Las ‘duras’ restricciones al paso de alimentos por la frontera apuntan a Delegación

ECONOMÍA

Los residentes ceutíes han visto que se han incrementado los controles sobre productos básicos para la cesta de la compra, además de las sanciones económicas

FOTO REDUAN
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La frontera del Tarajal sigue dando que hablar. Volver a la situación prepandemia parece cada vez más una utopía en un lugar de tránsito constante entre Marruecos y Ceuta que fue en su tiempo uno de los principales motores económicos de la ciudad autónoma. Al cierre de la aduana al comercio ‘informal’ y las trabas para -como se prometió- abrir una nueva o no aceptar por parte del país vecino los nuevos visados de 24 horas para las trabajadoras transfronterizas se le une ahora un problema que afecta directamente a los usuarios, sobre todo del enclave español: las restricciones cada vez más ‘duras’ al paso de productos básicos para la cesta de la compra de los ciudadanos -entre otros obstáculos-, que se exponen a sanciones económicas por parte de las autoridades.

Las competencias en este caso recaen en el Gobierno central, por lo tanto en Delegación. Aún así, partidos políticos y algunas asociaciones no desvinculan del todo al Ejecutivo local. Decenas de usuarios también han transmitido sus quejas a través de redes sociales tras una experiencia en la frontera que, consideran en general, ‘mejorable’. En el último Pleno de la Asamblea, desde MDyC, se interpeló al Gobierno del presidente Juan Vivas sobre las medidas que está llevando a cabo la Ciudad, principal interlocutor entre la población y la Delegación, para encontrar una solución a corto plazo.

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El partido localista, usualmente crítico con la gestión de la frontera, también denunció que se exponga a los ciudadanos a “controles exhaustivos” por parte de las autoridades, que “ridiculizan a familias enteras” a la hora de cruzar por El Tarajal. “Queremos saber las instrucciones que recibe la Guardia Civil por parte de la Delegación”, exigió el diputado de MDyC, Mohamed Ali Duas, el pasado ocho de abril durante el Pleno. “Están realizando funciones que no son de su competencia, contando patatas, tomates y tortas de pan”, añadió el político. El último tríptico presentado por Delegación situaba en 10 kilos la cantidad máxima entre frutas y verduras. Por parte de la Ciudad, la consejera de Hacienda, Kissy Chandiramani, se escudó en la “falta de competencias” para llevar a cabo cambios.

“Es difícil de explicar. Es como un diálogo de sordos. Mientras Marruecos, una vez reabierta la frontera, aseguró que no iba a dejar pasar ni un ‘Danone’, desde Delegación se respondió con unas medidas restrictivas al paso de productos de origen marroquí que se mantienen y se han endurecido notablemente”, lamenta Abdelmalik Mohamed, presidente de la Asociación de Residentes de Ceuta.

Los usuarios pagan

Abdelmalik admitió que se ha “ralentizado mucho” el proceso en comparación al periodo prepandemia, aunque no se atreve a dar por hecho los motivos. “Marruecos tendrá los suyos y España también, pero los ciudadanos que cruzan son los que pagan el desaguisado. Es evidente que la cordialidad de la que alardean algunos políticos no alcanza a favorecer a la gente sencilla, aquella que solo busca pasar y que nadie les pare para fiscalizar las cosas que llevan”, sostiene.

Quejas hay “muchas”. Así lo confirma tanto el presidente de la Asociación de Residentes de Ceuta, como MDyC y decenas de usuarios que comentan en redes sociales sus casos personales diá tras día en una frontera que parece cada vez más compleja. El partido localista especificó que en Melilla los controles “no son tan exhaustos”. Abdelmalik, aunque asegura no tener conocimiento sobre los acontecimientos en la ciudad hermana, confirma que las reclamaciones son constantes en este enclave. “Sobre todo llegan críticas cuando la Guardia Civil requisa productos a familias. Una de las soluciones que contemplamos es que desde la Delegación del Gobierno se revisen los procedimientos y se dulcifique su política de restricciones”, comenta.

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El presidente de la Asociación de Residentes incide en que “la situación no es fácil para nadie”, refiriéndose tanto a Marruecos como a España, en este caso Ceuta. Muchas familias del país vecino vivían de sus visitas a la ciudad autónoma, afirma, pero también existían muchos ciudadanos ceutíes que se beneficiaban del anterior régimen, “más flexible”.

“Para ellos Marruecos era una válvula de escape, un lugar en el que podían comprar algo más barato y así poder llegar con un poco más de holgura a fin de mes. Ahora las cosas han cambiado. Tienes que tener cuidado con lo que traes pues podría acabar en un contenedor de basuras, eso mismo que antes podía pasar sin ninguna objeción. Malestar claro que hay, y mucho”, cuenta tajante Abdelmalik.

El encargado de esta asociación dedicada a la frontera y en constante contacto con Marruecos ve claro que la principal solución a estas trabas “constantes” pasa por que haya una interlocución entre ambos países. “Tiene que ser un diálogo sincero y sin miedos. El problema principal es que no existe esa interlocución. Las instituciones ceutíes no están preparadas para ese diálogo y Marruecos es consciente de esa situación”, concluye Abdelmalik.

La ‘pelota’ se la pasan entre Ceuta, el país vecino y la delegación del Gobierno…Mientras tanto el conflicto continúa. Los usuarios pagan las consecuencias. Guardias Civiles pesando ‘al milímetro’ verduras y necesitados de apoyo de una empresa de seguridad privada -Eulen- con un futuro incierto. Colas excesivas, controles rigurosos, contenedores llenos de comida requisada, una nueva aduana comercial que ni está ni se le espera, un visado para las transfronterizas de 24 horas que ya no se acepta…Complejidad constante en una de las principales fronteras que une España con el continente africano.

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