Resistencia de ceutíes exiliados

COLABORACIÓN

Paquete enviado al coronel Juan Beigbeder.  FOTO Archivo. AIMCE
Paquete enviado al coronel Juan Beigbeder. FOTO Archivo. AIMCE

Juan Beigbeder, Alto Comisario, con destacado militar africanista,​ que realizó una importante carrera en el Protectorado español de Marruecos, sufrió un atentado, en forma de paquete bomba, en 1937 por parte de la resistencia de ceutíes exiliados, entre Tánger y Protectorado francés.

Tras consultar la documentación en el Archivo Intermedio Militar en Ceuta (AIMCE), son varios los ceutíes. Una pieza importante de la lucha contra el franquismo en el Protectorado fue el que fuera presidente del PSOE en Ceuta, Rafael Jiménez Cazorla, (posteriormente fue una pieza clave en el exilio mexicano) organizó una de ellas en diciembre de 1937 en los sótanos del Café Tantonville -ubicado en la calle Poincaré, de Casablanca-, propiedad del francés Luis Viala.

Asistieron al encuentro los hermanos Manuel y Julián Nogueira Martín, dueño del Café Glacier, Sobrado Cosme Cossío (Paulino) y el maestro armero Segundo Miaja Herrero.

Numerosos republicanos de Ceuta tras el golpe militar del 17 de julio de 1936 se refugiaron en las cercana Tánger, y posteriormente en Casablanca.

La ciudad de Tánger tiene un estatuto internacional desde 1923. Está dirigida por un Comité de Control integrado por los Cónsules de las potencias que firmaron el Acta de Algeciras en 1906, con la excepción de Alemania, expulsada de Marruecos al comienzo de la primera guerra mundial, y de Rusia, desinteresada de lo que consideraba una forma de ocupación imperialista.

Al frente de dicho Comité, presidido rotativamente por uno de los Cónsules, se encontraba en julio de 1936 el de la Italia fascista, el Conde Pier Filippo del Lion Nero, que desde varios meses atrás estaba al tanto del proyecto de golpe de los generales españoles.

La ayuda del Consulado de Italia en Tánger para que Mussolini envíe a Tetuán los aviones necesarios que transportarán las tropas, eludiendo el bloqueo de los barcos republicanos en la bahía tangerina, será vital.

Tánger va a vivir semanas de inquietud con sobrevuelos de aviones franquistas sobre la ciudad, con la amenaza de una invasión de las tropas de la zona española vecina estacionadas en la aduana internacional del Borch y la presión continúa ejercida por Franco enviando ultimátum al Comité mientras exige la marcha de los barcos.

Tánger era en 1936 una ciudad de unos 70.000 habitantes. Entre ellos unos 15.000 españoles y unos 3.000 extranjeros de diversas nacionalidades, en su mayoría franceses. La gran masa de españoles, obreros y artesanos de condición modesta se decantó por la República y contribuyó con su solidaridad y apoyo a su causa.

Unos 2.000 voluntarios acudieron a los frentes de batalla. Pero hubo también los que apoyaron al bando franquista. Gentes acomodadas, algunos de ellos funcionarios de la administración internacional, entre los que destacaron los jueces del Tribunal Mixto que contribuyeron a facilitar la impunidad de las acciones llevadas a cabo contra los republicanos por los franquistas y a censurar y castigar a los periódicos republicanos en español, El Porvenir, creado en 1899 y Democracia, aparecido poco antes de la guerra, de tendencia comunista.

El entorno franquista también contaba con su prensa. Inicialmente unas páginas en español en el periódico italiano fascista La Vedetta de Tangeri, y a partir de febrero de 1937 en Presente, el órgano de Falange, el partido unificado franquista, comenzó a publicarse en la Tipografía Hispano-Arábiga Esta era la imprenta de la Misión franciscana, vinculada al obispado católico de Gallípoli y su lema, “Una Patria: España. Un caudillo: Franco”. Consultado el libro “El frente de Tánger (1936-1940)” del historiador y arabista Bernabé López García.

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Diciembre de 1937

Los paquetes se repartieron en Tetuán, durante la tarde del 29 de diciembre de 1937. El alto comisario, no los recibió, al tener la sospecha del paquete. Juan Luis Beigbeder, fue un militar y político español que tuvo una actuación destacada durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista. Militar africanista,​ realizó una importante parte de su carrera en el Protectorado español de Marruecos. Agregado militar en las embajadas de París y Berlín, tras el estallido de la Guerra Civil ocupó los puestos de delegado de Asuntos Indígenas y alto comisario de España en Marruecos. Al final de la contienda, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, entre agosto de 1939 y octubre de 1940. Considerado un militar intelectual, ​ llegó a dominar con soltura los idiomas francés y árabe. En el protectorado español de Marruecos realizaría una importante parte de su carrera militar, donde estuvo destinado dieciséis años. ​Comprometido con la conspiración militar contra la República, tuvo un papel destacado durante golpe de Estado de julio de 1936 en el Marruecos español y tras el triunfo de este —la noche del 17 al 18 de julio— se hizo cargo de la Delegación de Asuntos Indígenas. ​ El 18 de julio acudió a informar al jalifa Muley Hassan y al gran visir de Tetuán de la rebelión militar que estaba teniendo lugar, consiguiendo el apoyo de ambos líderes.​ Esta acción tuvo una gran importancia, ya que le granjeó la amistad y colaboración de las autoridades marroquíes durante el resto de la contienda.​

Paquete enviado al coronel Juan Beigbeder.  FOTO Archivo. AIMCE
Paquete enviado al coronel Juan Beigbeder. FOTO Archivo. AIMCE

Juan Beigbeder, atentado

Además, de los atentados al alto comisario Juan Beigbeder, se enviaron varios paquetes, para el Jalifa, el comandante interventor regional de Yebala José Faura, el comandante de Regulares José Montaner y el coronel Cebollino, de Larache.

Según he consultado con la documentación en el Archivo Intermedio Militar en Ceuta (AIMCE), he consultada varios informes, se escribe: “Del consulado británico en Rabat, sobre las 15:00 horas del 28 de diciembre de 1937, un musulmán alto, muy moreno, afeitado, de buen aspecto y unos 25 años se presentó en las oficinas del Correo inglés. Vestido con una chilaba que le cubría la cabeza y fumando un cigarrillo, llevaba cuatro paquetes rectangulares; uno de ellos era para Beigbeder”.

Y la señorita Lange, encargada del Correo, aún no había llegado y el cartero Brahin los admitieron, preguntó al cliente qué contenían los paquetes, y le contestó que caramelos por valor de unos 100 francos.

Dejó 32 francos para el franqueo e indicó que volvería al día siguiente por el cambio, pues tenía prisa. No regresó. Los paquetes se repartieron en Tetuán, durante la tarde del 29 de diciembre de 1937.

El primer paquete se entregó al jefe de la oficina del Alto Comisariado Emilio Sanz, que solía estar en el Casino Español todas las tardes. Le comunicaron que un musulmán le buscaba para darle un paquete y le hizo pasar, le dijo que lo dejara y, después, lo envió a su casa por mediación de Juan Martín, botones del casino.

Cuando llegó, sobre las 10 de la noche, su madre le dijo que le habían llevado un paquete. Cogiéndolo, pudo observar que estaba perfectamente empaquetado con un sello de lacre y que la parte superior de la envoltura se mostraba grasienta, por lo que dedujo que podía contener dulces.

Al día siguiente por la mañana, continuando el paquete en la casa, marchó a la Delegación de Asuntos Indígenas y, sobre las once, Beigbeder, alto comisario, le llamó para despachar asuntos cotidianos.

Posteriormente, bajó al gabinete diplomático, donde vio cómo el capitán Fuertes le comunicaba al funcionario Paniego que se marchara urgentemente al consulado de Inglaterra para denunciar el hecho de que el alto comisario había recibido una caja idéntica a la remitida al interventor regional por medio del Correo inglés y que dicho paquete contenía elementos explosivos.

Entonces, Emilio Sanz recordó el paquete que tenía en su domicilio y previno a su familia de que irían a retirarlo por ser sospechoso.

El interventor regional de Yebala, comandante José Faura, también informó sobre la llegada de los paquetes:

“En la mañana de hoy, siendo aproximadamente las 10:30 horas, fue entregado en esta Intervención Regional por el cartero del correo inglés, un paquete postal con la siguiente inscripción: José Faura, Comandante Interventor Regional de Tetuán. El citado paquete envuelto en papel de embalar llevaba además de la dirección de Casablanca”.

Viniendo franqueado con dos sellos ingleses de seis peniques inutilizados con un matasellos completamente ilegible. El citado paquete de unas dimensiones aproximadamente de 30 cm de largo por 10 de ancho fue pasado al Interventor Regional que suscribe por su secretario, Pedro Porfirio, y cuando procedió a abrirlo vi que consistía en una caja de madera tallada con una inscripción de hueso y una pequeña cerradura con su llave, la que abierta resulta contenía una serie de pilas eléctricas, un fulminante de unos 7 cm y una considerable carga de trilita

Como se menciona en el párrafo anterior, sobre las 10:30 de la mañana del 30 de diciembre de 1937, Porfirio Morales, El secretario de José Faura, entregó a este un paquete procedente del Correo inglés mientras ambos se encontraban en el edificio de la Junta de Servicios Municipales. Para abrirlo, Faura pidió una navaja al secretario, que le dio un raspador. Tras abrirlo, quitó la primera envoltura y apareció la caja a que la llave estaba unida por una cinta de plata.

Cortó esta y descorrió la llave teniendo que hacer cierto esfuerzo para levantar la tapa, lo que consiguió dándose cuenta inmediatamente de que el dispositivo contenido en el interior era un artefacto. Al poco, el capitán Fuertes llamó desde la Alta Comisaría avisando que había otro paquete allí.

El coronel Joaquín Cebollino también recibió otro paquete-bomba en su casa de Larache. Los familiares del coronel abrieron la caja para comprobar que contenía explosivos, por lo que la depositaron en el jardín. Debido a la lluvia, explotó a las pocas horas.

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El tiempo entre costuras

La escritora María Dueñas hace un retrato del alto comisario Juan Beigbeder, personaje en su primera novela, El tiempo entre costuras (2009), parcialmente ambientada en la Ciudad internacional de Tánger y en Tetuán (capital del Protectorado español de Marruecos) durante el contexto de la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial. La historia comienza en el año 1934. Sira Quiroga es una joven modista de un barrio castizo de Madrid que ha trabajado toda su vida con su madre, en el taller de alta costura. Sira abandona Madrid meses antes del golpe de Estado de 1936 para irse con un hombre al que apenas conoce, pero del que se ha enamorado con locura, y por el cual abandona a su novio, y deja sola a su madre. Juntos viajan a Marruecos y se instalan en Tánger. Al principio de su estancia en la ciudad todo marcha de maravilla, pero todo cambia cuando comienza a distanciarse de ella y a despilfarrar el dinero. Sira conocerá a personas tan relevantes como Juan Luis Beigbeder, posteriormente ministro de Asuntos Exteriores durante la primera etapa del franquismo, la amante de este, Rosalinda Fox, con la que Sira entablará una relación de amistad.

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