El alga invasora volverá con el levante: “La única solución es adaptarnos a ella”

Alga asiática

El zoólogo marino Óscar Ocaña lleva años estudiando la especie asiática cuyo olor y textura incomoda a los bañistas. Recuerda que su llegada a Europa es “culpa de los humanos” y que será imposible eliminarla, por lo que solo queda investigar para “no agravar” el problema

El ecólogo y zoólogo marino, director del Museo del Mar, Óscar Ocaña, en una entrevista concedida a El Pueblo de Ceuta
El ecólogo y zoólogo marino, director del Museo del Mar, Óscar Ocaña, en una entrevista concedida a El Pueblo de Ceuta | Reduan Dris

Ceuta/ Durante las primeras semanas de esta nueva temporada de baño en Ceuta, playas como la de Calamocarro eran “una sopa de algas”. Así describe el ecólogo y zoólogo marino Óscar Ocaña el paisaje que dejó en las orillas de la ciudad autónoma la especie invasora asiática residente en el litoral ceutí desde 2016. La Ciudad ordenó recoger más de mil toneladas del ejemplar en el mes de junio, cuando las corrientes del levante las sacaban del mar sin descanso. El poniente ha dado un respiro en julio, pero el cambio de viento que se prevé para agosto pronostica los peores presagios. El director de la Fundación Museo del Mar lo advirtió en una entrevista concedida a El Pueblo de Ceuta: la invasión de las algas está “descontrolada” sin que sea posible controlarla y el levante “las acumula y las saca a las orillas”. Ante la imposibilidad de eliminarla, solo queda una opción: “Adaptarnos a ella”.

El biólogo rechaza la idea de que la situación con la Rugulopteryx okamurae esté bajo control. A su juicio, el problema sigue "descontrolado", no por falta de gestión, sino porque la expansión de la especie ya no puede detenerse. Ocaña enmarca este fenómeno dentro de un proceso de "cambio global", un concepto más amplio que el cambio climático y que engloba el impacto acumulado de la actividad humana sobre los ecosistemas.

Un bañista pasea sobre el alga asiática en la playa de La Ribera
Un bañista pasea sobre el alga asiática en la playa de La Ribera | Nicol´s

Ocaña participó en las primeras investigaciones científicas sobre la presencia del alga en Ceuta, junto al botánico Quique Ballesteros y al catedrático Julio Afonso. Aquellos trabajos sirvieron para alertar de una invasión que, una década después, ha transformado profundamente el ecosistema marino del litoral ceutí. Cambio que, advierte, va mucho más allá del impacto visual que sufren los bañistas durante el verano. “Parece que todo es un problema de playas, que todo es un problema de bañistas. Pues no. El paisaje cambió radicalmente”, expresó.

La especie ha colonizado los fondos iluminados por el sol, desplazando a buena parte de las algas autóctonas y modificando por completo el paisaje submarino. Esa alteración de los hábitats naturales constituye, a su juicio, la principal consecuencia de la invasión: “Bajó muchísimo las poblaciones de nuestras algas y se instaló ella. Fue un cambio profundísimo”. La acumulación de grandes masas de algas en el fondo marino ha provocado que terminen descomponiéndose y afectando de forma puntual a algunos caladeros de pesca, según les han trasladado los propios pescadores.

Su origen

El investigador recuerda que el alga asiática fue descrita por primera vez en Europa en la Camarga francesa, donde apareció asociada al cultivo de ostras japonesas. Aunque la comunidad científica todavía no ha podido determinar con absoluta certeza cómo llegó hasta el Estrecho de Gibraltar, las principales hipótesis apuntan al transporte marítimo o a la acuicultura. En cualquier caso, sostiene que su expansión es consecuencia directa de la acción humana y de la falta de medidas preventivas. "El origen del mal fue la falta de principio de precaución", resume.

“El ser humano ha provocado esto, porque no tiene responsabilidad de lo que hace. Si se prueba que el origen es por el cultivo de algas japonesas sabemos que tenían que haber aplicados unos protocolos estrictos para que no se escaparan”, enuncia Ocaña

El éxito de la Rugulopteryx okamurae en el Estrecho también se explica, según plantea el científico, por las condiciones ambientales de la zona. Aunque matiza que se trata de una hipótesis, cree que la estabilidad térmica de las aguas ceutíes favorece el crecimiento de una especie originaria de regiones templadas del Indo-Pacífico. A diferencia de otras áreas del Mediterráneo, donde las oscilaciones de temperatura son mucho mayores, el Estrecho ofrece un entorno especialmente favorable para su desarrollo.

La retirada de las algas se realiza de forma manual para evitar daños en las playas, mientras el material continúa acumulándose en vertederos
La retirada de las algas se realiza de forma manual para evitar daños en las playas, mientras el material continúa acumulándose en vertederos | NICOL'S

¿Qué se puede hacer?

Con ese escenario, pensar en la erradicación del alga resulta, para Ocaña, completamente irreal. "La única solución es adaptarnos a ella", afirma. Esa adaptación pasa por mantener un seguimiento científico permanente de la especie, reforzar la investigación y aplicar con mayor rigor la legislación ambiental para evitar que otros factores agraven una situación que considera irreversible.

El director del Museo del Mar lamenta que se hayan interrumpido algunos programas de monitorización marina desarrollados durante años en Ceuta y defiende recuperar esos controles para conocer con precisión la evolución del ecosistema. También reclama una mayor vigilancia sobre actividades como los vertidos de la desaladora o de la estación depuradora, así como una ordenación efectiva del litoral que permita proteger los hábitats más sensibles y compatibilizar los distintos usos del mar.

Eso sí, Ocaña distingue claramente esas actuaciones de la causa de la invasión. Ceuta, insiste, no provocó la llegada de esta especie, pero asegura que sí puede minimizar otros impactos sobre un medio marino especialmente valioso. “¿Cómo podemos adaptarnos? Estudiándola, haciéndole un seguimiento científico apropiado, cumpliendo las leyes ambientales para no agravar el problema y siendo más conscientes de que tenemos un litoral magnífico y una diversidad biológica enorme”, expone.

En las playas considera necesario seguir retirando las acumulaciones de algas durante el verano para reducir las molestias derivadas de los malos olores y la proliferación de insectos, aunque recuerda que parte de esa biomasa también desempeña una función ecológica al contribuir a estabilizar la arena y frenar la erosión del litoral.

El zoólogo recuerda, además, que la Rugulopteryx okamurae no es la única especie exótica presente en las aguas ceutíes, aunque sí la más agresiva con diferencia. Su rápida expansión y la magnitud de sus efectos la han convertido en uno de los ejemplos más evidentes de cómo la globalización y el intenso tráfico marítimo pueden alterar ecosistemas enteros en apenas unos años.

El uso de las algas

Solo durante el mes de junio se retiraron más de mil toneladas del alga asiática en las playas de Ceuta. Precisamente, la comunidad científica intenta resolver el problema del desaprovechamiento del ejemplar. El pasado mayo, el Instituto de Estudios Ceutíes y el Aula del Mar del Campus de Excelencia Internacional del Mar organizaron en Ceuta el II Taller Internacional sobre la gestión de la biomasa de Rugulopteryx okamurae, en el que investigadores de distintos puntos de España analizaron posibles aplicaciones para este material.

Las investigaciones apuntan a un posible aprovechamiento en los sectores cosmético y farmacéutico mediante la extracción de compuestos bioquímicos, así como a la fabricación de envases biodegradables y otros materiales sostenibles. También se estudia su empleo como fertilizante o sustrato agrícola por su capacidad para retener humedad y aportar nutrientes.

Sin embargo, Ocaña rebaja las expectativas. Explica que todas esas alternativas continúan en fase experimental y que todavía no existe ninguna aplicación industrial consolidada capaz de absorber el enorme volumen de biomasa que genera esta especie. Por ello, insiste en que el principal esfuerzo debe seguir orientado a la investigación y al seguimiento científico de una invasión que, más de una década después de su llegada a Ceuta, continúa sin ofrecer una solución definitiva.

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