Juan Luna, actor: «El mero hecho de estar actuando en un escenario, que acabe la función y todo el mundo aplauda ya es arte»

DÍA MUNDIAL DEL ARTE

Juan Luna, actor de profesión y con más inclinación al teatro, destaca que la interpretación en directo sobre las tablas y frente al público le otorga una viveza al arte dramático que no se disfruta en otras disciplinas artísticas

CEDIDA
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Juan Luna participó en la tercera temporada de la ‘Casa de Papel’. También apareció en ‘Servir y Proteger’, en ‘Amar es para Siempre’ y en la serie ‘Madres’ de Telecinco participó, pero le cortaron en el montaje final, “esas cosas suelen pasar muchas veces”. Además, también tiene una aparición como figurante en la serie inglesa ‘The Crown’, de la que no se arrepiente para nada pese a no ser lo que acostumbra a hacer. Pero en teatro es donde más se ha movido este ceutí. Terminó la carrera en 2013 en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga (ESAD), aunque antes ya había actuado en la compañía de teatro de Luis Merlo y en otras obras en la ciudad. Mientras se formaba y después de obtener la titulación, ha trabajado en muchas compañías tanto de Málaga, Granada como de Madrid.

Pregunta. - Actuar en el escenario o frente a la cámara, ¿qué prefiere?

Respuesta. - No tengo una preferencia, porque a mí lo que me gusta es actuar. No me importa si me llaman de teatro o de audiovisual. Es cierto que yo me he formado más en teatro y he tenido buenísimas experiencias sobre el escenario, entonces a una parte de mí siempre le va a tirar más el teatro porque tiene algo mágico. Pero si me llaman para grabar algo de cine o tele también es una pasada porque a mí desde pequeñito me gustaba la cámara. Grababa cortometrajes con mi hermano haciendo el tonto y desde entonces. Me costaría elegir una de las cosas.

P.- Dicen que el directo le da una viveza al teatro que la cámara no tiene.

R.- Subirte a un escenario, y actuar con la gente mirando y pendiente de todo lo que haces y dices es mucho más vivo que una cámara. Aunque eso también es maravilloso porque si estás delante de la cámara tienes que expresar muy poco, todo con miradas porque la lente capta todo. La cámara es mucho más sutil, te coge el alma interna, y con el teatro te puedes explayar, te puedes equivocar… Cuando es algo en vivo y en directo con personas mirando, eso para un actor es mucho más gratificante que estar delante de una cámara. Así al menos lo veo yo, porque la ovación que te da el público cuando acabas, ese aplauso tan merecido a los autores, una cámara no te lo da. Lo bonito del teatro es ese reconocimiento.

«El arte es un medio para expresar cualquier sentimiento que tengan las personas»

P.- ¿Qué papeles le gusta interpretar?

R.- Se suele tirar mucho a buscar perfiles concretos, el simpático, malote… A mí siempre me ha gustado hacer de simpático y graciosete, al final cuando actúas tienes que tirar un poco de ti mismo. He representado muchos papeles, pero en los que me he sentido más cómodo han sido en los perfiles cómicos. Me gustan las comedias y he aprendido muchísimo con ellas, porque no es simplemente hacer una obra cómica y ya, la comedia tiene un tempo, tiene un ritmo. Pero con los que más he aprendido son con los papeles más opuestos a mí. En ‘Rosecrantz y Guildestern han muerto…’, una tragicomedia sobre ‘Hamlet’ centrada en los dos amigos del protagonista, en la que interpreté a Guilderstern fue de la que más aprendí. Estuve en la escuela de arte dramático seis meses trabajando el personaje, eso a mí no me lo ha dado nadie, para un actor es una gozada.

P.- ¿Cómo es la preparación?

R.- En teatro se trabaja mucho de fuera hacia dentro y en cine, de dentro a fuera. En teatro hay mucho teórico que apuesta mucho por tirar de lo personal, pero también hay técnicas para hacer el personaje saliendo de tu mundo interno, sin tener que recurrir a tus emociones. En cámara sí que se hace mucho eso, pero entiendo que se haga porque quieren que tú en el plano muestres toda la emoción del momento. En una escena dramática de la película ‘Closer’ que interpretamos en la escuela, me gustó más la preparación para la escena que la escena en sí. Para meterme en situación, me imaginé de todo, recurrí a mis emociones, vivencias personales, hice tal trabajo interno que luego en escena estaba tan derrotado que, aunque la hice bien, no me gustó porque estaba derrotado, me machaqué mucho mentalmente. En cámara lo que te piden como actor sobre todo es que trabajes desde ti.

Lo bonito del teatro es ese reconocimiento en forma de ovación que da el público al terminar la función

P.- Recurrir a vivencias personales.

R.- Al final se consigue un buen resultado, pero hay que tener control. Acabas derrotado y no llegas al nivel de la escena. Eso en teatro no me ha pasado tanto. Se hace un trabajo de interiorización del personaje diferente. Por ejemplo, se puede hacer desde la animalización.

P.- ¿Cómo se hace esa animalización?

R.- ‘Rosencrantz y Guildestern han muerto…’, al tener tanto tiempo para trabajar el personaje, lo hicimos. Uno de los personajes es arisco y el otro más bobalicón y apagado, los trabajos desde la animalización en el sentido que decíamos qué animal podría ser y se caracteriza más. Pues a lo mejor uno es más gato y otro es más perro, a raíz de esa asimilación los gestos del personaje tenían cierta relación con el personaje. Primero se exagera mucho y luego se van rebajando los gestos. Es muy bonito porque de ese ensayo error se sacan elementos, como un gesto o la forma de caminar del personaje. Y como este hay millones de ejercicios para trabajar.

«Una muy buena obra de teatro es aquella que tú vas al teatro y sales pensando en ella»

P.- ¿Por qué decidió apostar por esta profesión?

R.- Desde muy pequeño sabía que quería dedicarme a esto. Crecí viendo muchas películas, en mi casa siempre hemos sido muy amantes del cine. Yo veía una película y me traslada a ese mundo de la pantalla y quería hacer lo que ellos hacían desde chiquitito. Viene de ahí. Me grababa con mi hermano haciendo el tonto con la cámara, nos veíamos luego y nos reíamos mucho. Es una cosa que tiene la cámara, que luego tu te ves y te haces gracia. Incluso te das cuenta de cosas que no eras consciente que podías hacer. Pero, sobre todo, el apoyo de mis padres y mi familia ha sido crucial. Yo he tenido la suerte, y estoy muy agradecido, de que siempre he tenido el apoyo de mis padres con el tema de ser actor. Obviamente la profesión tiene una parte oscura por lo difícil que es dedicarse a ello. Y no todos los padres apoyan a sus hijos en este camino.

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P.- Profesiones sacrificadas hay muchas, pero en el mundo de la interpretación, tanto en teatro como cine o televisión, es muy complicado ganarse la vida porque no siempre depende de lo bueno que seas.

R.- Ya seas bueno o malo es un mundillo en el que hay que estar. Otra cosa que nos pasa a todos los actores y actrices es que cuando no conseguimos resultados rápidos empezamos a autoflagelarnos, autocriticarnos… Es muy fácil en esta profesión autocomparecerse y dejar la actuación y, básicamente, rendirte. Tenemos ahora a nuestra disposición muchas plataformas, vemos millones de películas y series y obviamente tú como actor, dices ‘yo podría estar ahí, yo quiero estar ahí’ y no depende de nosotros. Sí que está en nuestras manos seguir apostando, invertir en nosotros, es lo que más cuesta. Cuando hice la carrera era muy partidario de que ‘ya está, yo soy actor, no tengo que estudiar más, el que quiera que me contrate’. Y no es así.

P.- Nunca se termina de aprender.

R.- Pasa con todas las carreras y con el arte dramático es igual. Los que estamos ahí a pie de cañón tenemos que seguir formándonos, yo he aprendido más fuera de la carrera que dentro. Terminé los cuatro años de carrera y después de varios cursos me fui a Madrid, ahí fue cuando por fin di el salto a estar delante de la cámara, algo totalmente nuevo para mí. Aprendí muchísimo. Por eso creo que es una profesión para seguir formándote continuamente e invirtiendo en ti.

Actuar frente a cámara es mucho más sutil, te coge el alma interna, y con el teatro te puedes explayar

P.- ¿Interpretar es otra forma de hacer arte?

R.- Claro que sí. El arte es una manera de expresar las emociones desde una forma impersonal, alejada de ti mismo. Es un medio para expresar cualquier sentimiento. El mero hecho de estar actuando en un escenario y acabe la función y todo el mundo esté aplaudiendo, eso te hace darte cuenta que es algo grande. Me están aplaudiendo por lo que yo he trabajado, por arte que al final estamos desprendiendo cuando estamos actuando o representando cualquier cosa. Para mí actuar es Arte y con mayúsculas.

P.- ¿Qué diferencia el arte dramático de otras formas de expresión artística?

R.- El teatro es una buena forma de hacer llegar un mensaje al público. Hay muchos tipos de teatro, clásico, dramático, cómico, pero ahora se tiende mucho a hacer teatro social sobre asuntos y temas actuales para reflexionar sobre ellos. Una muy buena obra de teatro es aquella que tú vas al teatro y sales pensando en lo que acabas de ver. Si ves una obra de teatro de un tema actual o una situación cotidiana que te pueda pasar y consigue removerte un poco la conciencia, esa es la magia del teatro. Que se puede usar un medio como la interpretación para que a todos los espectadores les llegue un mensaje sobre el que reflexionar. Y en teatro es mejor porque lo estás viendo representado a un palmo de ti.

P.- ¿No dejar indiferente?

«A todos nos pasa que cuando no conseguimos resultados rápidos empezamos a autoflagelarnos y autocriticarnos»

R.- El teatro siempre tiene que remover conciencia, es lo que también lo diferencia del cine. He participado, y a día de hoy estoy muy agradecido por seguir haciéndolo, en una obra de teatro social sobre la violencia de género y sobre la igualdad de la mujer que representamos en marzo y en noviembre, por el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer, con la compañía El Terral Teatro. Recuerdo sobre todo ‘Preparadas, listas, ya’, ‘Entre tú y yo’, ‘Verde y Mora´’ y ‘Me quiere, no me hiere’. Obviamente yo interpretaba el personaje del hombre, primero ofrecíamos datos y luego representábamos escenas de acoso, maltrato y machismo que perfectamente se podían dar en el día a día. Cuando salíamos de la obra, había personas que me querían pegar. Incluso, mientras yo actuaba me insultaban. Y eso removía muchas conciencias, el público se quedaba sin saber qué hacer impotente.

P.- Enfrentabais al público a una realidad que no quería ver.

«El apoyo de mis padres y mi familia ha sido crucial para decidirme a esta profesión»

R.- Para mí eso es el teatro.

P.- Hoy se conmemora el Día Mundial del Arte, ¿qué mensaje le gustaría lanzar?

R.- Soy un amante del arte, me gusta en todas sus expresiones, pero obviamente yo tiro del teatro, por lo que pediría que se siguieran llenando los teatros y que no tengan miedo de abrir. Si con la situación económica ya cuesta llenar las salas, la situación sanitaria no ha ayudado. Pediría también al público que apueste por el teatro. Es muy cómodo ver una película en casa, pero los actores y actrices que están en el teatro, día tras día, luchando por un sueldo, por hacer que ese mensaje que quieren transmitir llegue al público, merecen ser apoyados. Además, es una muy buena forma para evadirte de tu realidad, pero a la vez ver algo que te aporte y te ayude a reflexionar poniéndote en otro plano. El teatro es mágico, lo puedes palpar, lo puedes oler.

«Es una forma para evadirte, pero a la vez ver algo que te aporta y te ayuda a reflexionar»

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