El beso, ¿qué se esconde tras este gesto cotidiano?
DÍA INTERNACIONAL DEL BESO
Este miércoles, 13 de abril, con motivo del Día Internacional del Beso, Montandon profundiza en este ritual que nace en el amor, la maternidad o incluso la traición
Este miércoles, 13 de abril, se celebra el Día Internacional del Beso, en homenaje al beso más largo desde 2013. Cuando, por segunda vez en tres años, una pareja tailandesa rompió el récord mundial del beso más largo, tras mantener unidos sus labios durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos en un “maratón de besos” realizado a propósito de la celebración del día de San Valentín.
Alain Montandon es el autor del libro al que hoy le vamos a dedicar espacio, porque los besos invitan a descubrir formas, curiosidades y significados, como explica el mismo en su obra. El autor francés es catedrático de filosofía y profesor de literatura general y comparada en la Universidad de Clermont-Ferrand y miembro del Instituto Universitario de Francia. Ha dirigido más de una treintena de obras colectivas.
Como introducción, debemos conocer qué es el beso, ese acto que conocemos a diario, pero en el que no indagamos lo suficiente como para pararnos a pensar por qué lo hacemos o qué razón científica, psicológica o espiritual existe.
¿Qué es un beso? Montandon responde con otra pregunta: “¿Un juego muscular de los labios o una caricia adorable, esa sublime embriaguez que produce una boca almibarada, como canta Verlaine en sus versos?”. Al autor le resulta sorprendente, al mismo tiempo que maravilloso, el hecho que un simple contacto labial traduzca, “con un realismo de tal intensidad, los más secretos movimientos de nuestra alma, nuestras sensaciones más esquivas”, además de nuestros sentimientos, todos ellos de una diversidad y una variabilidad infinitas.
Montandon: “El beso presenta matices de menosprecios, malentendidos y confusiones”
Ante todo, para el francés, el beso es sensibilidad física: un contacto entre dos epidermis que tiene el don de hacer existir, de iluminar y de satisfacer la consciencia. Pone en relación el sabor del otro con la voluptuosidad, pero este hecho “táctil” se debe entender, sin duda alguna, no sólo desde un sentido estricto, sino, también en sentido figurado. Montandon argumenta en su obra que la sensibilidad del corazón se estremece después de esta clase de contacto, el cual, “sin ser puramente simbólico, es un lenguaje muy elocuente”. Además, para el escritor, al igual que las lágrimas, los gestos, los suspiros o los sollozos, el beso “forma parte de una semiología sentimental, con una gama muy rica de matices que se presentan a múltiples ambivalencias, menosprecios, malentendidos y confusiones”.
El beso es un intercambio de saliva, sin duda, pero también de respiraciones y; más en particular, según el francés, del aliento de la pareja de (“Abrázame, bésame, estréchame/Aliento contra aliento, dale calor a mi vida”, escribía Pierre de Ronsard). Pero, además que como aliento también sea un símbolo de la vida misma, el beso es el lugar de encuentro entre Eros y Psique, entre el cuerpo y el alma. Edgar Morin, un hombre muy interesado por el cine y sus estrellas, solía mencionar que “el beso en la boca no es solamente el sustituto cinematográfico de la unión entre dos cuerpos, prohibida por los censores; es, también, el encuentro entre Eros y Psique: en las mitologías antiguas, era en el aliento donde se encontraba la sede del alma; por otra parte, es precisamente en la boca donde se sitúa la primera sexualidad, ligada a la absorción y a la asimilación; el beso en la boca es un acto de doble consunción antropofágica, de absorción de la sustancia carnal y de intercambio de almas; es la comunión y comunicación entre la psique y el eros”. Pero, además, la dimensión espiritual y la dimensión material del beso (Cary Grant, el actor de cine que pasaba por ser un experto en esta práctica, no veía en un beso nada que fuera diferente a la “yuxtaposición anatómica de dos músculos orbiculares en estado de contracción”) atraen sobremanera nuestra atención, según Alain Montandon.
De los besos castos (como los de Eugenia Grandet a su sobrino) al cunnilingus y la felación
Según el literato, al besar, deseamos resaltar la enorme variedad que presenta el acto, el cual puede adoptar múltiples formas: el pico, el besazo, el besito, el morreo. También, del beso caníbal al beso como “alimento amoroso”, del primer beso al último, del beso que fecunda y da la vida al que lleva a la muerte, de la comunión de los corazones al beso de Judas, del beso propio de la buena educación, la cortesía y la urbanidad (el besamanos) a los besos apasionados y abrasadores de los románticos. De los besos castos (como los de Eugenia Grandet a su sobrino) al cunnilingus y la felación.
Así, un beso puede ser de amor, dulce, tierno, afectuoso, sabroso, grosero, abrumador, repugnante, fétido, baboso, apasionado, etc. Porque “un beso atrae a otro”, ¿no es así? Pero en todos sitios, y ya sea el beso fecundo o el mortífero, el acto de besar comporta, en sí mismo, el intercambio de un don.
Sinopsis: El beso, ¿qué se esconde tras este gesto cotidiano? de Alain Montandon
Un beso hace mover 17 músculos a la lengua. Pero también mueve 9 miligramos de agua; 0,18 de sustancias orgánicas; 0,7 de materias grasas; 0,45 de sal; centenares de bacterias; y millones de gérmenes. ¿Qué es lo que se esconde detrás de este gesto tan cotidiano, pero tan intenso? Alain Montadon invita a descubrir formas, curiosidades y significados que van de la literatura a la antropología, de la psicología a la filosofía, e incluso a la religión y a la historia del arte. Por ejemplo: se besa lo sacro –una estatua, una tumba, un santo–, se besa para saludar, para traicionar, para perdonar y, naturalmente, por amor. Pero cuando uno vende su cuerpo por sexo, no se suele besar en la boca. También existe una cronología de los besos: el primero, que no se olvida nunca, y el último, que en realidad es mejor no recordar... Hay besos nunca recibidos, los soñados y los enviados (por postal, por e-mail, o soplándolos en la mano), de los que nunca tenemos la seguridad de que hayan llegado a su destino, porque, como decía Kafka: «por el camino se los beben los fantasmas». Un libro curioso, erudito y culto a la vez que ameno sobre un gesto cuya historia, en el fondo, poco conocemos.