«La violencia de género en mujeres mayores es una realidad silenciada que debemos visibilizar»

ENTREVISTA - LIVIA ROSALES

Rosales alerta sobre la baja denuncia entre mujeres mayores: “No significa menor violencia, sino mayor ocultamiento”. La Delegación del Gobierno en Ceuta impulsará campañas específicas para mujeres mayores víctimas de violencia

FOTO EL PUEBLO
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La violencia de género en mujeres mayores de 65 años sigue siendo una realidad silenciada e invisibilizada, también en Ceuta, donde solo se registra actualmente un caso activo en este grupo de edad según el sistema VioGén. Lejos de significar una menor incidencia, esta cifra refleja la dificultad de muchas de estas mujeres para identificarse como víctimas tras décadas de sometimiento, dependencia y aislamiento. “La baja denuncia no significa menos violencia”, advierte Livia Rosales, jefa de la Unidad de Coordinación contra la Violencia de Género de la Delegación del Gobierno, que trabaja ya en campañas específicas y en la formación de profesionales cercanos, como el personal de ayuda a domicilio, para detectar y actuar ante posibles casos.

Pregunta.- ¿Qué impresión le causó el editorial de El País sobre las mujeres mayores de 65 años víctimas de violencia de género?

Respuesta.- El editorial pone el foco en la violencia de género que sufren las mujeres mayores. La reflexión que plantea el artículo es profundamente pertinente, y evidencia la necesidad de que adaptemos los recursos y estrategias a todos los perfiles de víctimas, especialmente a aquellas que han quedado fuera de las campañas o de los programas desarrollados. Desde la Delegación del Gobierno en Ceuta, compartimos la urgencia de visibilizar esta forma de violencia que sufren las mujeres mayores de 65 años.

«La brecha digital excluye a las mujeres mayores de los recursos contra la violencia de género»

P.- ¿Existen datos específicos en Ceuta sobre denuncias o casos de violencia de género entre mujeres mayores de 65 años? ¿Qué reflejan esas cifras?

R.- Los datos en Ceuta, al igual que en el conjunto del Estado, reflejan una incidencia aparentemente baja de denuncias en mujeres mayores de 65 años, pero esto es un espejismo estadístico, en VioGen de los 264 casos activos, solo uno es de una mujer mayor de 65 años. Pero inactivados salen 56, es decir en VioGen el total de mujeres mayores de 65 años son 57, de los cuales 1 es caso activo y 56 se encuentran en este momento inactivados, que pueden activarse en cualquier momento. El porcentaje de denuncias es muy inferior al de otros grupos etarios, lo que no significa menor prevalencia de la violencia, sino mayor ocultamiento. Esto evidencia una grave falla estructural, y es que no estamos llegando adecuadamente a estas víctimas. Es precisamente aquí donde debemos concentrar todos nuestros esfuerzos.

P.- ¿Se percibe en Ceuta también esa invisibilidad institucional o social hacia estas víctimas más mayores?

R.- Yo no haría esa afirmación tan rotunda, no hablaría de una invisibilidad institucional y social total, pero quizá sí que debemos valorar las cifras que tenemos e incidir en esta población.

Es verdad, que gran parte de los recursos que provienen del Pacto de Estado contra la violencia de género, que gestiona la Consejería de Asuntos Sociales de la Ciudad han sido dirigidos a acciones más visibles y generalistas, con escasa atención a la interseccionalidad. En Ceuta hemos detectado que las mujeres mayores de 65 años, quizá quedan fuera del alcance de muchas campañas y servicios, y precisamente por eso, desde la Delegación del Gobierno vamos a impulsar acciones específicas, aunque el groso de los recursos que recibe Ceuta por parte del Estado está gestionado por la Ciudad, y tal vez no están cubriendo todas las necesidades detectadas.

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Ceuta adaptará campañas y materiales a la realidad de las mujeres mayores para combatir la violencia de género

P.- ¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrentan las mujeres mayores para denunciar una situación de maltrato?

R.- Pues cada mujer es única y cada una tendrá sus motivos, pero si quieres que generalice un poco, te diría que los factores son muchos, y lo peor de todo es que están profundamente enraizados, por ejemplo, dependencia económica, aislamiento social, barreras educativas, creencias socioculturales interiorizadas durante el franquismo y la transición, y una red institucional que hasta hace poco no las contemplaba como destinatarias prioritarias.

La invisibilización prolongada por décadas les ha generado desconfianza y resignación. Superar esto requiere voluntad política y políticas públicas bien orientadas, y ten por seguro que desde la Delegación del Gobierno haremos todo lo posible para que los mismos lleguen a este colectivo.

P.- ¿En qué medida influye en Ceuta el factor cultural o religioso, especialmente entre la comunidad musulmana, en la perpetuación del silencio y la no denuncia?

R.- En Ceuta, la diversidad cultural es un valor que también implica retos en materia de igualdad, y siempre tenemos que tener presente la diversidad de nuestra tierra. En algunos sectores, las estructuras patriarcales se refuerzan con componentes religiosos o tradicionales, dificultando que la mujer mayor identifique la violencia como tal.

Pero sería muy simplista y erróneo atribuir el silencio únicamente a una comunidad, ya que la violencia machista atraviesa todas las culturas y nos puede tocar a cualquiera. Lo que sí es nuestra responsabilidad como institución es garantizar que las políticas públicas no reproduzcan esas brechas culturales y lleguen efectivamente a todas las mujeres, sin discriminación, porque como te digo no es que la violencia no les llegue, sino que no se atreven a denunciar.

«Romper con el maltrato no es un fracaso, es recuperar la dignidad»

P.- ¿Cree que las mujeres mayores de Ceuta tienen interiorizada una idea de que romper el matrimonio es un fracaso personal o familiar?

R.- Sin duda, y no solo las mayores, es una creencia arraigada en las mujeres, ten en cuenta que cuando un matrimonio se rompe, por el motivo que sea, es un cambio en el proyecto de vida, y es inevitable en nuestra condición de personas que además de buscar responsables, pensemos que hemos fracasado en nuestro proyecto de familia.

En muchas de las mujeres, persiste una narrativa que asocia el matrimonio a una carga moral, casi inquebrantable, incluso cuando supone una fuente de sufrimiento y peligro. Esta concepción responde a una educación recibida durante décadas de represión de derechos. Por eso es tan importante incorporar una perspectiva generacional en nuestra intervención institucional. No podemos aplicar el mismo enfoque a una mujer joven que a una mujer de más de 65 años, porque sus referencias, miedos y redes de apoyo son muy distintas.

P.- ¿Qué papel juegan las familias, los vecinos o el entorno más próximo a la hora de detectar casos de violencia en estas edades?

R.- En estos casos, aunque me repita, el entorno más próximo es clave. Muchas mujeres mayores no acuden a servicios institucionales, pero sí mantienen relación con su familia, vecinos, sanitarios o profesionales de ayuda domiciliaria.

La detección precoz muchas veces depende de estos vínculos de cercanía, y es una realidad que muchas de estas mujeres tienen un vínculo muy cercano con sus médicos de familia, sus farmacéuticos u otros profesionales, de ahí la importancia de campañas y formaciones que no solo interpelen a las víctimas, sino también a su entorno, para fomentar una corresponsabilidad social frente a la violencia machista.

P.- ¿Qué perfil suelen tener los agresores en los casos en que las víctimas superan los 65 años? ¿Suelen ser parejas de toda la vida?

R.- No hay un perfil concreto, pero en la gran mayoría de casos, sí se trata de parejas de larga duración, y normalmente en contextos donde la violencia ha estado presente desde hace décadas y ha sido normalizada por todos los integrantes de la familia. El agresor suele haber ejercido control emocional, económico y, en muchos casos, físico, desde una posición de poder reforzada por el contexto sociocultural de las épocas que han vivido. Esto convierte la intervención en un proceso especialmente delicado, donde es esencial actuar desde el respeto, la escucha activa y sobre todo el acompañamiento.

De los 264 casos activos en VioGén en Ceuta, solo uno corresponde a una mujer mayor de 65 años, y 56 están inactivos

P.- ¿Qué impacto cree que tiene en estas mujeres el aislamiento digital y la brecha tecnológica a la hora de buscar ayuda o informarse sobre sus derechos?

R.- El impacto es muy significativo. La mayoría de campañas institucionales y recursos informativos están digitalizados, tenemos QRs, o publicidad en redes, y eso excluye de facto a esta parte de la población que en la mayoría de casos, no tiene acceso ni competencias digitales. En Ceuta estamos trabajando en formatos accesibles, desde cartelería física hasta acciones en centros de salud, farmacias o asociaciones vecinales. No podemos permitir que el acceso a la información dependa del nivel tecnológico, porque eso supone una forma más de desigualdad.

P.- ¿Qué dispositivos de atención tiene ahora mismo la Delegación del Gobierno para detectar y atender a estas víctimas invisibles?

R.- Desde la Delegación del Gobierno en Ceuta, nos hacemos eco de estos datos y hemos estamos trabajando en coordinación con equipos especializados en violencia de género, centros de salud, cuerpos de seguridad y oficinas de la Administración General, que la mayoría se han convertido en Puntos Violeta y el funcionariado está preparado para detectar e intervenir ante una situación que pueda mostrar señales de que una mujer está sufriendo algún tipo de violencia en el ámbito familiar. Además, hemos incorporado la perspectiva de edad en estas formaciones.

Sin embargo, necesitamos hacer más, no te voy a decir que ya está todo hecho, necesitamos llegar a todas, y lo haremos, continuaremos formando a profesionales y colaboraremos con la Ciudad para que la gestión de los fondos del Pacto de Estado se realice con criterios que se ajusten a las necesidades reales de Ceuta.

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«Delegación del Gobierno formará a personal de ayuda a domicilio para detectar violencia en mujeres mayores»

P.- Nos ha adelantado que se va a organizar una campaña y formación para personal de ayuda a domicilio. ¿Qué objetivos tendrá esa formación y cuándo se pondrá en marcha?

R.- La formación la estamos diseñando, pero tiene como objetivo dotar al personal de ayuda a domicilio de herramientas para identificar señales de violencia, establecer protocolos de actuación y derivación, y generar confianza con las usuarias. La pondremos en marcha después del verano, y pediremos la colaboración de los servicios sociales. Este tipo de acciones no deberían depender de iniciativas locales puntuales, sino estar blindadas con una estrategia coherente.

P.- ¿Cuál será el enfoque de esa campaña específica sobre mujeres mayores? ¿Habrá materiales adaptados a su realidad y lenguaje?

R.- Sí, como le digo estamos aun trabajando en ella, pero le puedo adelantar que el enfoque será integral e interseccional, con materiales diseñados específicamente para mujeres mayores, utilizando un lenguaje claro, empático y cercano. Incluirá también contenidos dirigidos a sus entornos de confianza. Apostamos por una comunicación no paternalista que reconozca la dignidad de estas mujeres, pero que también visibilice que tienen derecho a romper con el maltrato, incluso después de muchos años de silencio.

P.- ¿Se está trabajando en coordinación con asociaciones de mayores, centros de salud o personal de atención primaria para la detección precoz?

R.- Tenemos que terminar de perfilarla, pero la idea es consolidar alianzas con centros de salud, asociaciones de personas mayores, profesionales de atención primaria y personal farmacéutico, quienes actúan como puntos estratégicos de identificación y acompañamiento. Este trabajo debe ser continuo, evaluado y respaldado por políticas públicas con perspectiva de género y edad.

P.- ¿Qué papel pueden jugar las cuidadoras, trabajadoras sociales o profesionales del hogar en la detección de estos casos?

R.- Importantísimo, son figuras clave. Están presentes en el día a día de muchas mujeres mayores y pueden detectar cambios en su comportamiento, estados de ánimo o signos físicos. Su rol debe ser reconocido, protegido y formado. Es necesario que se les ofrezca formación reglada y continua.

P.- ¿Qué mensaje le gustaría trasladar a esas mujeres mayores que han normalizado la violencia durante años y que aún no se atreven a denunciar?

R.- Que no están solas, este tiene que ser un matra de toda la sociedad a todas la mujeres, NO ESTAMOS SOLAS. Les diría que tienen derecho a vivir libres de violencia, independientemente de su edad o de cuántos años hayan pasado en silencio. Que pedir ayuda no es rendirse, sino comenzar a recuperar su dignidad y bienestar. Y que desde esta Delegación del Gobierno vamos a seguir trabajando con convicción y compromiso para que ninguna mujer, sin importar su edad, su origen o su situación, quede fuera del sistema de protección frente a la violencia machista.

Es un compromiso firme de esta Delegación y del Partido Socialista, que ha demostrado con hechos su apuesta decidida por el pacto de Estado y por una política feminista que no deja a ninguna mujer atrás. Garantizar una vida libre de violencia para todas las mujeres no es una opción, es una obligación democrática y una cuestión de justicia social.

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