Casi 30 niños fueron víctimas de abusos en Ceuta durante 2023

EDUCACIÓN

La Fundación Márgenes y Vínculos ha vuelto a presentar el Programa de Prevención y Atención del Maltrato a menores, que llegará a todos los colegios de la ciudad para ofrecer a los pequeños herramientas de protección

Las trabajadoras de la Fundación Márgenes y Vínculos Pilar Castro y Wuasima Bourhanbour. / FOTO G.S.
Las trabajadoras de la Fundación Márgenes y Vínculos Pilar Castro y Wuasima Bourhanbour. / FOTO G.S.

“Los padres y madres no pueden estar las 24 horas con los cinco sentidos encima de su hijo. Por lo tanto, a nivel social tienen que existir programas e intervenciones que se dediquen a fomentar este tipo de educación”. Pilar Castro se refiere a la “educación afectivo-sexual”, que suele sonar mal a los oídos de los progenitores, pero que no tiene nada que ver con enfermedades de transmisión sexual o las relaciones sexuales responsables.

La responsable de prevención de la Fundación Márgenes y Vínculos y su equipo pretenden educar a todos los niños y niñas a protegerse ante “la lacra de sufrir un abuso sexual”. A través de actividades dinamizadoras y un vocabulario adecuado, las profesionales pasan por los centros educativos para enseñarles a conocer sus cuerpos y hablar con ellos, para que sepan identificar cuándo alguien se está propasando o les ofrece un cariño que no tiene buenas intenciones.

Las probabilidades no son irrisorias, dado que, según el Consejo de Europa, se estima que “uno de cada cinco menores en Europa será o es de alguna forma víctima de violencia sexual antes de cumplir la mayoría de edad”. Solo en Ceuta, durante el año 2023 -del que se tienen los últimos datos filtrados por años y sexo-, un total de 29 menores de edad fueron víctimas de abusos. Esta cifra supone que cerca del 60% de todos los delitos sexuales registrados en Ceuta ese año afectaron directamente a niños, niñas y adolescentes. De estos 29, 10 eran niños y 19 eran niñas. Nueve tenían entre 0 y 13 años y los 20 restantes tenían entre 14 y 17.

FOTO G.S.
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Son datos del portal estadístico de criminalidad del Ministerio del Interior, ofrecidos por Castro en la mañana de este martes, durante la rueda de prensa convocada por la Fundación para presentar su Programa de Prevención y Atención del Maltrato y otras formas de Violencia a menores, en la Biblioteca Pública del Estado Adolfo Suárez. Los datos reflejan un incremento sostenido desde el estallido de la pandemia de COVID-19, cuando los casos empezaron a repuntar tras años de cierta estabilidad.

"Todavía existe un gran número de casos que no se denuncian o que no han podido detectarse. En la mayoría de las ocasiones, las agresiones se producen dentro del entorno familiar o muy cercano, y las víctimas permanecen en silencio por miedo, chantaje o vergüenza", puntualizó. Ante este panorama, la Fundación Márgenes y Vínculos ha reactivado y reforzado el Programa de Prevención y Atención del Maltrato y otras formas de Violencia a menores, conocido como “Mi Cuerpo es un Tesoro”, una herramienta que persigue la protección infantil.

Esta iniciativa está financiada por la Consejería de Servicios Sociales a través del 0,7% del IRPF, y su objetivo es proporcionar a los menores las herramientas necesarias para reconocer, rechazar y denunciar situaciones de abuso o maltrato. La violencia ejercida contra los menores de edad abarca desde el abuso sexual físico hasta delitos que se cometen a través de Internet, como la pornografía infantil, la captación de menores en redes, el grooming o la sextorsión. “Internet está abriendo una nueva vía de victimización que aún no está bien reflejada en las estadísticas”, advirtió Castro.

La prevención

Para la Fundación Márgenes y Vínculos, la prevención es fundamental en la lucha contra esta lacra. Castro enfatizó la necesidad de una educación afectivo-sexual integral, tanto en casa como en las aulas, que permita a los niños conocer su cuerpo, expresar sus emociones y establecer límites saludables. "No se trata de hablar de sexualidad explícita con menores, sino de enseñarles a identificar qué es un afecto sano, cuándo se sienten incómodos, qué partes de su cuerpo son privadas, y a quién acudir si algo no está bien".

Además, la técnica educativa de la Fundación, Wuasima Bourhanbour, detalló cómo se implementa el programa en los centros educativos. Durante el año 2024, los talleres de "Mi Cuerpo es un Tesoro" y "Capitana Salsabi" han llegado ya a 1.750 beneficiarios en 23 centros educativos de Ceuta, incluyendo colegios de primaria, institutos y centros de educación especial. Ambos talleres trabajan desde una perspectiva lúdica y didáctica, adaptada a la edad del alumnado, fomentando el conocimiento del cuerpo, el respeto por uno mismo y por los demás, y el uso seguro de las tecnologías.

"Mi Cuerpo es un Tesoro", dirigido a alumnado de tercero y cuarto de primaria, pone el foco en la prevención desde el entorno más próximo al menor, mientras que "Capitana Salsabi", destinado a cursos más avanzados (quinto, sexto de primaria y primero de la ESO), centra su intervención en la prevención de riesgos en el entorno digital. Este enfoque dual permite adaptar el contenido según el nivel de desarrollo del alumnado y las amenazas más probables a las que se enfrentan.

Un aspecto especialmente significativo del trabajo de la Fundación en 2024 ha sido la adaptación de los programas a menores con diversidad funcional. “Estas personas tienen una doble vulnerabilidad frente al abuso”, explicó Bourhanbour, señalando que ya han trabajado en el Centro de Educación Especial San Antonio y en aulas específicas del Instituto Puertas del Campo. La experiencia ha sido tan positiva que ya se plantean extender esta línea de intervención en el futuro.

El trabajo no se limita al alumnado. Familias y personal docente también forman parte del programa a través de sesiones formativas previas a los talleres. “Muchos padres acuden con recelo al oír la palabra 'sexual', pero tras conocer el enfoque educativo y afectivo, todos coinciden en que debería ser obligatorio en todos los centros", explicó Bourhanbour.

Más allá del aula, la Fundación Márgenes y Vínculos también realiza campañas de sensibilización para la ciudadanía en general. La prevención de la violencia sexual infantil, aseguran, no puede depender solo de los centros educativos o de las familias. "Es un problema estructural que requiere una respuesta conjunta de toda la sociedad", sentenció Castro.

En términos legales, el proyecto se apoya en un sólido marco normativo que incluye la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual (la conocida como ‘ley del solo sí es sí’) y la LOMLOE, la ley educativa vigente, que refuerza la educación para la convivencia y el respeto desde las aulas. Todas ellas hacen hincapié en la importancia de la prevención, la detección precoz, la atención integral a las víctimas y la reparación del daño.

Además, como adelantó Castro, ya está en preparación una nueva ley de protección del menor en entornos digitales, que introduce medidas como la orden de alejamiento digital, el control parental obligatorio en dispositivos tecnológicos, la regulación del acceso a contenidos pornográficos y el reconocimiento del grooming como agravante penal.

Desde que se puso en marcha el programa en Ceuta en 2018, la Fundación ha atendido a más de 12.600 personas, incluyendo alumnado, familias y profesionales del entorno educativo. De ellos, 7.257 son alumnos, más de 4.200 son familiares, y 1.156 docentes y agentes sociales han recibido formación.

La conclusión es clara: la violencia sexual infantil no es una realidad marginal. Está presente en todos los contextos, afecta a menores de todas las edades y condiciones, y muchas veces ocurre en silencio. Programas como “Mi Cuerpo es un Tesoro” no solo abren una puerta a la prevención, sino que también rompen ese silencio, ofreciendo a los menores una voz, una red de apoyo y herramientas para defender su derecho a vivir una infancia libre de violencia.

“Esto no lo podemos solucionar solo desde una fundación, una escuela o una familia. Necesitamos que toda la sociedad se implique. Porque proteger a la infancia es responsabilidad de todos”, concluyó Pilar Castro con rotundidad.

Los programas

Según explicó Wuasima Bourhanbour, técnico educativa de la Fundación, el programa ‘Mi cuerpo es un tesoro’ está estructurado en tres bloques que se imparten en seis sesiones dinámicas, con actividades, juegos y teatro adaptados a las diferentes edades del alumnado. El objetivo es claro: empoderar a los menores a través del conocimiento de su cuerpo, el reconocimiento de sus emociones y la identificación de adultos de confianza a los que acudir en caso de sentirse en peligro.

En el primer bloque, “Conozco mi cuerpo”, los niños aprenden a distinguir entre partes públicas y privadas, entendiendo que las privadas “no se pueden ver ni tocar, ni con ni sin permiso”. También se introducen normas de autoprotección frente a personas desconocidas, como no quedarse solos, evitar responder a desconocidos y saber actuar en caso de intento de retención.

El segundo bloque, “Me protejo en mi entorno”, aborda las emociones como señales de alerta que el cuerpo nos envía. Aquí se incorpora el tema del bullying y se refuerza la idea de que si algo no nos gusta, hay que decir “no” sin culpa ni vergüenza. Además, se analiza cómo detectar sobornos y manipulaciones por parte de adultos con malas intenciones, como regalos a cambio de favores.

Uno de los aspectos más delicados llega con el tercer bloque, “Pido ayuda hasta que me escuchen”, centrado en los casos en los que la persona agresora es alguien del entorno cercano o incluso familiar. Se enseña a diferenciar entre “secretos buenos” y “secretos malos”, y a identificar adultos de confianza en casa y en el colegio. “Insistimos en que si una persona adulta no escucha, hay que acudir a otra, y a otra, hasta que alguien actúe”, subrayó Bourhanbour. Para los casos más graves, se reparten pegatinas con teléfonos gratuitos de ayuda al menor.

El taller también incluye sesiones informativas para familias, en las que se les orienta sobre cómo actuar si un niño verbaliza una situación de abuso: mantener la calma, no interrogar y mostrar apoyo inmediato. Asimismo, se detallan indicadores de alerta como regresiones en el desarrollo, cambios en el control de esfínteres o rechazo repentino a ciertos adultos.

Wuasima Bourhanbour recordó que “la mayoría de los casos de abuso se dan dentro del entorno conocido” y que tras la pandemia, tanto los abusos en el hogar como los perpetrados a través de internet han experimentado un repunte. “Durante el confinamiento, muchos niños estuvieron encerrados con sus agresores o pasaron más tiempo expuestos a peligros online como el grooming o la sextorsión”.

La situación se agrava aún más en el caso de los menores migrantes solos, muy presentes en Ceuta, cuya vulnerabilidad es mayor. “Muchos carecen de adultos protectores reales. En su camino, algunas personas aprovechan su necesidad y soledad para ganarse su confianza y abusar de ellos”, lamentó Bourhanbour.

Al finalizar el taller, los niños reciben un diploma y una camiseta como símbolo de su participación, pero lo más importante es que se van con habilidades clave para su seguridad y bienestar. Desde 2018, esta herramienta educativa se ha ido perfeccionando año a año, adaptándose a los cambios sociales y a las nuevas formas de violencia infantil.

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