El cuerpo, la mente y el alma se conectan en el Parque Marítimo con Pamela Kishore
VII JORNADAS DE YOGA
Los pájaros ponen la música y las esterillas opacan las hamacas de las famosas piscinas. Adnan, de seis años, estaba "contento" por cambiar el aire de una clase de yoga ordinaria por la naturaleza para "relajarse"
Ya son las VII Jornadas de Yoga. Y Pamela Kishore no es nueva en esta disciplina. O estilo de vida. La unión del cuerpo, la mente y el alma, “una conexión directa con nuestro verdadero ser” se producía este sábado, 22 de junio, en el Parque Marítimo del Mediterráneo. Allí donde el sonido es diferente. Los pájaros ponen la música y las esterillas opacan las hamacas de las famosas piscinas.
Mallas, sujetadores deportivos o pantalones acampanados. Comodidad y mucha agua. Esta práctica de posturas físicas, técnicas de respiración y meditación tenían el mismo sentido que en el centro Veddh. Con camisetas incluidas. María, la que acompaña a Pamela desde hace años, supervisaba los movimientos. “No hay tensión en el cuello”, reproducía la voz de la profesora mientras daba vueltas entre las esterillas. Para corregir cualquier fallo.
Una clase más, pero con los mismos beneficios físicos de flexibilidad y fuerza. Decenas de ceutíes cerraban los ojos tras el Namaste para mantener el objetivo de todos los tipos de yoga, el cese de las fluctuaciones mentales. Los pranayamas -ejercicios respiratorios del yoga- también ayudan en tu vida diaria, seas hombre, mujer o tengas seis años. Como es el caso de Adnan, el ceutí que va a clases con Kishore y le “encanta”.
Su madre, Mariam, veía la clase de yoga esta vez desde fuera, como otros acompañantes de los participantes. “Le gustan mucho las clases de yoga y disfruta mucho con ellas”, explica a El Pueblo de Ceuta la ceutí. El joven va a cumplir siete años y se inició en el yoga “porque yo estaba con ella en clase cuando estaba embarazada. Me gustaron con ella y un día lo llevé conmigo. Y le gustó”.
Adnan lleva ya dos años con este estilo de vida que extrapola a su casa: “Viene de vez en cuando y me dice, mamá, cuando estás nerviosa tienes que hacer el mantra para descansar”, sonríe Mariam recordándolo. Mientras el ceutí está inmerso en la postura Guerrero 1 (Virabhadrasana I) -una postura de yoga que fortalece las piernas y estira los brazos hacia arriba. Ayuda a aumentar la fuerza y la estabilidad en las piernas, así como a mejorar la concentración-, su madre narra que “tiene también mucha elasticidad”.
Ella, que esperaba con su bebé, no ha podido asistir a la clase por lo mismo, “me cuesta un poco dejarla. Ya cuando tenga más tiempo retomaré las clases”. En su familia, cuenta, sólo practican yoga Adnan y ella. El mismo que reconocía antes de comenzar en el Parque Marítimo del Mediterráneo que “es un lugar más tranquilo”. En clase el aire es diferente y el cambio le daba un poco de vértigo, pero luego se relajó.
Otra jornada más de conexión con el interior, en la que no pudo faltar la postura del Saludo Al Sol (Surya Namaskar): Una secuencia de yoga dinámica que combina posturas de estiramiento y flexión con la respiración. Ayuda a calentar el cuerpo y a establecer una conexión entre el cuerpo y la mente.
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