Fernando Coronado: "La primera vez que me subí a un escenario sentí un flechazo"

CULTURA

Los ceutíes podrán disfrutar de esta obra y de sus protagonistas este sábado 17 de abril a las 19:30 horas en el ‘Revellín’. Coronado asegura que “no se van a arrepentir” y que “van a tener una experiencia muy bonita”.

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Un presidente con muecas horas antes de dar su discurso de investidura. Un psicólogo que intenta ayudarle y empieza a profundizar en la vida de este hombre. Una comedia que provocará la risa de todo al que acuda. El Teatro Auditorio del revellín subirá el telón mañana para recibir al elenco de ‘El Electo’, una obra dirigida por Cándido Pazó e interpretada por Antonio Mourelos y Fernando Coronado, a quien hemos conocido más a fondo antes de su actuación. El actor madrileño, quien descubrió su amor por el teatro haciendole un favor a una amiga, cuenta con una larga trayectoria, tanto teatral como televisiva. Coronado nos habla de teatro, de magia, de la situación actual y de cómo es actuar con un teatro casi vacío.

Pregunta.- Este sábado viene a Ceuta con ‘El Electo’ ¿Cómo es formar parte de esta producción?

Respuesta.- Estar en esta producción es maravilloso, sobre todo porque trabajo con gente que ya conocía como mi compañero Antonio Mourelos. Está siendo un viaje estupendo, muy bonito. Bueno, quitando las inclemencias del covid que ha hecho que la gira en sí se haya mermado y se hayan caído muchísimos bolos, pero con la esperanza de que todo se empiece a reactivar.

P.- ¿Es la primera vez que viene a Ceuta?

R.- En Ceuta no he estado nunca. Es la primera vez que voy.

P.- ¿Qué espera del público ceutí?

R.- Espero, por lo menos, que la gente que vaya a ver el espectáculo pasen un buen rato, se diviertan y se rían, que les haga pensar y que nos acojan con cariño.

P.- Entonces, ¿qué se van a encontrar sobre las tablas del Revellín?

R.- Es una comedia, básicamente, que abarca varios temas. Está centrado en un marco político. Es un tipo que ha salido elegido presidente y el día que tiene que hacer el discurso de investidura empieza a tener problemas, tics, muecas extrañas y no sabe qué ocurre. Empieza a probar muchas cosas hasta que al final le mandan a un profesional para que pueda ver qué le pasa. Y, a partir de ahí, pues es una terapia: la terapia al presidente del Gobierno. Empiezan a salir muchísimas cosas de su infancia, de su vida…Evidentemente, se producen situaciones muy locas, a veces, y muy cómicas, sobre todo.

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P.- Su papel en esta obra es el de Presidente, ¿no? ¿Cómo ha sido aprender de este personaje?

R.- Eso es. Yo soy el Presidente y es algo que nunca me hubiese imaginado. He hecho muchos personajes, pero Presidente del Gobierno, no. Cuando lo vi, me dio bastante respeto. Es una obra muy dialéctica, son solo dos personajes que según entran, ya no salen hasta el final de la obra y es como una lucha dialéctica. Lo que me atrapó un poco del personaje es el arco que tiene, donde empieza y donde acaba, que no tiene nada que ver. Le pasa de todo, se ríe, llora, lo pasa mal, pasa vergüenza, discute, le pasa todo lo que puede pasar a una persona. Había el trabajo añadido de cómo podía imaginarme a ese Presidente del Gobierno. Un presidente, relativamente joven, y que no tiene tanta vocación como el cree. Es como desarmar a un líder. Pero sí, he aprendido bastante, sobre todo cuando te enfrentas a un personaje que además tiene un vocabulario. Cada oficio tienes sus tecnicismos, sus códigos, y un político lo tiene, incluso más que en otros oficios, porque es una cosa muy verbal, muy de aparentar. Entonces, hay que hacerse un poco con ese vocabulario, con esa manera.

"Ahora estoy haciendo comedia, pero me siento más cómodo en la parte dramática"

P.- ¿Cómo surgió formar parte de ‘El Electo’?

R.- Esta obra empezó siendo en gallego y este papel lo hacía Manu Baqueiro, que por circunstancias no pudo seguir y estuvieron un tiempo buscando actor. Entonces, pensaron en mí. Me llamaron, me ofrecieron el proyecto, evidentemente no para hacerlo en gallego, porque yo soy más madrileño que el choti y hablar en gallego iba a ser un poco complicado. Lo que hicieron fue reconvertir el texto y pasarlo al castellano. Me ofrecieron el proyecto, me encantó la idea y llamé a Manu para que me contara que experiencia había tenido con el proyecto y tal, porque él fue quien lo arrancó. A partir de ese momento, dije: ‘venga, para delante, vamos a vivir esa experiencia’.

P.- ¿Le dio Manu Baqueiro algún consejo sobre cómo manejar o llevar este personaje?

R.- Me dijo que me iba a costar mucho aprenderme todo el texto, pero una vez que tuviese el texto bien cogido y empezase a entrar en el personaje, me lo iba a pasar muy bien y lo iba a disfrutar. Y tenía razón.

P.- En esta obra trabaja junto a Antonio Mourelos, bajo la dirección de Cándido Pazó. ¿Cómo es la experiencia?

R.- Con Antonio había trabajado, lo conocía de ‘Puente Viejo’, ya que él estuvo una temporada. Y ahí nos conocimos. Y siempre me ha parecido un pedazo de actor, es un tipo que tiene mucha experiencia, sobre todo audiovisual, cine, televisión, incluso doblaje. Es un actor de doblaje muy bueno. Lo bueno de esta historia, es que es la primera obra de teatro que hace. Yo tengo una carrera más dilatada, vengo más del teatro, pero él no. Sin embargo, tiene tal capacidad que parece que lo ha estado haciendo toda la vida. Muy buen rollo y buena química, nos entendemos muy bien. Es maravilloso trabajar juntos. Estamos disfrutando los dos y nos echamos flores los dos constantemente. Y, por otro lado, Cándido Pazó me ha parecido el gran descubrimiento de este año. Me parece un director alucinante como pocos es visto, sobre todo, cómo dirige a los actores y esa capacidad que tiene de ver al actor y de respetar sus tiempos cuando está en un proceso creativo. Me parece un maestro y un muy buen director de actores. Abre mucho la puerta a que investigue, siendo un proyecto que ya estaba marcado de alguna manera porque ya se había estrenado. Pero yo me he sentido muy libre, me ha dado alas y ha confiado en mí.

P.- Entonces, Cándido le ha dejado amoldar el personaje, que ya existía, a su forma.

R.- Claro. Pero esto suele pasar siempre. Cada actor somos un mundo y todos somos muy diferentes y tenemos maneras diferentes de encarar un texto o un personaje. En los primeros ensayos empezamos a ver por dónde podía encararlo, cómo podía hacerlo y cuál era mi manera y visión del presidente. Eso lo juntas con la idea que él ya llevaba y que tenía muy construida, y creamos otro que no tenía mucho que ver con el de Manu Baqueiro, pero los dos igual de interesantes, igual de cómicos y de locos. Cada actor le da su pincelada o su magia.

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P.- Antes me hablaba que tenía experiencia teatral y televisiva, ¿con cuál se queda?

R.- Eso es muy difícil. Yo creo que como satisfacción, como aprendizaje y como escuela realmente de mi profesión es el teatro. Yo sé que esto es algo que siempre se suele decir, pero es que es verdad. Yo empecé en el teatro y me parece que no hay nada más poderoso. La televisión y el cine son códigos muy distintos. El teatro es más exigente, de alguna manera. No hay segundas tomas, no hay un ‘me he equivocado’, no hay nada de esto. En el teatro sales ahí a las bravas, te metes en el personaje, te pegas el viaje y que te vaya muy bien. Es una escuela alucinante en cuanto a la proyección de voz, de todo. Te obliga, en el buen sentido, a desarrollarte en todas tus facetas de actor encima de las tablas. El directo es eso, estar ahí y lo que pasa, pasa en ese momento. La magia del teatro es lo que tiene, que ninguna función es igual a otra. Es como una magia y un misterio que arropa el mundo del teatro es maravilloso. Tú tienes que decir lo mismo, pero no siempre lo dices igual, no siempre estás igual, cada viaje es una historia. Yo le tengo mucho respeto al teatro, aunque lo llevo haciendo muchísimo tiempo, ya casi 25 años, pero le sigo teniendo el mismo respeto, la misma pasión y el mismo amor.

"La magia del teatro es lo que tiene, que ninguna función es igual a otra"

P.- Lleva muchos años en el teatro, pero también tiene recorrido televisivo y ha participado en ‘El secreto de Puente Viejo’ y ‘Señoras del (H)ampa’, siendo dos series totalmente diferentes. ¿Con qué género se queda?

R.- Sí, no tienen nada que ver. Pero yo encontraba similitudes, dentro de que no se parecen absolutamente nada. Concretamente en estos proyectos, uno es de época y el otro es actual y comedia negra, a mis personajes le encontraba similitudes, en el aspecto del ‘buen tipo’, el hombre noble, que siempre está a favor e intenta ayudar. Lo que pasa, que uno tiene la visión antigua, de cómo podía pensar la gente de principio de siglo, y el otro es actual, un poquito más macarra. Sin embargo, yo encontraba similitudes. Pero no sabría con qué género quedarme, porque con uno he estado siete años y medio, que ya era una doble vida, y con el del ‘(H)ampa’, ha sido más parecido a un regalo que me quisieron hacer Carlos del Hoyo, que es el director, y Abril Zamora, creadores de la serie, y me lo he pasado muy bien. La cosa es que se iba a hacer la tercera temporada y al final, Amazon, en el último momento, cuando estaba todo para empezar, lo ha parado. Y no sabemos si al final se hará la tercera temporada.

P.- Pero, ¿hay algún género en el que se sienta más cómodo actuando?

R.- Yo siempre digo que soy un actor de drama. Sin embargo, la gente cuando me conoce o trabaja conmigo, me dice que tengo una comedia alucinante, pero yo todavía no soy capaz de verla. Ahora mismo, estoy haciendo comedia y he hecho comedia, como que yo me sitúo en la parte más drama. Estoy intentándolo, haciéndolo lo mejor que puedo y dejándome el corazón y la inspiración en ponerme en la parte cómica. Y parece ser que no va mal, pero me siento más cómodo en la parte dramática.

P.- ¿Siempre supo que quería ser actor?

R.- Yo lo descubrí hace muchísimos años, muy jovencito, pero fue como un rebote. Yo creo mucho en las energías de la vida. Por ejemplo, yo a lo mejor no voy a tocar la trompeta en mi vida, porque no me apetece o porque no lo veo. Pero igual soy, sin querer y sin saberlo, un trompetista increíble. Pero hasta que no me pruebo en ello, si no lo pruebo nunca, no lo voy a saber. Pues en la interpretación me pasó eso. Yo iba por otros caminos y, de repente, con 19, 20 años, por una movida que tuvo una amiga, que dirigía teatro y le falló un actor, me lo propuso a mí, sin haber hecho nada antes. Y con mucho miedo y con mucho respeto, casi por hacerle un favor, la ayudé. Lo que empezó siendo un favor, terminó siendo un flechazo. Si vales o no para esto, aparte del talento que puedas tener, se te dé mejor o peor, eso se sabe cuando uno se sube por primera vez a un escenario y tiene un público grande delante. Ahí lo sabes. Yo la primera vez que me subí a un escenario, que fue con esas edad, yo sentí un flechazo. Y dije: ‘esto es para mí’. Y yo lo vi claro cuando me subí por primera vez. Y, a partir de ahí, ya empecé.

P.- Entonces, empezó a estudiar en alguna escuela o ¿cómo fue?

R.- Yo empecé al revés. Hice esto de ayudar a mi amiga, luego me metí en una compañía de teatro con la que estuve haciendo muchos proyectos muy interesantes durante casi 10 años. Y, después, en lugar de estudiar primero, empecé al revés, porque empecé subiéndome directamente en un escenario. Pero llegó un momento en el que algo me dijo que tenía que aprender más y que me diesen herramientas. Así que cuando llevaba 8 o 9 años en la compañía, decidí meterme a estudiar e hice la formación completa en el Estudio Corazza en Madrid. Es una escuela con mucho nombre, de donde ha salido gente enorme, actores y actrices de este país, que me hablaron muy bien y me hice la formación ahí de cuatro años. Me vino fenomenal. Aprendí muchísimo y me perfeccioné, de alguna manera, en el oficio.

"Llegará un momento en el que haya una normalidad y los teatros volverán a estar llenos"

P.- El covid ha influido mucho a la hora de llevar a cabo eventos culturales. Pese a que ha ido recuperándose esta actividad, me gustaría saber cómo fue para usted volver a pisar un escenario en esta situación

R.- Fue una sensación, te soy totalmente sincero, en este momento como agridulce, en el sentido, no de la experiencia en sí de hacer teatro, sino de dar un poco de pena. Me da una pena enorme de teatros preciosos que, se entiende perfectamente que hay una pandemia, que hay un problema mundial horrible, y estoy hay que hacerlo así, ahora a verlos vacíos. Acostumbrado a verlos llenos, al ser menos gente en el teatro, notamos que se ponen tímidos. Si en un sitio que caben trescientas o cuatrocientas personas, de repente vienen cien o ciento y pico, no es lo mismo. El calor ese de tanta gente, y ellos mismos para reírse, no es lo mismo para aplaudir, entonces da un poco de pena. Pero siempre damos las gracias a todo el mundo que sigue yendo al teatro, porque me parece un bien necesario, dentro de la situación esta, aunque sea de esta manera. Además, pienso que el teatro y los cines, con todos los protocolos del covid, me parecen que son sitios con seguridad extrema. Es que todavía, que yo sepa, no ha habido todavía un foco en un teatro. Con penita de que no pueda llenar el teatro y que no todo el mundo pueda ir a ver las obras, porque es reducido, pero con la esperanza de que poco a poco vayan mejorando las cosas. Llegará un momento en el que haya una normalidad y que los teatros vuelvan a estar llenos y que la gente vuelva a estar bien y que todo esto desaparezca del escenario mundial.

P.- ¿Qué le diría a los ceutíes para que acudan mañana al teatro?

R.- Primero, que no se van a arrepentir y que van a tener una experiencia muy bonita, que les va a hacer pensar y, sobre todo, se van a reír muchísimo. Es una obra muy interesante y muy rápida, que te engancha del pescuezo nada más empezar y no te suelta hasta el final. Es una obra en in crescendo, que empieza muy tranquila y acaba muy loco. Es muy interesante. Yo animo a todo el mundo que tenga la oportunidad de venir, que venga, que va a pasar un buen rato.

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