El Gobierno insta a Ceuta a no perder el tren europeo de la economía circular
Residuos
La ciudad es uno de los territorios que ha recibido un informe de Transición Ecológica para promover el aprovechamiento energético de los residuos mediante plantas “waste to energy”
El Ministerio para la Transición Ecológica ha puesto pie en pared. La Unión Europea ha impuesto unos objetivos para el reciclaje de residuos que, a día de hoy, España no cumple. El Gobierno quiere acabar con este estado de cosas, una tarea para cuya consecución se ha fijado un plazo no superior a los diez años.
“Hoja de ruta para la gestión de los residuos municipales a 2035” es el título del informe que el Ministerio ha remitido a una quincena de territorios. El documento ha llegado a las sedes de los gobiernos de Ceuta, Melilla y trece comunidades autónomas. Un dosier que reclama la adopción de medidas que permitan satisfacer las exigencias de la UE, cada vez más acuciantes.
Las autoridades europeas han planteado que en 2035 la mitad de los desperdicios generados por los hogares deben acabar en contenedores de recogida separada. La pretensión es que el 65% de los residuos urbanos sean sometidos a procesos de reciclaje para su reutilización. Este porcentaje se incrementará hasta el 85% en el caso el papel y el cartón, el 80% para los metales férricos y el 75% para el vidrio. La tarea se antoja ardua si se comienza a trabajar en ello desde ahora e imposible si se pretende cumplir los objetivos con los actuales recursos.
La Ciudad es consciente de la envergadura de la empresa. La Consejería de Medio Ambiente se encuentra empeñada en dar a medio o largo plazo con un sistema que mejore las prestaciones del actual y ayude a aminorar costes. “Trabajamos para buscar un sistema de tratamiento de residuos que genere el menor impacto posible”, explica el consejero Alejandro Ramírez.
Entre las consideraciones planteadas por el Transición Ecológica a las comunidades y ciudades autónomas figura la necesidad de promover el aprovechamiento energético de los residuos o “waste to energy” (WtE), un objetivo que exige el empleo de tecnologías utilizadas para descomponer los desechos mediante procesos bioquímicos o térmicos.
Las plantas WtE se conciben como centrales que maximizan el rendimiento térmico para generar energía eléctrica de forma continua. Su función es la de gestionar lo que se conoce como “fracción de rechazo”, es decir, aquellos residuos que no se pueden reciclar ni compostar. Estas instalaciones, además, garantizan el cumplimiento de las estrictas directrices medioambientales de la UE mediante la disminución de gases de efecto invernadero.
«Lograr los objetivos anteriores requiere un sistema de gestión de residuos municipales robusto», advierte el Ministerio en su documento, quien sitúa el impulso de estas infraestructuras entre las actuaciones que deberían acometerse en el plazo de tres años.
La Asamblea aprobaba el pasado enero el Plan Integrado de Gestión de Residuos de la Ciudad (PIGR) para el periodo 2025-2030, un documento de valor estratégico en lo referente a la ordenación y planificación integral de todas las actuaciones relacionadas con la prevención, recogida, transporte, tratamiento y valorización de los residuos. Este instrumento resulta particularmente relevante para una ciudad que se ve obligada a desembarazarse vía marítima de los residuos que no puede tratar. El transporte de estos desechos se ha convertido en un quebradero de cabeza para la Ciudad no solo logístico, sino también económico. Las autoridades municipales estiman el gasto anual en este servicio en los 4,4 millones de euros. El Gobierno local trabaja desde hace años ante distintos ministerios para conseguir que el Estado asuma la financiación de estos transportes.
El consejero Ramírez reconoce que a día de hoy existen proyectos impulsados por la iniciativa privada ideados para avanzar en la línea que propones las autoridades centrales. “El sistema actual nos garantiza que la basura se recicla y que sale a la Península, aunque a un coste muy elevado –explica el responsable municipal de Medio Ambiente- Estamos trabajando con operadores privados a medio y largo plazo con propuestas para un sistema mejor”.
Las plantas WtE
Las plantas de valorización energética, conocidas internacionalmente como Waste-to-Energy (WtE), se han convertido en una de las alternativas que gana peso en las políticas de gestión sostenible de residuos. En un escenario marcado por la necesidad de reducir la dependencia de los vertederos y avanzar hacia modelos de economía circular, estas instalaciones permiten transformar parte de la basura que no puede reciclarse en una fuente de energía aprovechable.
Su funcionamiento se basa en un principio sencillo: recuperar el valor energético de aquellos residuos que han agotado otras vías de aprovechamiento. Antes de terminar en un vertedero, estos materiales son sometidos a distintos procesos que permiten convertirlos en electricidad o calor útil para redes energéticas e industriales.
El proceso comienza con la recepción y clasificación de los residuos en la planta. Una vez almacenados, pasan a tratamientos específicos que pueden ser térmicos o biológicos, según la tecnología empleada. El calor generado se utiliza para producir vapor, que acciona turbinas conectadas a generadores eléctricos. Así, materiales que terminarían acumulados durante décadas en depósitos de basura pueden adquirir una segunda utilidad.
Aunque la imagen más extendida suele asociar estas instalaciones con la incineración, el sistema WtE engloba diversas tecnologías. La combustión controlada con recuperación de energía es la modalidad más utilizada, pero también existen procesos como la gasificación o la pirólisis, que transforman residuos en gases combustibles con poco o ningún oxígeno. En el caso de los residuos orgánicos, la digestión anaerobia permite generar biogás para producir energía.
Los defensores de estas instalaciones destacan varias ventajas. Entre las más relevantes figura la reducción del volumen de residuos destinados a vertederos, que puede alcanzar hasta un 90% del espacio ocupado inicialmente. También subrayan la capacidad de generar energía local y disminuir las emisiones asociadas al almacenamiento tradicional de residuos, especialmente las derivadas de la liberación de gases contaminantes durante largos periodos.
Las plantas WtE ocupan una posición intermedia dentro de la jerarquía de gestión de residuos: no sustituyen la prevención, la reutilización o el reciclaje, sino que actúan sobre aquello que ya no puede ser recuperado por otras vías. Por ello, numerosas estrategias ambientales las consideran una herramienta complementaria dentro de modelos de “residuo cero” o Zero Waste Energy.
No obstante, los expertos recuerdan que no pueden considerarse una fuente de energía completamente limpia, ya que el proceso genera emisiones que requieren controles estrictos. Las instalaciones actuales incorporan sistemas avanzados de filtrado y tratamiento de gases para cumplir con las normativas ambientales más exigentes.
Además de la energía producida, el proceso genera subproductos como escorias y cenizas. Las primeras pueden reutilizarse como materiales para construcción o áridos secundarios, mientras que las segundas son tratadas y almacenadas bajo estrictos controles de seguridad.
Con una presión creciente sobre los sistemas tradicionales de gestión de residuos, las plantas de valorización energética se presentan como una solución destinada a aprovechar recursos que hasta hace poco terminaban enterrados, integrando residuos y energía dentro de una misma ecuación sostenible.