Riki, el perro militar al servicio de España que ya disfruta de su ‘jubilación’ en Ceuta
EJÉRCITO
Tiene 11 años recién cumplidos y entre sus memorias se encuentra el rescate de personas o la detección de explosivos, pero una displasia fue el detonante de su jubilación, que comenzó con la adopción
Los años de trabajo llegan a su fin para todos, incluso para Riki, el perro militar que tras sus días de incansable labor al servicio del Ejército de Tierra, ahora disfruta de sus años de jubilación en Ceuta. Este pastor alemán de 11 años es un caballa más, que gracias a la adopción por parte del capitán Rafael Sainz, disfruta de sus días de descanso rodeado de una familia y un gato, quienes ya son parte de vida. Sin embargo, la historia de Riki comienza años atrás, cuando ejecutaba tareas de rescate de personas. Unos trabajos que terminaron cuando Riki “dejó de ladrar”, explica el capitán Sainz, según lo que le relató “el guía que tenía” el canino es cuestión. A consecuencia, el pastor alemán fue enviado a la especialidad de búsqueda de explosivos. Riki, incluso ha estado de operación en Líbano.
Cuando el canino llega a Ceuta, lo hace más concretamente al Regimiento de Ingenieros nº7 (El Jaral), lugar en el que prestó servicio desde 2016, “haciendo labores de seguridad” en “diversos actos”. En este contexto, el capitán Rafael Sainz recuerda que “los perros trabajan antes de que llegue la gente por si hubiese algún peligro”. Pero los días de servicio terminaron para Riki con la llegada del año 2020, cuando “con 7 años empieza a mostrar displasia”. A consecuencia, Riki fue enviado a Madrid, donde “le hacen la valoración y dicen que este perro ya no puede trabajar y lo jubilan”, explica Sainz. Fue entonces cuando la historia ‘de retiro’ del pastor alemán empezó a tomar forma. “Ante la dificultad que conlleva el poder donar esta clase de perros de trabajo, deciden traerlo. Al cabo de un tiempo, al guía lo destinan a otra plaza, a Canarias. Y el perro queda aquí al cuidado de la Unidad, que se hace cargo de él y monta un servicio de atención. Los fines de semana subía alguien a darle una vuelta, a limpiarle, a darle de comer…”, sostiene Sainz.
Pero las vueltas de la vida tenían preparado para Riki otro final para sus días. El capitán Rafael Sainz llega a Ceuta en el año 2022 y es en ese momento cuando se encuentra con Riki. “El perro estaba muy bien atendido, estaba muy bien cuidado, pero estaba solo. Cada vez que veía a alguien de verde, se ponía como loco, empezaba a dar vueltas, cogía una botella y solo quería jugar, jugar y jugar”. Entonces es momento de un cambio de vida. “Llego aquí y al principio estoy en una residencia pero al final me dan un pabellón militar. A consecuencia, se viene mi novia y decidimos adoptarlo para llevárnoslo a casa”. Una decisión que Sainz tomó y que tras la luz verde del cabo, Sainz “se acerca a una veterinaria para ponerlo a su nombre”. Una historia canina, cuyo vínculo con el capitán comenzó el pasado mes de noviembre. Desde esas fechas ya es uno más del hogar, tras años al servicio de España.
La merecida jubilación de Riki
Aunque es un pastor alemán “muy bueno y muy inteligente”, Sainz constata que “ha costado adaptarlo. Imagínate con diez años empezar a acostumbrarlo a salir tres veces al día, a irle dosificando la comida por la displasia…”. Pero Riki se adaptó perfectamente, sin embargo, el proceso costó lo suyo. “Él siempre quería jugar, cuando estaba con nosotros no era capaz de descansar. Yo lo he tenido una hora y media en el salón de casa dando vueltas a una columna. Entonces, por suerte tengo un patio interior y lo iba adaptando, lo iba introduciendo en casa poco a poco”, afirma Sainz añadiendo que “yo veía desde la ventana que cuando estaba solo en el patio estaba tranquilo, se tumbaba, descansaba. Poco a poco lo iba metiendo más tiempo dentro de casa y lo volvía a sacar para luego volverlo a meter. Hasta que un día de repente durmió con nosotros. Se tumbó en la habitación y no sabemos cómo, pero durmió con nosotros y estuvo toda la noche tranquilo”.
Un proceso de adaptación que ya ha llegado a su fin, por lo que Riki disfruta con plenitud de su etapa final de la vida adaptado a un nuevo hogar. “Ahora ya hace sus cosas en la calle, él te lo pide. Ha sido complicado, pero él es muy listo, muy listo. Es muy inteligente. Al principio él veía que el gato que tenemos hacía las necesidades en su cajón y él también lo intentaba, lo ponía todo pringado. Era un espectáculo, es un perro muy inteligente”.
Sobre la displasia canina
Esta patología ha sido definida por el Colegio de Veterinarios Cirujanos de Estados Unidos como “un problema que los perros comienzan a tener cuando crecen y causa inestabilidad o falta de ajuste (laxitud) en la articulación de la cadera (figura 1). Esa laxitud en la articulación de la cadera es responsable de posibles signos clínicos (síntomas) de dolor de cadera y disfunción de la extremidad y también de cambios progresivos en la articulación. La articulación de la cadera es una enartrosis, es decir, está formada por un elemento en forma de bola y otro en forma de copa; el movimiento anómalo continuo de la cabeza del fémur (la bola) deforma el acetábulo (la copa). La respuesta a largo plazo ante esta laxitud articular es la pérdida progresiva de cartílago, la formación de tejido cicatricial alrededor de la articulación y el desarrollo de osteofitos (protuberancias de hueso) alrededor de la bola y la copa”.
A este respecto, el ACVS explica que “La causa de la DCC es multifactorial, pero los factores hereditarios (la genética) son el mayor factor de riesgo aislado. Ganar peso con rapidez y el crecimiento por un exceso de alimentación pueden complicar el desarrollo de la DCC. La displasia de cadera se presenta sobre todo en razas de perros grandes”.