con esto, como con todo.
Yo también fui niño, aunque hace ya demasiado tiempo. Yo también fui al colegio, y también prefería alguna fiesta antes que estudiar las capitales del mundo. Pero tuve profesores a los que hoy agradezco que se cruzaran en mi camino. Voy a mencionar a dos, de cuya amistad gozo a día de hoy. El primero, en el instituto, me insistía en que no dejase de escribir. El segundo, sin que yo lo supiera, mandó un artículo mío en un concurso de redacción al que me presentaba porque regalaban (se viene dato viejuno) vales de 5.000 pesetas para comprar música en Comercial La Africana a uno de los periódicos locales. Me moría de la vergüenza ¿acaso pensará la gente que soy un bicho raro?. Cuando fui a verlo y pedirle explicaciones, me respondió empáticamente “Vamos a ver, pedazo de gilipollas. ¿Tu te crees que vas a ganarte la vida trabajando como contable, desgraciao? Tira pallá, animal”. Puro Montesori. Pero, efectivamente, no me gano la vida como contable…
No se si he conseguido algo en la vida, pero aparte del esfuerzo (palabra maldita, al parecer) de mis padres y el propio no lo habría logrado de no cruzarme con gente como Manolo Cantera Arroyo o Julio López Nieto. Gracias. Gracias por todo lo malo y lo bueno a mis días de escuela, tiza y borrador. Sin álbum en Instagram….