Agatha Christie divierte al Revellín
TEATRO
‘Asesinato en el Orient Express’, una de sus obras más célebres, volvió a representarse ayer con gran éxito
Tiene la vida estas macabras coincidencias, estos derroches de humor negro. En la semana en la que un choque de trenes ha partido el corazón a España, en la jornada en la que Ceuta despedía con honores a un joven capitán del Tercio que tuvo la mala suerte de viajar en aquel tren, una historia de asesinatos precisamente en un ferrocarril ha servido para que cientos de personas estén un par de horas evadidas, olvidando una tragedia que dentro de poco desaparecerá -como La Palma, como la DANA, como El Bierzo, como tantas- del día a día de miles de personas. Solo quedará el desconsuelo de los familiares, y el recuerdo en fechas señaladas. Un mes, un año, dos, cinco... y el tren de la vida sigue circulando.
Es la vida, así de cruel pero así de real. El ser humano necesita oxigenarse, tomar algo de aire tras conmociones como las que hemos vivido esta semana. Y es necesario que el trauma común, poco a poco, vaya aliviándose. La vida es tan bonita que parece de verdad, decía un personaje de ‘Carmina o revienta’. La vida es demasiado breve, sus giros demasiado crueles, como para no subirnos de vez en cuando en la estación de la esperanza, del asueto, del arreglarnos y salir. “Hay un tiempo para arreglar los ojos”, cantaban U2 y Pavarotti en Miss Sarajevo, una de las canciones más desgarradoras jamás escritas.
Y esa historia en la que Hércules Poirot investiga un misterioso asesinato cometido en el Orient Express vuelve a hacer las delicias del público de Ceuta. Que si, que ya había agotado las entradas, pero seguramente necesitara un buen rato de teatro, de una obra bien escrita que envejece fenomenalmente. Gardel cada vez canta mejor, dicen en Argentina, ante las contínuas remasterizaciones del ‘zorzal criollo’. Agatha Christie cada vez escribe mejor.
Mejora su legado cuando, en una ciudad española del norte de África, se llena un teatro para ver una historia ambientada en una Inglaterra aún hegomónica en el mundo, con un Londres al que llegaban todos los caminos. Y en el papel del célebre detective, que rivaliza con Sherlock Holmes como los Rolling con los Beatles por ser el mejor detective ‘british’, Juanjo Artero. Nunca sobresaliente, pero nunca por debajo del notable alto. Un actor que ha crecido a golpe de trabajo y de esfuerzo, hasta convertirse en un actor sólido, de registros y convincente en todo lo que hace. Es creíble, y ese es el mejor aval que pueda ofrecer un artista que se dedica a meterse en la piel de otros personajes. El teatro, que supuestamente está en crisis, vive con más fuerza que nunca. La vida nos ha dado un palo colectivo, un drama doloroso, pero sigue. Ha de continuar, pues. Teatro del mundo, donde todo el mundo cabe...