Andrea y Saúl o el ejemplo de que la Semana Santa tiene futuro en Ceuta
ESPECIAL SEMANA SANTA 2024
La diputada de Menores del Encuentro acompaña a un niño en cada estación de penitencia. Este año espera ir de la mano de su hermano, de tan solo 15 meses, vestido de monaguillo
De pequeña, Andrea Fernández Espinosa rogaba a su abuela vestirse de nazareno todos los días de la Semana Santa. No le bastaba con acompañar a las imágenes de la Hermandad del Encuentro durante las casi seis horas que se prolonga la procesión del Martes Santo en Ceuta. Bautizada en la capilla “del Nazareno”, fue su padre quien le contagió la sed cofrade. Ahora, con 23 años a punto de cumplir, es ella la encargada de mantener la herencia familiar. Diputada de Menores del Encuentro, cada año realiza su estación de penitencia acompañada de un nuevo miembro de su núcleo. Este 2024, le toca a su hermano, Saúl Dueñas Espinosa, que con 15 meses será uno de los monaguillos más jóvenes de la ‘Semana Mayor’ ceutí.
Tenía algo más de un año cuando salió por primera vez en una procesión. Pero no lo hizo de nazareno, ya que su familia no lograba hallar una túnica de un tallaje tan minúsculo. En su lugar, la vistieron de costalera. También se ha colocado la sotana roja y la sobrepelliz de los acólitos y ha portado el incensario o el libro de reglas. Y el clarinete. Formaba parte de la Banda Municipal de Ceuta. Ahora se limita a tocar como contratada con una agrupación malagueña. “Del cortejo creo que no me falta nada. Nunca he cogido varas, eso es lo único”.
Puesta a elegir prefiere no decantarse. Todas las indumentarias le sirven para realizar su penitencia, y con eso le vale. Hubo un tiempo en que Andrea no se conformaba con salir en el Encuentro. Durante aquellos años en que suplicaba a su abuela vestir la túnica blanca de antifaz morado cada día de la semana, la ceutí acompañaba también a los titulares de la Flagelación y del Resucitado. Y no se cansaba, como ocurre con los muchos niños que acompañan a los Titulares en cada procesión. Lamentándolo, reconoce Andrea que el número de menores “va decreciendo”.
“Depende del año”, pero le gustaría que se incentivara a la cantera. Y la única forma de hacerlo, en su opinión, es que, como sucedió en su caso, la motivación parta del ambiente familiar. “Creo que los niños quieren salir porque ven a sus padres de nazarenos, así que deben ser los familiares los que inculquen la tradición”. De lo que sí puede enorgullecerse es de que su hermandad es la segunda de Ceuta con mayor número de penitentes, por detrás de la Amargura. Esta última, afirma, cuenta con un gran número de niños: “Al ser una hermandad de barrio, todos los niños salen”.
Por ella no quedará el intento. Cada año que nace un niño en su familia, Andrea los saca en procesión, cogidos sobre sus brazos. Primero lo hizo con su primo, después con su prima, y así hasta que este 2024 lo hará con su hermano Saúl. La herencia familiar permita que las túnicas se vayan heredando. Las suyas de pequeña fueron heredadas por sus primos. Las que no sirven a ninguno de sus allegados, las donan a la hermandad. También guarda su traje de incensaria, que le confeccionó su abuela. La túnica de nazareno que ella porta hoy en día es alquilada a la Hermandad, lo cual agradece: “Las hermandades ponen muchas facilidades para que salgamos en la procesión”.
Es por esto que, considera, las cofradías no deben ser responsabilizadas del decrecimiento del número de penitentes. Insiste en que la motivación debe partir del hogar. “Si la familia lo inculca desde pequeños al final el niño siempre querrá salir”. Incluso, añade, existe la posibilidad de transportar al menor en un carrito durante la estación de penitencia. No valen las excusas para Andrea Fernández Espinosa, quien no dejará de predicar la necesidad de continuar con la tradición, para que la Semana Santa de Ceuta tenga futuro. Este 2024 seguirá predicando con el ejemplo. Esta vez, con especial ilusión. De la mano de su querido hermano Saúl.