La lapa estrellada, de manjar ceutí a especie protegida
MEDIO AMBIENTE
Enrique Ostalé y Antonio Martín, investigadores biologos marinos de la Estación de Biología Marina de la Universidad de Sevilla en Ceuta, avisan de que capturar este especie protegida equivale a cazar un lince ibérico, en peligro de extinción
Hace apenas dos semanas, la Guardia Civil detuvo a tres hombres de nacionalidad china cogiendo una gran cantidad de lapas estrelladas, una especie protegida por estar en peligro de extinción. Fueron pillados en plena faena en la zona del puerto deportivo, donde el Servicio Marítimo de la Benemérita tenía antes su base. El delito contra la naturaleza que cometieron es equivalente a matar un lince ibérico, comparan Antonio Martín y Enrique Ostalé, investigadores biólogos marinos de la Universidad de Sevilla, que realizan su trabajo de forma permanente en la Estación de Biología Marina del Estrecho que se encuentra en el puerto deportivo de Ceuta. Martín y Ostalé pertenecen al grupo de investigación del Laboratorio de Biología Marina de la Universidad de Sevilla, dirigido por José Carlos García Gómez, que en las últimas décadas se ha dedicado a estudiar esta especie, entre otras de todo el Estrecho.
Hace no tanto, en la ciudad autónoma era común consumir la Patella ferruginea. Darse un paseo por los acantilados del Hacho o por el Chorrillo, coger unas cuántas con una pequeña navaja y llevárselas a casa para comer. Pero ahora no se puede. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y Medio Ambiente, desde 1999 la lapa ferruginea está considerada “especie en extinción” del Catálogo Español de Especies Amenazadas. Su captura sin permiso, según la legislación vigente, está considerada como un delito contra la Fauna Silvestre que se castiga hasta con penas de cárcel.
La lapa ferruginosa, o estrellada, es uno de los invertebrados más amenazados del Meditarráneo. El puerto de Ceuta, por su singularidad entre dos mares, es una de las pocas zonas de todo el Mediterráneo occidental donde todavía quedan algunos ejemplares de este tipo de lapa que por la acción humana está a punto de desaparecer. La lapa estrellada, es uno de los dos únicos moluscos marinos de las costas españolas incluido en la categoría de especies amenazadas. Constituye, un ejemplo simbólico de invertebrado marino extremadamente amenazado.
Aquel trío de furtivos se llevó hasta 10 kilos de estos moluscos, lo que son aproximadamente unas 200 lapas de ocho centímetros, lo que se considera tamaño grande en esta especie. Se desconoce cuál era el propósito al sacar a la lapa de su medio natural, pero desde luego tanta cantidad no sería para consumo personal. Al menos, y afortunadamente, a estos los pillaron. La Guardia Civil, a través de la Consejería de Medio Ambiente, contactó con Martín y Ostalé. Estos, junto a otro grupo de investigadores que en ese momento se encontraban en Ceuta, consiguieron salvar a varias de las lapas y devolverlas al mar, en su hábitat natural. Pero muchas, la mayoría, no se pudieron recuperar. “Por el modo en el que las quitaron, sin cuidado ninguno y con la máxima rapidez posible, muchas murieron en el acto, otras por el estrés causado”, explica Ostalé.
Pero, por desgracia, el suceso del pasado 9 de marzo, no es un caso aislado. Hay muchas personas que se dedican a capturar estas lapas y no son pillados por las autoridades. En recuerdo de viejas costumbres más de uno las arranca de la piedra a la que estén pegadas y se las comen. Incluso pescadores que cuando se quedan sin cebo vivo cogen cualquier lapa que tengan a mano, sin pararse a mirar si el animal marino que están matando está protegido o no.
En Canarias las lapas blancas o de pie blanco y la lapa negra o de pie negro todavía se sigue comercializando, con sus respectivas medidas de control y las licencias de pesca justas y necesarias para evitar que pase lo que sucedió en Ceuta. En la ciudad autónoma su distribución para consumo humano sería “inviable” porque simplemente “no hay población suficiente” para tal fin.
Ahora “estamos en una situación muy chunga”, reconocen sobre lo cerca que se encuentra la lapa de la extinción. En Ceuta todavía consiguen sobrevivir, pero el resto de zonas del Mediterráneo en las que aún queda algún ejemplar están condenadas a desaparecer.
Y aun así, hay gente que continúa cogiéndolas ajena a que puede estar comiéndose los últimos ejemplares de esta especie. Todavía se siguen intercambiando recetas para sacar el máximo provecho y potenciar el sabor a mar de este molusco.
Ceuta, población fuente de lapas
Aparentemente las lapas no hacen más, que como su propio nombre indica, aferrarse con fuerza a una superficie, pero sí se mueven para alimentarse y poseen una gran capacidad de supervivencia. Según descubrieron los investigadores de la Universidad de Sevilla, cuando las hembras escasean por la zona, debido mayormente a la actuación del ser humano, los machos son capaces de convertirse en hembras, a pesar de no tener el tamaño adecuado para hacerlo.
La lapa estrellada, altamente sensible a la contaminación, es una especie bioindicadora de aguas limpias que ha encontrado un buen refugio en el puerto de Ceuta. El muelle de la ciudad se encuentra igual de contaminado que cualquier otro, pero al contar con una doble apertura a dos mares distintos (por el foso de las murallas) el agua se regenera con mayor rapidez haciendo que se limpie con mayor frecuencia. Aun así, esta especie sigue estando afectada por la contaminación aunque no tanto como en otros puertos por la especial configuración que tiene el puerto ceutí, que al margen de la entrada constante de agua limpia del Estrecho, se compone de una zona militar restringida al público general.
Esto ha permitido que se desarrollen hembras reproductoras de gran tamaño que aportan nuevos ejemplares a toda la población. Ceuta se considera una población fuente de lapas para otras zonas del mediterráneo como Andalucía que es una población sumidero.En el caso de las lapas ferruginosas, el tamaño es lo que más influye en su capacidad reproductora: una de ocho centímetros produce los mismos gametos que diez ejemplares de seis centímetros.
La Patella ferruginea no es la única especie protegida en la zona. La lapa negra (Cymbula nigra) también es un molusco vulnerable. Ambos biólogos insisten, no se trata simplemente de evitar que la lapa ferruginosa no desaparezca y ayudarla repoblar su hábitat natural, sino que, “protegiéndola a ella, se protege todo el ecosistema”. Es decir, la protección de lapa crea lo que se denomina como “efecto paraguas” en el ámbito científico. “Protegiendo a una especie en concreto, se amplía ese amparo a otras”, explica.
Además, estas lapas pertenecen al ecosistema intermareal, ese de diferencia entre la marea alta y la baja, en el que juegan un papel especial como reguladoras del ecosistema. Es tan sencillo como entender que si “quitas una pieza de la pirámide, el resto del conjunto puede fallar”. Si la Patella ferruginea desapareciera podría haber “problemas a nivel del ecosistema’’. Por ejemplo, las algas de las que se alimentan “se podrían reproducir en exceso y además hacerse una especie invasora”, “son como las ovejas que pastan y limpian los prados”, compara Ostalé. La parte alta de la pirámide de alimentación también se vería afectada: las caracolas que se alimentan de las lapas se quedarían sin sustento sin más remedio que evolucionar o desaparecer.
El puerto de Ceuta, ¿bajo el amparo de la figura de protección de Microreserva Marina Artificial?
Todos estos datos e información sobre las lapas son el resultado de años y años de trabajo del Laboratorio de Biología Marina de la Universidad de Sevilla, que continúa su labor pese a las dificultades que afectan a todos los investigadores como falta de recursos o la insistencia de las administraciones de anteponer las necesidades y objetivos económicos sobre los de protección y conservación de la vida marina. El grupo de investigadores consigue llevar a cabo su labor gracias a la colaboración de la empresa de José Manuel Ávila Water Game, con la que comparten instalaciones y a través de convenios consiguen el material necesario para sus incursiones en el mar, necesarias para el muestreo de las especies que estudian.
Además, a través de la Consejería de Medio Ambiente, colaboran con OBIMASA elaborando informes para la empresa municipal sobre la situación de la fauna marina del puerto y de si éste cumple los requisitos necesarios para cumplir la legislación vigente en cuanto al respeto y convivencia con la naturaleza.
Entre otras cosas, proponen que en el puerto de Ceuta se implante la figura de protección denominada Microrreserva Marina Artificial con el objetivo de lograr una mayor “conservación de la lapa estrellada y de toda la riqueza que alberga su entorno marino”, para así lograr que esta especie en extinción “recolonice su hábitat natural”. Antonio Martín y Enrique Ostalé, los investigadores biólogos marinos de la Universidad de Sevilla, destacan que el puerto de Ceuta no debería hacer ningún cambio significativo ya que cumple todos los requisitos necesarios para implantar esta figura de protección.
En primer lugar, la zona cuenta con una especie protegida asentada, viable y con capacidad reproductiva. En segundo lugar, la implantación de la Microrreserva Marina Artificial estaría consensuada con los propietarios del puerto. Este nuevo marco legal, además, ayudaría al puerto a cumplir con las normativas de medio ambiente y la Directiva Marco de Agua. Entre otras cosas, con la simple presencia de la Patella ferruginea y su buen estado de salud se podría demostrar que las aguas del puerto están limpias de acuerdo con la legislación vigente. Y por último, se podría incorporar dentro del Plan de Emergencia que debe seguir cada autoridad portuaria.
Además, según destacan los biólogos marinos la Microrreserva Marina Artificial, no tendría que ser algo perpetuo, sino más bien temporal. Una protección que se implementaría mientras fuese necesario hasta conseguir que la especie a proteger ya no esté en peligro de extinción, o según las necesidades de las administraciones que forman parte de ella.