Pacientes fumadores, el cáncer de vejiga y una consulta saturada
SANIDAD
Los urólogos del HUCE han operado a 24 ceutíes con tumores en dos semanas. Seis de ellos, con pasados o presentes marcados por el cigarrillo, recibieron el alta este miércoles
Le tocó a Abdelkader (74 años) ser el primer recién operado de un tumor en la vejiga en bajar hasta las Consultas Externas para recibir su alta hospitalaria este miércoles. Seis vueltas tuvo que dar la celadora pasillo arriba, pasillo abajo, para transportar en sus silla de ruedas a la media docena de pacientes que se colaron en la demandada consulta del doctor Vicente Diéguez. A las puertas, decenas de hombres y mujeres aguardaban impacientes su turno, algunos desde hacía horas. Consecuencias de que tres urólogos -uno más desde hace un mes- tengan que compaginar citas ordinarias, intervenciones quirúrgicas (programas y urgentes) y pruebas especiales.
El denominador común de los seis ceutíes que recibieron la buena noticia de su vuelta a casa es el cigarro. Unos son fumadores, otros lo eran hasta la operación y el resto lo fue hace años. Las probabilidades de padecer cáncer de vejiga son similares en los tres supuestos. “La gente cree que por dejar de fumar la enfermedad no aparecerá, pero sí aparece”, explica Vicente Diéguez ante el testimonio de Abdeselam (72 años), quien dejó de comprar paquetes “cuando era joven”. El doctor insiste en que el tabaco “es la primera causa”, el principal factor de riesgo para la aparición de una enfermedad que afecta principalmente a los hombres.
“Si una persona fuma, cada seis meses debería realizarse un análisis de orina y una ecografía. Si ha sido fumador, también. El hecho de no fumar ahora no significa nada, porque el cigarrillo de hace años se mantiene y puede haber dañado la vejiga y producido un tumor”, recalca el facultativo sentado frente a su ordenador. Sobre la importancia de la detección precoz da cuenta el caso de un paciente al que estaban atendiendo aquel mismo miércoles. Se encontraba hospitalizado para ser operado el jueves.
“En las últimas dos semanas hemos operado a diez, esta semana vamos a operar 14. Es decir, 24 pacientes con tumores de vejiga en las últimas semanas"
Uno de los pacientes, al que se diagnosticó la enfermedad en un estadio ya avanzado, llegó al hospital con “cinco de hemoglobina”. Es decir, casi sin sangre”. Aquel día tuvieron que transfundirle varias bolsas. El sangramiento es uno de los peores agravamientos de la patología, ya que puede provocar el fallecimiento “por un shock hipovolémico”. Es por esto que la prevención y el diagnóstico temprano son clave. Para Diéguez, todos los hombres fumadores con más de 40 años deberían someterse a un control. En ocasiones, el resultado de la analítica es la única forma de dar con la enfermedad, ya que el cáncer de vejiga puede ser invisible.
En total, entre el lunes y el viernes de esta semana, los urólogos intervendrán a 14 personas con el mismo tipo de tumor, una cifra que escandaliza a los profesionales. El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) ha habilitado al servicio de Urología quirófanos especiales para poder abarcar la veintena de cirugías. “En las últimas dos semanas hemos operado a diez, esta semana vamos a operar 14. Es decir, 24 pacientes con tumores de vejiga en las últimas semanas. Nos llama la atención porque hemos podido ver 20 casos en un año, pero en lo que va de año llevamos 26 casos. Es realmente alarmante”, reconoce el facultativo.
Sin imaginarlo
Abdelkader es uno de esos a los que el diagnóstico pilló por sorpresa. Se topó con un tumor en la vejiga “de la noche a la mañana”, tras someterse a una analítica que se presuponía ordinaria. Nunca había notado que se desprendiera sangre de su orina ni había sentido molestia alguna, pero el pasado lunes tuvo que pasar por quirófano. Para el ceutí fue la segunda operación por el mismo motivo. Y, aun así, no ha dejado de fumar. Lleva haciéndolo desde los 14. “Pero lo voy a dejar, eh. Estoy harto ya”, dice Abdelkader apesadumbrado. Su hija encoje las cejas en señal de duda.
Aunque su “pequeño” tumor fue extraído por los especialistas, al tratarse de uno “superficial”, cree Diéguez -a falta de los resultados de la biopsia- que su cura finalizará con un tratamiento de quimioterapia intravesical al que se someterá durante seis semanas, tras lo cual la dosis se reducirá a una mensual durante un año. “Pronto podrá decir que se curó de un cáncer”, soltó, sonriente, el doctor, al tiempo que posaba en las manos de la hija del doliente el documento que certifica su alta hospitalaria.
Los tumores de los más de 20 pacientes operados durante estas semanas se encontraban en diferentes fases. Unos, iniciales; otros, avanzados, con masas más grandes o, incluso, más de una. A todos ellos les han ofrecido los médicos soluciones quirúrgicas, tras lo cual cada uno continuará el proceso de cura como le sea requerido. Para aquellos más suertudos, como Abdelkader, se limitará a una quimio sin muchos efectos secundarios. Ni siquiera se les caerá el pelo, como se encargaba el urólogo de matizar a los preocupados familiares.
“Ahora me encuentro fenomenal. Tenemos los mejores urólogos del mundo. Tienen mucho trabajo, eso sí. Deben traer más urólogos”
La hija de Hamido se preguntaba por qué su padre, ya octogenario, tendría que pasar por una quimioterapia tras cinco años de pruebas, citas médicas e incógnitas. Con la operación del lunes, Hamido acumula cinco intervenciones relacionadas con sus problemas vesicales. Comenzaron antes de que Diéguez lo atendiera. Ahora guardan la esperanza de que este nuevo doctor logre dar con la tecla. El de Hamido era un “tumor grande”, le ocupaba “casi la pared lateral derecha de la vejiga”. Lograron extraerlo al completo.
“Es cierto que esta vez no ha sangrado mucho”, comentó la familiar, comparando los efectos de la quinta operación con las cuatro anteriores. “Es que ahora tenemos mejor equipo. Tenemos mejor instrumental, mejores asas. Cambiamos el anterior con el que se operaba aquí por uno mucho más moderno, y las cosas se pueden hacer mejor. Fíjese que no está ni sangrando y ya hoy se va para casa”, explicó el doctor. Hamido también es fumador, al igual que lo es Abdeselam y lo fue Abdelkader. “¡He sido marino mercante!”, espetó tratando de justificar su adicción al tabaco aludiendo a un oficio que tiende al tabaquismo.
También en silla de ruedas -dirigida por una celadora que tuvo una mañana movida-, con los tubos de la sonda al descubierto y vestido con la bata hospitalaria de costumbre, Ahmed (49 años), el más joven de todos y el paciente con el tumor más complicado, arribó a la consulta del doctor con ganas de recibir el documento con el que poner fin a su estancia en el HUCE. Antes de llegar a las consultas de Urología pasó varias veces por Urgencias y por el despacho de su médico de cabecera. A este último lugar le emplazaron cuando se pasó por el primero, de madrugada, relatando que había empezado a orinar “cuajarones de sangre”.
No fue derivado a los urólogos hasta febrero, cuando fue sometido a una prueba que terminó por visualizar el tumor. Esta semana pudo ser operado. Para entonces, ya llevaba 7 meses a base de “pinchazos” contra el dolor. “No podía hacer mis necesidades. Estaba reventando por dentro”, describía Ahmed, ante lo que el doctor asentía. Según narró, el tumor del paciente era tan “voluminoso” que tapaba la salida de la orina.
En su caso, el tumor era “extremadamente grande”, por lo que, “probablemente necesite una cirugía adicional”. En ella tendrán que quitarle “gran parte de la vejiga” y reconstruírsela de nuevo. El volumen del tumor es demasiado grande, y había pasado tanto tiempo que “prácticamente toda la vejiga estaba tomada por la lesión”. Tras obtener los resultados de la biopsia, en una o dos semanas, planificarán cómo proceder, aunque insiste Diéguez en que lo más posible es que tengan que someterlo a una operación donde le harán una vejiga nueva con el intestino. Ahmed también fuma. Tiene dos hijos pequeños, así que promete que dejará el tabaco.
Miguel y Jalal
La experiencia de Miguel Casavilla (82 años) con la sanidad pública ceutí ha sido buena en los últimos tiempos. En tan solo un par de meses le encontraron el tumor y fue operado por los urólogos. Las alarmas saltaron cuando comenzó a ver sangre en su orina. “En su caso ha sido que él tuvo un tumor de próstata hace unos 18 años. Esto es consecuencia de la radio de entonces”, explicó su hija. Como el resto, reconoció tener antecedentes con el cigarrillo, aunque ella insistía en que no tenía nada que ver con el origen de su enfermedad, ya que llevaba “33 años sin fumar”.
Otros 33 años sin probar el humo aseguró llevar Jalal (74 años). “Era fumador, era vividor… Y era trabajador”, expresó el señor provocando que a su hija se le volvieran los ojos. “Tengo cinco hermosos hijos, nueve nietos. He venido de la nada, de la pobreza más grande que ha habido en este pueblo”, continuó relatando el alegre paciente, uno de los últimos a los que Diéguez atendió en aquella mañana de miércoles.
Jalal fue de esos que acudió al especialista tras observar algo de rojo en su orina. Eso fue hace dos años. Desde entonces está a la espera de la cirugía que a la que, al fin, se sometió esta semana. Dos años atrás, la detección de una vena obstruida paralizó la primera operación programada, por lo que tuvo que esperar nueve meses. Transcurrido el tiempo le detectaron problemas cardiovasculares que le obligaron a colocarle un marcapasos. Tuvieron que esperar unos meses más debido a los anticoagulantes.
“Ahora me encuentro fenomenal. Tenemos los mejores urólogos del mundo. Tienen mucho trabajo, eso sí. Deben traer más urólogos”, afirmó Jalal. El suyo era un “tumor grande”, que pudo ser extraído al completo en la cirugía. Deberá ser sometido al tratamiento de quimioterapia. “¿Qué aconseja a todas las personas que orinan sangre?”, le preguntó Vicente Diéguez. “Pues que acudan rápidamente a consulta. Bueno no tiene que ser, don Vicente. Que hagan caso a su médico”, resumió el ceutí.
“¿Qué sintió cuando le dijeron que tenía un tumor?”, continuó el doctor. “Yo no me sentí bien”, se limitó a responder él, restándole importancia. Su hija, apoyada en la silla de ruedas donde descansaba su padre, intervino, sonriente, completando el relato sobre la reacción que provocó en él la noticia: “Tenía una depresión”. “Me entró un poquito de ansiedad, pero vamos, luego me eché la manta encima y se acabó. Ya está. En la vida hay que seguir adelante, hijo. Yo venía cantando por el camino. No… espérate”.
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