COLABORACIÓN
¿Quién no quiere ser leyenda?
Malika Ali
Nada acaba definitivamente sino con la muerte, porque la vida es siempre un proyecto en constante acción y, por tanto, es esperanza. Observo como la convivencia palidece, declina, debe comenzar el diálogo, tal vez comience cuando aún no ha acabado, como la lengua de mar que se adentra en el estuario de un río y allí se abrazan aguas distintas y se mezclan.
Esto, sin embargo, tiene un precio alto, trabajo para regenerar una convivencia que estuvo generada , es como un edificio que poco a poco se ha abandonado y lo cercan los abrojos, pero sobre las ruinas de nuevo se construye, el solar es limpiado de desolación y vuelven a levantarse los viejos afectos para darnos un seguro y cálido techo.
Los viejos afectos, los que nunca fallaron, los que enraizaron a pesar de los días tempestuosos y las furias no lo arrancaron, porque a su tronco y bajo su copa el corazón encontró su refugio y su nido. Es triste morder el acíbar del desencanto, pero las lágrimas se endulzan cuando la convivencia aún persevera y el temblor de la llama en ella encontró el alivio a su propia quemadura.
Hay una puerta que se abre cuando otra se cierra y de luz se va colmando la habitación que abre una reconocida perspectiva, lo que no pudo ser refuerza lo que siempre fue, lo que nunca mudó el viento frío del desencanto. Sobre la buena tierra se recoge una pobre cosecha, más de nuevo se ara, se mima y se siembra, esperando partir el tierno pan de la convivencia entre corazones que buscan la concordia. Espero que vuestro domingo esté cargado de alegría y positividad.
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