El Kanka entrega su corazón a Ceuta en las Murallas Reales
CULTURA
El cantautor andaluz se deja la piel en las Murallas Reales de Ceuta presentando su quinto álbum `Cosas de los Vivientes´ en la noche del jueves, como parte del Verano Cultural 2023.
El calor ceutí se ha mezclado con el fuego que El Kanka y sus músicos han desprendido a través de sus guitarras esta noche de jueves. Con las Murallas Reales como escenario, el malagueño `que se fue de su planeta´ ha hecho vibrar a los ceutíes en la presentación de su quinto álbum `Cosas de los Vivientes´. El espectáculo de cuerdas y ritmos diversos ha comenzado con la primera canción del nuevo disco, Autorretrato. Y después de abrirse en canal ante los fans cuyo entusiasmo hacía rebosar el recinto, la energía positiva invadió todas las almas allí presentes.
Minutos antes de rasguear el primer acorde, El Kanka aguardaba en su camerino mientras sus admiradores esperaban en la cola que los llevaría al espectáculo de emociones. Ya lo avisaba el artista antes del concierto: “venga más o menos gente, espero que todos se lo pasen guay”. Las entradas vendidas rondan las 500 unidades, sin embargo, pese a los claros de la pista a minutos del comienzo, se intuye que lo que va a ocurrir dejará huella.
Lo sabe cualquiera que observa la sonrisa enorme que María José despliega sobre su barbilla. “Estoy aquí con mi marido, mis hijos y mis nietos”, y continúa riendo, como si fuera inevitable, con el brasileño ritmo de la bossa nova de fondo. “A El Kanka lo descubrieron los más jóvenes de mi familia, pero después a nosotros también nos encantó”, confiesa la risueña mujer, que no puede dejar de cantar las letras del afortunado malagueño.
Repentinamente, el suelo de la pista comienza a notar mayor pesadez. Los huecos parecieran ya inexistentes. Todo el que acude en busca de un buen sitio en primera fila lo hace con un brazo elevado sobre su cabeza, avanzando con pequeños saltos de alegría. Pareciera que El Kanka y sus músicos despliegan sobre su público un manto de regocijo fuera de lo común.
Puede alguien haber asistido a espectáculos más multitudinarios, pero rara vez habrá presenciado una escena de mayor química y conexión entre artista y admiradores. María José tiene claro el porqué, para ella y toda su familia El Kanka “expresa los sentimientos humanos de una manera maravillosa, con sencillez, sin impostura...”. “Y el ritmo que tiene el tío... ¡Si es que somos fans! En casa lo ponemos muchísimo para levantarnos el ánimo, es genial”, confiesa con ímpetu la cantarina.
A su lado, un señor de camisa blanca, con un leve balanceo bailarín, permanece atónito observando lo que ocurre en el escenario. Es el marido de María José, y lo está disfrutando casi tanto como ella: “Lo que me gusta de El Kanka son sus letras, son muy profundas y muy importantes. Y, además de profundas, son frescas”. Más allá de la simpática familia que usa al cantante como banda sonora en las comidas familiares, la pista permanece llena de grupos de personas, todos compartiendo la experiencia de unidad que la música brinda.
Un chico de ojos claros posa su brazo dulcemente sobre el hombro de quien pareciera ser alguien especial. Son Andy y Blanca, de no más de 28 años, una pareja que, como otras muchas, se abraza al compás de los acordes. El admirador de El Kanka es Andy, tan malagueño y músico como el protagonista del concierto: “Lo mejor que tiene El Kanka es ser de Málaga. También he tocado canciones de él con mi grupo, me gusta mucho su buen rollo. Cuando lo escucho pienso en Andalucía”, afirma el chico reivindicando los orígenes del cantante.
Mientras tanto, de fondo, El Kanka combina sus variopintas canciones con breves y ocurrentes monólogos que consiguen zambullir al público aún más, si cabe, en el “buenrollismo” que su equipo transmite. Junto a la pareja enamorada, dos chicas se balancean apoyadas la una en la otra, como si, más allá del bullicio y la cerveza injerida, aún prestaran atención a la belleza que reside en la sencillez de las letras de Juan. Judit y Marta sueltan un breve chillido de emoción al oír unos acordes que les resultan familiares. Tras cantar a pleno pulmón el éxito `Lo mal que estoy y lo poco que me quejo´, Judit rememora las largas noches en las que El Kanka estuvo presente: “Con El Kanka vuelvo a mis orígenes, me recuerda a mi época universitaria. He pasado muchas noches en vela estudiando y era su música la que me acompañaba”.
Algo estará haciendo bien el humilde cantautor cuando la respuesta es homogénea: su música es especial gracias a sus letras. Eso opina también Pili, al igual que sus apasionados amigos. “Sus letras transmiten mucho, dicen muchas realidades. Por ejemplo, Para Vivir es genial, o sea, esa lo describe todo...”, afirma Pili emocionada.
Su amigo Francisco Javier la corta, no puede esperar para confesarse incondicional del andaluz: “Sus canciones me emocionan mucho, me siento muy identificado con sus letras. La verdad es que lo escucho a diario”. Y, por último, Joaquín. El moreno de sonrisa impenetrable sigue al Kanka desde sus inicios: “Me parece un puto artista, hace unas letras de cantautor que me encantan. Siempre me lo pongo para animarme, me da alegría y `subidón´”.
Con anchos vasos de plástico entre las manos, los oyentes escuchan atentos las palabras que el artista, espontáneamente, decide dedicarles. “Yo pienso mucho en la muerte”, sentencia, para continuar con una reflexión acerca de la vida más allá. También se queja de la humedad, apoyado por sus músicos, que de vez en cuando comparten impresiones a través del micrófono.
La complicidad entre los músicos, la mayoría multinstrumentistas, es notoria. El chico del teclado lo es también del saxofón y del acordeón, consecuencia de la heterogeneidad de estilos musicales que El Kanka abarca. Podrían parecer los olvidados, pero los músicos presentes bajo el escenario observan cada movimiento de los instrumentistas. Es el caso de Cristian, un carnavalero ceutí asombrado con la banda: “Todos los músicos que acompañan a El Kanka son una pasada. Sus canciones me hacen sentir muchas cosas. A mí es que me gusta mucho la música. Siento frustración con sus canciones porque los acordes son muy difíciles”, bromea con sinceridad.
De entre todos los admiradores que presencian el derroche de energía del malagueño, una chica se enorgullece de haber visto a El Kanka dar sus primeros pasos. María, amiga de Cristian, ya cantaba las canciones del artista cuando solo tocaba en pequeñas salas de Barcelona: “Cuando aún nadie lo conocía yo ya lo escuchaba en concierto. Me gustan sus letras, la fusión de estilos, los temazos que saca.... Me inspiran las letras, sobre todo de los primeros discos, de las viejas me las sé todas. También Alvarito me encanta, el guitarrista... Adoro a la banda”.
Y todos los presentes, unidos por la música y la alegría, permanecen en el interior de las iluminadas Murallas Reales, atentos a las canciones que una vez Juan Gómez escribiera en el calor de su casa. Puede que no piense en ello mientras compone, pero sus poesías tienen el poder de penetrar en el alma de quienes, inútilmente, que diría Oscar Wilde y referenciaría el propio Kanka, piensan que el arte puede sanar. “Gente maravillosa de Ceuta, espero que lo paséis de puta madre”, manifestaba El Kanka horas antes de empezar el concierto. Y Ceuta gozó durante dos horas del corazón de El Kanka, que quedará para siempre impregnado en las Murallas Reales.