Nacho Carretero, autor de ‘Fariña’: «Los periodistas vivimos de nuestra credibilidad, sin eso no tenemos nada»
ENTREVISTA
El periodista confiesa que la publicación de su investigación sobre el narcotráfico en Galicia y la serie basada en el libro le cambiaron la vida, pese al revuelo mediático con el que asegura no se sintió cómodo
El periodista y escritor gallego, Nacho Carretero, autor de las conocidas historias de ‘Fariña’ y ‘En el corredor de la muerte’ que llegaron al público de masas a través sendas series distribuidas por Netflix y Movistar+, ha visitado la ciudad con motivo de la celebración del Día de las Letras Gallegas. Invitado por el Centro Gallego de la ciudad autónoma, este martes por la mañana estuvo charlando con los alumnos del IES Almina sobre su propia experiencia y por la tarde ofreció una charla en la Biblioteca Pública ‘Adolfo Suárez’ sobre periodismo audiovisual y sobre lo que supuso para él la acogida que tuvo su libro sobre el narcotráfico en Galicia. El Pueblo charla con él, en la primera visita que hace a la ciudad que no es por trabajo, sobre la riqueza y singularidad geográfica e identitaria de Ceuta en el ámbito periodístico. Carretero se encuentra ahora inmerso junto a Arturo Lezcano en el proyecto de Ailalelo, su propia productora audiovisual que ya está desarrollando una serie para Movistar sobre el crimen organizado en Marbella.
•Pregunta.- Visita Ceuta en un momento histórico para la ciudad por partida doble, se cumple un año de la crisis de mayo y abre la frontera tras dos años cerrada; por primera vez no viene a trabajar, ¿cómo ve la ciudad?
Respuesta.-Es mi cuarta vez aquí. Esta vez fue coincidencia, me invitó el Centro Gallego a dar una charla, algo que me llena de orgullo. Todas las veces que había venido fue por trabajo, había hecho algún reportaje en El Príncipe, sobre la frontera… y es la primera vez que vengo en otra condición, lo que pasa que la inquietud de periodista no desaparece. Ayer me enteré de que se reabría la frontera y me acerqué a ver qué pasaba con una María, una compañera de El País.
P.- ¿Cómo fue?
R.- Me pasa lo que me suele pasar cuando vengo tanto a Ceuta como a Melilla y es que aquí ocurren muchísimas cosas muy importantes y vitales que parece que no existen. En la Península la mayoría de la gente no se entera ni parece tener demasiada atención mediática. Cuando llegas aquí te sumerges unos días y te das cuenta que pasan cosas trascendentales que ayudan a entender muchas otras cosas y que no tienen, creo, el foco mediático que merecen o que necesitarían tener. El tema de la frontera es uno. Que las fronteras lleven cerradas dos años aquí suponen historias muy duras, casi trágicas para muchos vecinos, ciudadanos que son españoles.
P.- Muchos caballas lloraban de emoción ante la apertura de la frontera.
R.- Son historias muy potentes y duras, y en realidad cruzas el Estrecho y parecen no importar.
P.- ¿Por qué cree que sucede esto?
R.- No sé responder a eso, es algo que ocurre en muchos más sitios. En el imaginario mediático se asocia ciertos sitios a ciertos temas concretos y todo lo que se sale de ahí… Por ejemplo, Melilla la valla, Ceuta el narcotráfico y el contrabando, y hay muchas otras realidades interesantes. El tejido social que hay en esta ciudad es apasionante. Siempre digo que, si un lugar como Ceuta estuviese en otra parte del mundo como Estados Unidos, habría veinte películas, quince series, veinte novelas… porque es un lugar muy particular y singular. Desde el punto de vista periodístico aquí hay material riquísimo.
P.- ¿Qué le llama la atención?
R.- La ubicación tan única de una ciudad europea que está en África, la realidad que eso supone, la realidad transfronteriza, la convivencia entre dos comunidades, pero también me interesa muchísimo el tema identitario. Aquí encuentras perfiles identitarios que no existen en otra parte de España. Hay gente española de generaciones, generaciones y generaciones con un sentimiento de pertenencia a una identidad española indiscutible que son magrebíes musulmanes, y de pronto es como ‘pero bueno no es español’. No. Claro que sí lo es, y es un perfil de español que no existe en otra parte. Y luego a nivel periodístico todo lo que tiene que ver con la radicalización, el narcotráfico, el contrabando, eso es brutal. Todo eso en un cóctel es un material que, para un periodista, un narrador, alguien que le pueda interesar hacer una serie o una película, como es a mí, es apasionante.
P.- Ahora se encuentra inmerso en Ailalelo, la productora que está poniendo en marcha junto a Arturo Lezcano, ¿cómo va?
R.- Ahora mismo es lo que más tiempo y energía me absorbe. Es una apuesta que llevamos a cabo desde el año pasado. Antes estaba en Bambú Producciones, ahí hicimos ‘Fariña’, ‘En el corredor de la muerte’, y me desvinculé con la idea de empezar mi propia productora con Arturo Lezcano que es mi socio. Ailalelo tiene como propósito articular la unión que es más frecuente y más fructífera del periodismo y del audiovisual. Cada vez vemos más series de ficción y proyectos audiovisuales que se dan la mano con el periodismo. Nosotros lo que queremos es ocupar ese espacio, coger nuestras investigaciones periodísticas y convertirlas en series de ficción y en eso estamos. Estamos desarrollando una serie para Movistar sobre el crimen organizado en Marbella.
P.- ¿Cuándo se podrá ver algo?
R.- Si todo va bien, sería un proceso al que le quedaría aproximadamente un año y medio o dos. En el audiovisual nunca se sabe porque son proyectos muy grandes, muy caros que dependen de muchas cosas y de pronto la gente va cayendo en el camino. Vamos poco a poco llevando la serie, también tenemos otros proyectos abiertos. Pero todo son caminos, lentos, estamos arrancando. Ahora es un buen momento, hay mucho interés por el periodismo y hay muchas plataformas con necesidad de producir.
P.- Ficción a partir de investigaciones periodísticas, ¿por qué este formato?
R.- A mí personalmente me atrae mucho. He descubierto un camino en el que hacer periodismo y expresarlo con otro formato y reglas diferentes. Desde la experiencia de ‘Fariña’ me atrajo mucho, y es un mundo con el que he estado familiarizado y siempre me interesó. Además, veía que en España estaba sin explorar, veía otros lugares en los que cogían historias de otros sitios y de repente hacían una serie, película o novela. Ese espacio que ahora sí se está ocupando es dónde yo vi que había un hueco atractivo que a mí me apetecía mucho y que no me desvincula del periodismo.
P.- No hay entrevista en la que no le pregunten por ‘Fariña’, por el éxito de ventas del libro y después la serie, ¿se puede uno llegar a cansar?
R.- Sería demasiado soberbio. ‘Fariña’ me ha cambiado la vida y estoy muy agradecido por todo ese interés y curiosidad por la historia.
P.- Han pasado ya siete años desde su publicación, tiempo en el que han pasado muchas cosas: éxito de ventas, embargan el libro, sale la serie, se hace mediático… ¿qué reflexión saca ahora?
R.- Tenía mucha ilusión por publicar un libro que contase una realidad en la que cualquier gallego indirecta o directamente ha crecido y que yo veía que en otros sitios se publicaba. En esa época antes de escribir ‘Fariña’ salió ‘Gomorra’, veía la serie y decía ‘¿y esto por qué no se hace en Galicia?’. Ni siquiera pensaba en escribir yo nada, de hecho, mi reflexión siempre era ‘ojalá alguien escribiese un libro como Gomorra, pero en Galicia’. Al final, cuando se me dio la oportunidad, yo siempre lo digo, escribí el libro que yo en realidad deseaba leer. Eso fue lo que me movió a mí, no pensaba si iba a funcionar si iba a tener problemas, escribí un poco inconscientemente pensando esto es lo que la gente tiene que saber. A partir de ahí, todo lo que ocurrió no entraba en absoluto en mis planes. Estaba muy satisfecho con el libro, me quedé tranquilo, me gusta lo que hice.
P.- ¿Cómo vivió el secuestro del libro?
R.- Es surrealista. Ni siquiera sabía que era posible que pudieran secuestrar un libro. Al principio, como incrédulo, le preguntaba a la editorial ‘¿a qué te refieres con que lo van a secuestrar?’, ‘¿qué va a ir al policía y lo va a prohibir?’. Y me decían, ‘sí’. Sobre todo, era enfado como periodista. El mensaje que estaba dando un tribunal, una jueza, era que ‘hasta que comprobemos que es verdad, está prohibido’. Y es como, perdona, llevo años trabajando en esto, esforzándome por ser riguroso, lo que me estás haciendo es poner en duda mi credibilidad. Los periodistas vivimos de nuestra credibilidad, sin eso no tenemos nada. Eso me generó mucha frustración y enfado. Además, eso se mezcló con que hubo un foco mediático muy repentino y grande sobre mí que no me gusta y fue incómodo. La parte buena fue que se desestimó todo, y basta que lo prohíbas para generar una curiosidad lógica. Se multiplicaron las ventas, la serie funcionó muy bien, por lo menos, ya que sufrimos vamos a aprovecharnos de esta campaña de marketing no buscada.
P.- Narcotráfico, genocidios, guerra, medio ambiente con los incendios forestales de Galicia, ¿hay algún tema sobre el que todavía no has escrito que te gustaría abordar?
R.- No sabría decir algo concreto, hay cientos de temas sobre los que no he escrito que me generan curiosidad y eso es lo que me mueve, el intento de comprender qué es lo que está pasando ahí. Muchas veces digo que cuando voy a los lugares escribo casi para mí, para entenderlo, como si me estuviera haciendo un favor a mi mismo y de paso se lo explicó a la gente. Estoy muy obsesionado con que el periodismo tiene que ser muy didáctico, sobre todo el reporterismo se romantiza un poco, y queda muy claro que el reportero llegó, pero ¿dónde lo estás contando? Y cuando lo estás contando no entiendo muy bien lo que está pasando ahí. Nosotros tenemos que tener en cuenta que vamos ahí para poder trasmitírselo a la gente que quiere leerlos y somos como una correa de transmisión.
P.- ¿Cuál ha sido la cobertura más complicada que ha hecho?
R.- Cada tema tiene lo suyo. En cuanto a reporterismo vas a sitios que son complicados en los que de pronto llegas a un sitio y tú periodista, europeo hombre blanco, intentas y pretendes que la gente se abra y te cuente sus traumas y lo más íntimo y doloroso que le ha pasado en su vida. Es muy difícil acceder a eso, y encima con una barrera cultural muy grande. Siempre se generan situaciones muy complicadas y que te afectan en lo vital. No es fácil ir a un campo de refugiados, hablar con víctimas de conflictos, ver a los niños que siempre es lo que más te marca… No sé decir nada en concreto, son cosas sueltas. Refugiados que te cuentan que tenían una vida como la tuya y como la mía, estaban en su casa un día tranquilamente viendo la tele y al día siguiente están en una tienda de campaña sin nada. En Sudán del Sur ver a los niños soldado y sus experiencias. Como reportero y como hombre me cuesta mucho llegar, por ejemplo, cuando estuve en Nigeria y Niger haciendo reportajes sobre Boko Haram y nos centramos en las mujeres que habían sido secuestradas… Es muy difícil sentarte ahí delante de una mujer y que te cuente lo más duro que ha vivido en su vida. Son cosas que afectan.