El ceutí que salvó la vida de dos montañeros en Sierra Nevada: “Íbamos al infierno”

TRIBUNALES

Francisco Javier Arias, miembro del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil, asistió el 21 de marzo a una pareja polaca que estuvo “a pique” de perder la vida en una ventisca causada por la borrasca Martinho en Granada

Rescate de la mujer montañera. / FOTO CEDIDA
Rescate de la mujer montañera. / FOTO CEDIDA

“Si hubiéramos tardado más nos lo hubiéramos encontrado seguramente desmayados o fallecidos seguro”, describe el miembro del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil (GREIM) Francisco Javier Arias el salvamento de una pareja polaca el pasado viernes 21 de marzo en Sierra Nevada (Granada) durante una ventisca ‘infernal’ provocada por la borrasca Martinho.

Este ceutí de 45 años perteneciente a la conocida familia apodada “Los Pamplona” asegura en una entrevista con este diario que “ha gastado un cartucho” de vida y bromea con que se está quedando “ya sin algunos” por la peligrosidad de su trabajo, pero también afirma que continuará ayudando a la gente “hasta que el cuerpo pueda”. En este episodio ha sufrido un principio de congelación en ambas manos, si bien asegura que ahora se encuentra bien y pide “cuidado” al salir a la montaña y ser “respetuosos con ella”.

PREGUNTA. - ¿Cuánto tiempo lleva usted en la unidad donde trabaja? ¿Suelen trabajar en la zona de Sierra Nevada?

RESPUESTA. - Nosotros tenemos una demarcación que llevamos Córdoba, Jaén, Almería y Granada, y también hacemos de apoyo al GREIM de Málaga y al de Ubrique (Cádiz), que se va a crear en este mes.

En la unidad de Granada llevo seis meses. Vine destinado de Pamplona, Navarra, aunque he estado también destinado en Benasque, en Teruel (Aragón). Siempre, todo ha sido salvamento, todo.

P. - Lo primero, ¿cómo está esa mano o esas manos? No sé si es la izquierda o la derecha.

R. - Son las dos, las dos. No pasa nada, son gajes del oficio. Bueno, ahí vamos, tuve un principio de congelación y ahora lo que me duele son las articulaciones a la presión. Al doblar el dedo tengo molestias y dolorcitos. Pero bueno, con el tiempo se van quitando y con un poquito de ibuprofeno y demás ya la cosa va mejorando. No obstante, estamos activos todavía. Sigo trabajando y no hay problema.

P. - Si sigue trabajando entiendo que ya va a seguir, que no se va a coger la baja por esto.

R. - No, no, yo no valgo para eso. Yo he nacido para trabajar. Más que para trabajar, para ayudar a la gente, a mí me gusta.

P. - Concréteme, ¿qué dedos son los afectados?

R. - Son los dedos meñiques y anulares de ambas manos. Son cuatro dedos afectados, lo que pasa es que los más críticos o más jodidos son los pequeñitos. Pero bueno, que van bien, ya van bien. Que la gente esté tranquila, que van bien.

P.- Entrando en el suceso, ¿dónde estaban ustedes cuando recibieron la llamada o el aviso?

R. - Pues nosotros funcionamos en llamadas de localización, entonces cada uno está haciendo el día a día. Yo en este caso estaba almorzando con unos amigos y sobre las 17:45 ó 17:50 recibí una llamada del compañero del 112. Nos alertaba de que, al parecer, dos personas se encontraban atrapadas en el temporal, en las cercanías del Veleta. Y seguidamente, pues bueno, nos activamos.

P. - Mucho tiempo antes de llegar a dar con ellos, ¿no? Porque creo que el rescate finalizó casi de madrugada.

R. - La verdad es que, claro, en principio se pensaba que la máquina que alisa la nieve podía llegar hasta ellos y los podía recoger. Entonces, en principio fueron ellos, porque CETURSA es la empresa que trabaja aquí en Granada y a la que le agradecemos eternamente que nos haya subido el conductor, Rafa.

Subió en un principio, estuvo un rato ahí esperando y, bueno, el 112 contactaba con estos dos extraviados, no sabían español, hablaban algo de inglés, poquito, y decían que sí veían, luego que no veían... Total, que bueno, al final se activó, fuimos hacia arriba y quedamos con el maquinista este que estaba arriba, y bajó a por nosotros ahí a Pradollano.

P. - ¿Eran dos, me equivoco?

R. - Éramos dos. Nosotros dos, compañero Ricardo y yo. En ese momento, cuando llegó este hombre con la máquina, nosotros ya habíamos ido desde Granada hasta Pradollano y estábamos esperando.

Entonces, cuando llegó Rafa, se bajó de la máquina y lo primero que nos dijo es que íbamos al infierno. O sea, al infierno por el temporal tan enorme que había arriba. Mucho viento. Eran vientos de rachas de 90 y una sensación térmica de menos 35 bajo cero aproximadamente.

P. - ¿Y nevaba también?

R. - Nevaba. Claro, cuando hay ventisca lo que hace es mover granitos de hielo que parecen cristales y nieve y no se veía prácticamente nada. Cuando subimos con la máquina, la máquina llegó un momento que perdía tracción. No podía avanzar más porque al haber nivel 5 de avalancha en la zona, la máquina está expuesta a que corte alguna pala de nieve y nos arrastre y nos tire hacia abajo.

Entonces, el hombre nos dejó donde pudo y a partir de ahí, pues bueno, nos equipamos, bajamos como pudimos porque conseguimos abrir la puerta de la máquina con el viento que hacía y empezamos a caminar hacia unas reseñas que previamente nos había dado este señor, pero que no eran las que supuestamente eran.

P. - ¿Entonces cómo los encontraron?

R. - Pues en principio avanzamos casi un kilómetro más o menos y claro, cuando fuimos a echar mano del GPS nos dimos cuenta de que el frío nos había quitado las baterías de los móviles y se las había comido. De los móviles, del GPS del grupo... nos las había comido.

Entonces ya por intuición un poco por la zona, vimos a lo lejos como un puntito, una lucecita chiquitina, entre lo que es la ventisca que a veces para para coger fuerza y vuelve otra vez... En una de esas pudimos ver y entonces a partir de ahí ya tuvimos que aplicar técnicas de mixtas, que es avanzar con crampones y piolés en paredes de 70 y 80 por ciento de verticalidad, con lo que eso conlleva.

Hasta ellos tardamos prácticamente unas dos horas más o menos, hora y pico en llegar a ellos y bueno, cuando llegamos a ellos estaban en posición fetal en un nicho metidos los dos. Ella estaba engarrotada, tenía una temperatura tremenda, o sea una temperatura a nivel corporal que... Luego nos confirmaron en el centro de salud que era de 33-34 grados, los dos. A pique de haberse... Si hubiéramos tardado algo menos de una hora nos lo hubiéramos encontrado seguramente desmayados o fallecidos seguro.

P. - ¿Estaban, por lo menos, despiertos?

R. - Bueno, más o menos. La chica estaba somnolienta y el que estaba más activo era el varón, un poquito más. Tenía congelaciones en la mano izquierda de haber excavado en la cornisa, porque ellos estaban encima de una cornisa de nieve y no lo sabían. Estaban encima como de un ala de nieve, una cornisa, que eso se viene abajo por el peso. Y tuvimos que vestirlos, ponerles bolsas térmicas en la zona caliente, abrigarlos, cambiarlos de ropa...

La chica no presentaba guantes, entonces yo me quité los guantes míos, le dejé los míos que estaban calientes y me puse yo otros más finos, que con la ruta de vuelta se me mojaron bastante porque la chica se me venía abajo y como teníamos que rappelar al cuerpo con ellos, al final se me mojaron los guantes y perdí sensibilidad. Pero bueno, eso es algo que lo asumes. Asumes el no volver, para que me entienda. Cuando uno sale, asume el no volver. Esos son gajes del oficio.

Rescate de la mujer montañera. / FOTO CEDIDA
Rescate de la mujer montañera. / FOTO CEDIDA

Tuvimos que avanzar con ellos, hicimos diagonales en palas pronunciadas, rappelamos al cuerpo con los afectados, volvimos a hacer diagonales, empezamos a intentar buscar la vía más factible porque por la que nosotros habíamos venido era imposible. Ellos no podían tirar por ahí porque nos hubiéramos matado los cuatro.

Entonces, después de tirar con la chica y el chico ‘y venga y vamos y venga y vamos’, al final subimos una pala grande por intuición y ya vimos el resplandor de la máquina, lo que es el brillo que genera la luz sobre los granitos de hielo, y ya salimos a la máquina. Pero fue complicado, un rescate complicado, nada participativo porque las personas no tenían la capacidad, estaban casi prácticamente vendidos a la naturaleza y si no hubieran podido moverse ellos, posiblemente nosotros hubiéramos también tenido serios problemas.

P. - ¿Y los rescatados podían andar?

R. - Al principio lo que hacíamos era dejar que se deslizaran por la pendiente autoasegurados, los dejábamos bajar para abajo, los empujamos un poquito, tirábamos de ellos y los levantábamos porque al final el frío lo que hace es robarte calor, y con el calor perdido tu cuerpo se vende, se va como apagando, se va debilitando y no puedes moverte. Entonces, si no nos movíamos, los cuatro nos hubiéramos quedado allí. O te mueves, y te mueves aunque no quieras, o palmamos los cuatro.

Estaríamos en la nieve unas tres horas, como dos de ida y una de vuelta. Desde que salimos de la máquina quitanieves, pues dos horas largas, casi tres.

P. - ¿Su compañero está bien? ¿No tuvo ninguna incidencia?

R. - Mi compañero, bien, cansado y agotado porque la nieve le ha llegado por la cintura y hay que moverse, pero está bien, está bien. Hemos estado charlando un poco, ya haciendo un poquito de reunión de las cosas que pasan porque al final hacemos un briefing y estudiamos las decisiones que hemos tomado, si las hemos tomado bien, si podríamos haber ido por otro lado que hubiese sido más corto pero más rápido...

Al final, dada la situación, el entorno y la meteo que había, elegimos correctamente, afortunadamente. Decidimos la ruta un poquito más larga pero que nos diera más garantías para, si uno de nosotros se lesiona o pasa algo en concreto, que otro pueda tener más facilidad para salir y buscar ayuda, que ya está bastante complicado.

P. - ¿Saben en qué estado se encuentran los montañeros?

R. - Eran polacos. Tenían los dos 42 años, era una pareja. Yo pensaba que eran dos varones porque al final no distingues hasta que le abres la chaqueta para meterle las bolsas calientes y demás, y claro, al palpar notas que es una chica. Al ser una chica hay que ir más rápido todavía porque las chicas pierden muy rápido la temperatura. La fortaleza del hombre no es la de la mujer, entonces hay que moverse si cabe más rápido todavía. Es más complicado todo. Ya de por sí las condiciones no eran para estar allí.

Francisco Javier Arias, preparado para la alta montaña. / FOTO CEDIDA
Francisco Javier Arias, preparado para la alta montaña. / FOTO CEDIDA

La señorita se encuentra ya bien y el que todavía está con temas sanitarios y demás es el varón, que presenta congelaciones de manos severas. Y no sé, a ver, espero que esté bien, no sé si perderá alguna falange, no tengo conocimiento, ya nos informaremos a ver, pero bueno, dada la situación, con salvar la vida yo creo que es bastante, tanto para ellos como para nosotros. Fue un rescate que vas a una cosa y resulta que es otra, nada que ver lo que te dicen a lo que realmente pasó ese día. Yo he gastado un cartucho, ¿sabe usted? Un cartucho y ya llevo muchos. Me estoy quedando ya sin algunos y mi familia me dice ‘eh, que ya vas apurando mucho’. He ido apurando mucho en barrancos con helicópteros, accidentes y golpes como he tenido. Ya va uno apurando, pero bueno, me gusta este trabajo, me gusta ayudar a la gente y me quedaré aquí hasta que el cuerpo pueda.

P. - ¿Quiere dar un mensaje para la audiencia, para la gente que lea la entrevista?

R. - Bueno, yo lo primero que quiero es agradecer a todas las personas que me han mostrado muestras de cariño de Ceuta, que han sido muchísimas, muchas, muchas, no sé cuántas. Saludos a todos, que se cuiden, que tengan cuidado cuando salgan a la montaña, que sean respetuosos con ella, y que si necesitan alguna cosa de mí, que estoy aquí en el GREIM de Granada. Que sean felices todos, es lo que te puedo decir. Y a mi familia, que la quiero, ya está, la que está allí. A todos, a todos.

Sigue el canal de El Pueblo de Ceuta en WhatsApp. Pincha aquí, dale a SEGUIR y encontrarás toda la actualidad informativa de la jornada ceutí

También te puede interesar

Lo último

stats