Las huellas de Portugal en Ceuta siguen imborrables 608 años después
CULTURA
En el aniversario de la conquista lusa sobre nuestra ciudad, el cronista José Luis Gómez Barceló nos explica el legado que el país vecino dejó en Ceuta
Durante la madrugada del 21 de agosto de 1415 el rey Juan I de Portugal desembarcó en Ceuta junto a 20.000 hombres a bordo de 200 navíos tras una larga campaña que culminó con la conquista de nuestra ciudad. El tiempo no ha borrado la historia y 608 años después se continúa recordando cómo empezó esta etapa de la memoria ceutí, que culminó en 1640 y que sin duda dejó una importante estela en nuestra ciudad. Una de las personas más expertas sobre esta historia es el cronista oficial de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, que nos explica la conquista de la ciudad por los portugueses.
“En el siglo XV la reconquista de territorios por parte de Portugal estaba acabada por la expansión de Castilla”, comienza explicando Gomez Barceló. Debido a su situación, el país luso buscó otros horizontes en el norte de África y fijó su mirada en Ceuta. En un primer momento los portugueses discutieron si debían “permanecer en la población o simplemente hacer un botín e irse”, continúa el cronista. Finalmente, Juan I de Portugal decidió asentarse en la ciudad, que dominaría durante todo el siglo XV y gran parte del XVI.
La conquista de Ceuta tenía distintas finalidades, “desde acabar con la piratería en el Estrecho, intervenir rutas económicas o expandir la religión, hasta poner sus miras en otros territorios africanos”, indica el cronista. De hecho, Portugal comienza conquistando Ceuta pero continúa haciéndose con plazas costeras por el resto de África hasta llegar a tomar el Cabo de Buena Esperanza. “Esa es su ruta para llegar a las Indias. Así como España fija su ruta atravesando el Océano Atlántico, ellos lo hacen rodeando el Cabo de Buena Esperanza y costeando toda África”, subraya Barceló.
En 1580, una crisis de sucesión en suelo luso dejó el trono de Portugal en manos del rey español Felipe II, de madre portuguesa, lo que unificó los dos países ibéricos durante sesenta años. Portugal recuperó su independencia de España en 1640, pero la ciudad de Ceuta decidió no reconocer como rey al luso Juan IV y permanecer bajo los dominios españoles.
A pesar de que desde entonces Ceuta pertenece a España, es innegable que Portugal impregnó una gran huella en la constitución de Ceuta; principalmente al pasar de una medina a una ciudad europea. “También tiene una enorme trascendencia en todo lo que es la definición de su fortificación y su defensa”, resalta Gómez Barceló. Como ejemplo, encontramos el Foso Real, que no solo “es una pieza útil porque permite pasar de una bahía a otra sin tener que rodear el Monte Hacho”, sino que además es un atractivo turístico y monumental “indiscutible”. Asimismo Portugal tuvo efectos en la organización del Gobierno ceutí, porque parte de los fueros y privilegios con los que dotó Portugal a Ceuta “se han transformado en su seña de identidad”, señala el historiador. Así, durante los años se han traspasado valores históricos “desde la Cámara Portuguesa hasta llegar a la Asamblea de Ceuta”.
Por otra parte, en un sentido simbólico nuestro escudo también es heredero del Reino de Portugal y nuestra bandera, la de San Vicente, heredera de la de Lisboa. Parte de nuestras devociones, indica Gómez Barceló, “son imágenes traídas por Portugal, como la Virgen de África o la Virgen del Valle”. Además el estandarte real es la pieza con la que se toma posesión en nombre de Felipe II de Portugal y el símbolo de Gobierno de Ceuta continúa siendo el bastón de don Pedro de Meneses, primer gobernador de la ciudad. En este sentido en sus veintidós años de Gobierno se originaron símbolos y se consolidan logros e instituciones que constituyen la esencia y el fundamento de la Ceuta de hoy: el Escudo de Ceuta, el Pendón Real, la bandera blanca y negra, el Ceitil (una moneda Ceutí) y el bastón de mando.
Este último se remonta al día en el que don Pedro Meneses, que en ese momento era alférez del Infante don Duarte (heredero al Trono de Portugal), se ofreció voluntario para ser capitán General de Ceuta. Entonces el futuro gobernador de Ceuta portaba un palo (Aleo) con el que practicaba un juego de campo de la época. Tras varios día encontrándose reticencias en todos los capitanes para aceptar el puesto, el rey le confió el mando de la Ciudad a don Pedro Meneses y le entregó el palo como Bastón de Mando. Desde entonces todos los Generales que acceden al mando de la guarnición de Ceuta renuevan esta tradición medieval jurando defenderla sobre el Aleo.