Antonio Ruiz, el granadino que luchó por una Farmacia “ética y respetada” en Ceuta
SOCIEDAD
Homenajeado con el Escudo de Oro de la Ciudad o la Medalla de Honor del Consejo Andaluz, el farmacéutico ya jubilado compaginó su puesto como funcionario con la gestión de la botica de calle Jáudenes, sumado a la presidencia del colegio oficial durante casi 30 años
El farmacéutico granadino Antonio José Ruiz Moya (1950) protagonizó un “caso único” entre los colegios oficiales de su profesión. En las elecciones de 1987 del Colegio de Farmacéuticos de Ceuta (1936), “el más joven de España”, su nombre estuvo incluido en las dos candidaturas presentadas. En una como secretario y en otra como vicepresidente. Reconoce que “algún pique” había, pero él trató de mantener el equilibrio. Ganó la segunda, sin esperar Moya que, un año después, su presidente moriría forzándolo a sustituirlo. Desde 1988 y hasta 2017 se mantuvo en un puesto de “mucha responsabilidad” en la que, junto a muchos otros “compañeros”, logró “reconducir” la “mala práctica profesional” normalizada entonces para instaurar un ejercicio “adecuado al prestigio de la profesión”, que hoy en día es “ética y respetada”.
El despacho del longevo sanitario, ubicado al fondo en la Farmacia-Ortopedia ‘Ruiz’, atesora decenas de títulos enmarcados y dispuestos sobre sus paredes. Su licenciatura, el título oficial de farmacéutico especialista en Análisis y Control de Medicamentos y Droga, la Medalla de Honor del Consejo Andaluz, o la Medalla del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de España. En la intimidad de su oficina, reconoce a El Pueblo de Ceuta que su “mayor orgullo” se encuentra también entre los cuadros. Señala uno de ellos, que le fuera entregado en 2016 por el presidente de Ceuta, Juan Vivas. “En el centro tengo el Escudo de Oro de la Ciudad”, explica.
Fuera de su despacho, los trabajadores de su farmacia continúan, como de costumbre, atendiendo a su extensa clientela. Desde hace unos años gestiona la botica junto a dos de sus cinco hijos, que decidieron seguir el camino profesional de su padre. Cuenta que alguno más habría querido estudiar Farmacia, pero Moya, entre risas, asegura que fue previsor: “Esto no da para tanto”. A su vez, el granadino procede de una familia de farmacéuticos. Su abuelo fue el primero, pero tres de sus seis hijos siguieron la estirpe. Su padre, también farmacéutico logró perpetuar la herencia solo en él, pero un hermano suyo (tío de Moya) tuvo dos hijos también farmacéuticos.
Hace un tiempo le dio por hacer cálculos con sus hijos para averiguar cuántos años de ejercicio sumaban en la familia Ruiz. “Hicimos una especie de árbol genealógico de la familia Ruiz y sumamos 300 años de ejercicio”, enuncia. Por lo pronto tiene 10 nietos y la esperanza de que alguno de ellos no rompa con la tradición familiar. Antonio Ruiz nació en la farmacia de su abuelo, establecida en Huéneja (Granada) desde 1900. “Me atendió el hermano de mi madre, que era el médico del pueblo. La farmacia estaba dentro de la misma casa, así que era mi hogar”, relata con ambos brazos apoyados sobre un par de folios, donde resume la historia de su profesión en la ciudad que lo acogió a principios de los años ochenta.
La Sanidad y la botica
Funcionario de Carrera, Antonio desembarcó en Ceuta en 1984 para hacerse con la plaza de farmacéutico titular, como director del Laboratorio de Salud Pública de la Dirección Provincial de Ceuta. Después de que las competencias fueran transferidas a Sanidad, pasó a desempeñar entonces (y hasta su jubilación en 2017) la jefatura de Análisis y Control de Estupefacientes en el Área Funcional de Sanidad, dependiente de la Delegación del Gobierno. En paralelo, compaginó sus funciones en la administración, orientado hacia la “farmacia preventiva, la sanidad ambiental y el apoyo a las fuerzas de seguridad del Estado”, con la faceta “más bonita” de su profesión, la botica.
Se hico con la oficina de farmacia ubicada entonces en la calle Mártires, que declararon en ruinas al poco tiempo, forzándolo a trasladarse hasta la calle Jáudenes, donde pervive la farmacia tras más de 40 años. Antes, la farmacia ‘Arcos’, en honor a su antigua dueña, “una muy buena profesional”, Ángeles Arco, ahora, ‘Farmacia-Ortopedia Ruiz’. “Cuando llegan los primeros achaques, los dolores de cabeza o los resfriados tienes dos opciones: irte a la Seguridad Social, pedir cita, esperar que te llamen y que el médico te haga una receta, o ir directamente a la farmacia”, relata.
“Los últimos estudios dicen que más del 70% de personas que entran en la farmacia se van sin adquirir nada. Solo se llevan consejos”, enuncia Antonio con una sonrisa en su rostro. Garantiza a continuación que “el profesional más cercano en el mundo sanitario es el farmacéutico”. E insiste: “La farmacia está en todos los pueblos. En el mío, con mil y pico de habitantes, yo he llegado a ir a casa de algunos vecinos para pincharles o hacerles extracciones de sangre. El farmacéutico es un profesional muy cercano. Además, es universitario; es decir, tiene el mismo recorrido que cualquier otro licenciado”.
“La única manera de fidelizar a los clientes es conseguir que cuando entren en la farmacia se sientan bien, que les atiendan bien y les den solución”
Pero más allá de los años de aprendizaje universitario, que en su época eran seis y después se redujeron a cinco, asegura que “si eres un malaje, pierdes clientela”. “La única manera de fidelizar a los clientes es conseguir que cuando entren en la farmacia se sientan bien, que les atiendan bien y les den solución”. Narra que un porcentaje elevado de sus clientes acude a veces en busca de ayuda para pedir citas online con el médico. “No metemos en el ordenador y le pedimos la cita. Prestamos muchos servicios más allá del que deberíamos. Ya te digo, de cada 10 personas que entrar en la farmacia, 7 no compran nada”.
La lucha por una Farmacia digna
Conocedor de las diferentes facetas de su profesión, a finales de los ochenta decidió involucrarse en el colegio oficial de Ceuta, que comenzó a presidir en 1989. “Era una farmacia muy diferente a la de ahora. Había un harto absentismo profesional. Había descuentos… Una mala práctica profesional. Costó mucho cambiar aquellos hábitos, pero todos cooperamos para reconducir la farmacia hacia un ejercicio adecuada al prestigio de la profesión”, explica adquiriendo un tono de mayor seriedad.
Confiesa que, por aquel entonces, los “chanchullos” entre farmacéuticos, médicos y las empresas fabricantes de fármacos estaban normalizados. Relata que en Ceuta contaban con cuatro almacenes de distribución, que generaban “una farmacia paralela”. “Había un boicot de almacenes según lo que comprabas. Si necesitabas un medicamento a veces no te lo daban porque tú le comprabas más a otro almacén”. Desde el colegio “hubo que luchar con fuerza” hasta conseguir que los cuatro almacenes se unieran en una cooperativa, que desapareció allá por el 2000.
Admite que vivieron momentos “muy tensos”, pero, matiza, conserva más momentos positivos que negativos. Se enorgullece al afirmar que, en la actualidad, esa “mala práctica ha desaparecido totalmente”. “En un mundo, tanto el médico como el farmacéutico, tan profesionalizado, han desaparecido las muestras gratuitas y otras prácticas que acababan corrompiendo”. Asegura que el cambio fue “paulatino”, a través de la legislación.
“Casualmente”, el primer presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ceuta, fundado en 1936, era granadino. Por entonces ni siquiera tenían sede y contaban con poco más de 10 colegiados. Ahora son 80 y se ubican en la calle Independencia. Con Miguel Lázaro como presidente, defiende su antecesor, Antonio Ruiz, que la gestión se está desarrollando con éxito. “Él era vicepresidente conmigo, yo me lo llevaba a reuniones en Madrid, para que se fuera enterando de cómo funcionaban las cosas”.
En noviembre de 2023, De Miguel entregó a Ruiz una placa con motivo de los 40 años de colegiación. Prometió entonces, en mitad de un almuerzo por el Día de la Inmaculada Concepción, patrona de la profesión, que algún día publicaría un libro narrando el nacimiento del Colegio y el devenir de la Farmacia en Ceuta. A este diario confiesa no tenerlo “muy claro”, aunque se encuentra documentándose junto al cronista de la Ciudad, José Luis Gómez Barceló. Lo que sí espera es continuar formando parte de la “gran familia farmacéutica”.
“El colegio participa en todas las campañas que organiza la Ciudad, de detección del cáncer de mama, de colon o la lucha contra la drogodependencia. De los primeros cinco farmacéuticos establecidos en Ceuta, cuatro fueron concejales”, relata. Además, cuenta orgulloso que las farmacias de la ciudad autónoma, allá por los años noventa, fueron punteras en la campaña contra la droga. “Los adictos iban con sus jeringuillas, las depositaban en el basurero y el farmacéutico le daba otra y un kit de algodón con alcohol”.
Sumado al papel de los farmacéuticos durante la pandemia de COVID-19. “En Ceuta, la farmacia funcionó como un reloj, sin cerrar, aguantando con las mascarillas, adelantando medicamentos porque las personas no podían ir al médico… La gente tiene la farmacia como el primer sitio al que ir, donde serán escuchados. Esta profesión es muy bonita, a mí me ha dado más satisfacciones que desgracias”.