«Todavía me pongo nervioso cuando me toca hacer el reportaje fotográfico de una boda»
ENTREVISTA
Jesús Ballesteros cumple treinta años en la profesión en la que empezó con apenas 16 por pura afición hasta que se enganchó y no pudo dejarlo. El gusanillo de entonces todavía no se le ha ido y es que el día que no lo sienta así, asegura que tendrá que dejarlo
Jesús Ballesteros celebra este 2022 su 30 aniversario dentro de la industria de la fotografía en Ceuta, tres decadas en las que ha inmortalizado bodas, bautizos y comuniones, pero también graduaciones y todo tipo de eventos para los caballas. Con el estudio que lleva su nombre ha conseguido mantenerse al día actualizándose constantemente y renovando su equipo cada cierto tiempo, en este mundo que ha cambiado por completo desde que él empezó. La digitalización, como el mismo opina, ha facilitado mucho el trabajo, pero también ha originado que el oficio se desvirtue ligeramente. A pesar de los treinta años que lleva con una cámara al hombro, que se lesionó hace poco, confiesa que todavía le cuesta sentirse identificado con la palbara ‘fotográfo’.
• Pregunta.- ¿Cómo ha cambiado la industria en estos últimos 30 años?
Respuesta.- Yo empecé con 16 años, cuando cogí mi primera cámara. Fue por afición, me gustaba mucho, iba con ella a todos lados. Tenía una 310, de estas que son alargaditas, que me regalaron. Pronto ya tuve mi primera 35 milímetros, en aquellos tiempos una Olympus o un I4 y después una pentax. Todo manual. Ahí si te salía la foto mal no había automático, además tenían un fotómetro muy rudimentario. Y teníamos que hacerlo todo muy bien porque los carretes valían mucho dinero.
P.- Todo lo contrario a ahora. La digitalización ha hecho mucho, pero ¿para bien o para mal?
R.- A mí el cambio me pillo justamente cuando estaba empezando a trabajar. Tuve que ir a formarme fuera porque aquí. Prácticamente ha cambiado todo desde que empecé, ahora las máquinas te lo hacen todo. La fotografía está al alcance de cualquier persona, hasta de un niño con un móvil te puede hacer una foto. En ese aspecto es positivo. En otro, la creatividad se ha mejorado, pero ha empeorado también.
P.- ¿A qué se refiere?
R.- El fotógrafo profesional para sacar una buena foto se tenía que calentar un montón la cabeza. Tenía que lidiar con las condiciones de luz, de encuadre, enfoque… todo era manual. Yo durante mucho tiempo trabajé con una lente de 50 milímetros. Ahora cualquier equipo fotográfico que regalan los Reyes tiene un 2470, en mis tiempos aquello era el santo grial. Tenías que hacer encaje de bolillos para conseguir una foto buena. Primero tenías el encuadre y el objetivo te limitaba mucho, luego la foto podía salir subexpuesta o sobrexpuesta, tenías que controlar la velocidad, el diafragma, etc. Y otra cosa, se enfocaba completamente manual, ahora todas las cámaras son automáticos. Enfocar una carrera en movimiento era muy complicado. Y encima trabajando con negativos, tenías que hilar muy fino. Lo que hacía el fotógrafo es que te forzaba lo máximo para que desde el principio te saliese lo mejor posible. Sabías que si en ese carrete no te salían bien dos o tres fotos tenías que comprar otro y costaba más dinero.
P.- La tecnología ha facilitado mucho las cosas.
R.- Y ha acomodado al fotógrafo profesional. A mí lo que me concierne más bien es que antes al fotógrafo se le daba una importancia que ahora no tiene. Hay mucha gente sacando fotos para publicar en redes sociales o para enseñar luego a la familia y si su foto no sale bien, no pasa nada, pero si la mía sale mal es mi trabajo el que sale bien. Ese es el problema, cada vez se le respeta menos, se ha desvirtuado mucho.
P.- Cualquiera tiene una cámara al alcance de la mano.
R.- Algo que comento mucho con otros compañeros es que cuando llegan los Reyes Magos traen muchas cámaras de fotos, es la nueva generación de fotógrafos. A los tres o cuatro meses están publicando páginas ofertándose para trabajar. A mí la palabra fotógrafo todavía me impone. He tenido la suerte de conocer a verdaderos fotógrafos que son artistas de la fotografía. Yo intento hacer fotos.
«Después de tanto tiempo, si sigues es porque te gusta. La fotografía es otra forma más de ganarse la vida»
P.- Los treinta años que lleva le avalan.
R.- Este trabajo se rige mucho por las modas también. Duran tres o cinco años y luego se cambia a otra diferente. Tienes que estar constantemente actualizándote y dándole enfoques diferentes. Cada fotógrafo trabaja de una manera diferente, yo particularmente intento que mi trabajo sea diferente al resto. Si haces lo que el resto, llega a aburrirte. Siempre pongo el mismo ejemplo: todo el mundo está haciendo fotos de bebes recién nacidos con diez o quince días, yo recomiendo a los padres que traigan al pequeño cuando sea una poco más mayor que está más espabilado y da más juego. Es sencillo ponerse a bichear un poco, coges la idea de uno y de otro, y estás de moda. Pero el problema no es llegar, es mantenerte.
P.- Y hacerlo durante tres décadas no es sencillo.
R.- Para llegar a eso, primero tienes que estar siempre innovando en material. Yo cada tres años aproximadamente siempre he renovado en el laboratorio, en ordenadores, cámaras, todo. Hemos tenido dos años con restricciones muy severas y no hemos podido cambiar todo lo que nos gustaría, pero sí hemos cambiado fondos, atrezo y ese tipo de cosas. Y segundo seguir formándose. Cuando se ha podido, hemos hecho determinados congresos, cursos, grados superiores. Yo soy fotógrafo, no soy diseñador gráfico y me he tenido que formar para poder controlar los programas. Y no solo eso, también es ampliar su abanico de trabajo. El fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones va a terminar por desaparecer.
P.- ¿Por qué?
R.- Viendo las estadísticas, cada vez hay menos bodas y muchas de las que se celebran, las fotos las hace un amigo o primo. Lo mismo con los bautizos y comuniones. Si no te actualizas y empiezas a trabajar con publicidad, diseño, estudio, etc. llega un momento que desgraciadamente, y en esta ciudad está pasando, en el que muchos estudios de fotografía están cerrando. Hay mucha gente que hace fotos, te metes en cualquier plataforma digital o red sociales, y hay muchos, pero cada vez menos estudios.
P.- ¿Qué diferencia al fotógrafo de los aficionados?
R.- Debe intentar que la calidad de la imagen y el servicio que le des al cliente no se lo pueda dar otra persona. Un trabajo fotográfico que yo realizo, como la mayoría de la gente se lo está dando en un pendrive, yo, independientemente, te lo puedo dar en el álbum de la mayor calidad que hay ahora mismo en el mercado que eso no te lo va a poder dar casi nadie. Luego la infraestructura que yo tengo en mi estudio no la tiene todo el mundo y luego en el resultado se nota. Un trabajo de publicidad, de tu boda, de las fotos de la graduación de tu hijo o un evento importante, si las fotos salen mal no se va a poder repetir. Un fotógrafo profesional, además de la calidad, te da la garantía de que ese trabajo va a salir bien, es que te estás arriesgando a que el día más importante de tu vida no salga todo lo bien que debiera.
P.- Se trata de ofrecer profesionalidad en todos los trabajos que se realicen, ¿no?
R.- Yo intento que mi trabajo sea más amplio, a parte de que me gusta hacer cosas diferentes. Un día estás haciendo fotos de graduación de un colegio, al siguiente de arquitectura, luego una boda, también es que te llena como profesional hacer cosas diferentes.
«La fotografía se está devaluando, cualquier persona que tenga una cámara se cree fotógrafo»
P.- ¿Cuál es la parte más desconocida de la profesión?
R.- Las horas que echamos. La gente lo ve como un trabajo muy creativo, pero echamos muchas horas delante del ordenador. Parece que es sacar las fotos y ya, pero luego hay muchas horas de edición por detrás. Es como si a un corredor de cien metros lisos le dices que solo corre ese minuto que dura la carrera, pero es que antes se está preparando y entrenando. La gente desconoce el trabajo de edición que hay porque no lo ve, tampoco toda la preparación previa. Si hay que hacer una sesión de publicidad o modelaje, tienes que ver dónde lo vas a hacer, cuándo, en qué momento del día para que la luz sea la óptima. Si haces una foto en levante no va a salir de la misma manera que en un poniente con un atardecer que tenga unas luces asombrosas.
P.- ¿Esperaba llegar hasta donde está cuando empezó?
R.- No. A mí me gustaba mucho, me iba a la calle o al campo con la cámara. A todo bicho viviente le hacía una foto, me encantan los animales. Es otra de mis pasiones, junto a la fotografía. Hacía fotos porque me lo pasaba bien y me gustaba meterme en mi mundo. Al final, te van enganchando, van pasando los años y te hace sentirte bien contigo. Lo bueno que tiene está profesión es que estás captando momentos inolvidables que el tiempo da la noción del recuerdo. Eso lo decía uno de mis maestros fotográficos. Ahora estamos haciendo las orlas de los más pequeños, ese niño cuando dentro de diez años se vea con su birrete se va a echar a reír. Tengo clientes a los que he hecho fotos desde su bautizo y el año que viene se casan, es muy bonito. Hay una complicidad con esa persona que es importante. Le has hecho la foto de carnet para sacarse el permiso de conducir y te dice ‘Oye, Jesús, mira es que he dormido mal, quítame las ojeras’. Son momentos bonitos porque pare él o ella es importante, aunque se trate de lo más sencillo para un fotógrafo.
P.- Los acompaña en momentos vitales.
R.- El trabajo con los pequeños, cuando ya tienen una edad, es increíble, yo me río mucho, son muy espontáneos. Nosotros llevamos muchas cosas para sacarles una reacción, pero los profesores me han ayudado muchísimo, sobre todo, durante el tiempo de pandemia. Su apoyo ha sido muy importante, al menos para mi empresa. Hacerle una foto a un niño cuando llevas la mascarilla puesta y no te puede ver la cara es difícil porque hay una barrera. La comunicación con el pequeño es importante.
P.- Después de tanto tiempo, imagino, que la fotografía es algo más que una profesión.
R.- Mi trabajo está muy presente en mi vida diaria. Tengo la suerte de que mi mujer también es muy aficionada a la fotografía. Al final, involucras tu trabajo con tu vida. Después de tanto tiempo, si sigues es porque te gusta y te llena. Es otra forma más de ganarse la vida como otra cualquiera, son muchas horas de trabajo y quebraderos de cabeza.
«No es falta de confianza, es responsabilidad sobre lo que estás haciendo»
P.- ¿Recuerda alguna foto o sesión en concreto que fuera especial?
R.- Los padres de niños con TEA y TDHA vienen preocupados a sacar una foto a su hijo, lógicamente tienen una dificultad para hacer ese trabajo, pero te adaptas. Después de dedicarle un tiempo y una atención y el trabajo sale bien, la satisfacción es buena, pero lo es más ver como los padres se relajan al ver su niño o niña con una sonrisa y pasándoselo bien. Plasmar la sonrisa de un niño en una fotografía, en el colegio, en un estudio, en cualquier sitio, a mí llena. Con los niños me río mucho. También me rio con otros trabajos de publicidad. Hay unos más serios que otros, que haces a tú ritmo.
P.- ¿Cómo gestiona que los recuerdos de un día importante de una familia o de alguien dependan en gran medida de su trabajo?
R.- Es complicado muchas veces. Bodas, bautizos, comuniones, graduaciones, o un cumpleaños, yo les doy la misma importancia a todas. Estás congelando un momento importante en la vida de una persona. Cuando te piden hacer un reportaje de una pedida de mano te están pidiendo tener el recuerdo de cuándo le pediste la mano a tu futura mujer, como falles… Puede pasar, no somos infalibles, trabajamos con maquinaria, aunque hoy en día esté todo muy asegurado con doble copia de seguridad y todo. Todavía me pongo nervioso con una boda. Siempre tengo dialogo con los novios para que estén tranquilos, que se lo pasen lo mejor que puedan que yo solo voy a estar ahí sacando fotos. No deja de ser un momento inolvidable que tu quieres revivir tal cual, que sea natural. Todavía tengo ese gusanillo en el estomago porque es mucha responsabilidad. Y por las noches cuando llego a casa, hasta que no descargo todo el material no estoy cien por cien tranquilo.
P.- No imagino como sería antes.
R.- Pasábamos todo el fin de semana sudando hasta que no conseguías revelar el negativo y ver que había salido bien. Es una de las ventajas de la digitalización, se puede comprobar al instante. Antes, a lo mejor te dabas cuenta que el flash no lo habías puesto a la velocidad que correspondía hasta que no lo relevabas y veías que habían salido dos fotos mal. Yo sigo teniendo la manía de que lo primero que hago es una copia de seguridad.
P.- Sino no se queda tranquilo.
R.- Cuando yo ya no siente ese gusanillo, que lo haga un poco más pasota, llegará un momento que dejaré mi trabajo. No es falta de confianza, es responsabilidad sobre lo que estás haciendo. La fotografía tienes que sentirla, no es algo automático ni un trabajo repetitivo.
«A mí la palabra fotógrafo todavía me impone, yo solo hago fotos de calidad»
P.- Tres décadas trabajando, se cierra una etapa, ¿cuáles son los planes de futuro?
R.- Llegará un momento en el habrá que parar. Antes hacía tres bodas en un fin de semana, ahora, a parte de que casi no hay bodas, solo hago una. Te vas adaptando al potencial de tu cuerpo, además tras la lesión del hombro no puedo forzarlo más de la cuenta. Yo tengo ganas de seguir y ya llevo treinta años.
P.- ¿Qué conclusión saca de todos estos años?
R.- Valorar a los profesionales. A mí me gusta mucho la fontanería y la mecánica, pero cuando tengo que cambiar el aceite del coche voy al taller porque, aunque yo sepa hacerlo, ¿luego que hago con el aceite? El profesional sabe lo que tiene que hacer después. Lo mismo pasa con la fotografía, se está devaluando, cualquier persona que tenga una cámara se cree fotógrafo. Siempre pido que no se tomen a la ligera la contratación de un trabajo, como la graduación de un hijo, una boda, bautizo o cualquier evento que es irrepetible.