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Malika Alí
Nuestra vida se ve acompañada de ‘dioses’ mientras invocamos el nombre de Dios, poniendo de esta forma ante Él dioses ajenos. Endiosamos a seres humanos, los convertimos en ‘ídolos’ de nuestra vida cotidiana, sean políticos, actores, músicos, deportistas u otros relevantes personajes de la vida pública de esta gran Babel. Éstos son los que resultan más advertidos, pero hay otros que pasan más inadvertidos siendo los peores: el poder y el dinero. En el mundo actual son dos ‘dioses’, que exhiben impúdicamente su rostro deshumanizado y terrible en presencia de Dios, estando ésta en el hambre, la pobreza, el desamparo, el paro, el dolor, la humillación y la explotación que sufre una inmensa mayoría de los seres humanos, a los que los detentadores del poder y del dinero (que son los mismos) utilizan como herramientas, instrumentos usados, gastados y desechados por su ambición y avaricia. Todo ello se confronta con cualquiera de las éticas del monoteísmo (judaísmo, cristianismo e Islam), porque ese mandamiento (y otros) son comunes a las tres. Vivimos tiempos difíciles, no todos, bien es cierto, porque la casta sacerdotal de esos grandes ídolos, dinero y poder, viven en el fasto y en la riqueza más reprobable con una actitud de inmoral indiferencia, ayuntados con la mentira y la falsificación más obscena de la realidad. En este sentido tenemos a disposición de todo un catálogo de declaraciones que demuestran lo que decimos, pero no es esto lo más determinante, sino los hechos y éstos lo sufren los de siempre, ni los banqueros, ni los dueños de las grandes corporaciones y empresas, ni las altas magistraturas del Estado, sólo los desamparados de la tierra, a los que se les dice que ‘está entrando mucho dinero en España’ mientras se despide masivamente, porque ese dinero es herramienta de la avaricia, fondos ‘carroñeros’ y no dinero que se invierte para ayudar a los que más padecen.
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