La Casa regional de Ceuta en Melilla, invitada a la celebración del Nuevo Año Amazigh

CULTURA

De la Cruz junto a mujeres vestidas para la ocasión.
De la Cruz junto a mujeres vestidas para la ocasión. | FOTO CEDIDA
Redacción
14 ene 2026 - 18:07

Ceuta/ El calendario amazigh ha vuelto a girar una vez más en Melilla y lo ha hecho con fuerza, con risas, con memoria y, sobre todo, con una ilusión contagiosa que ha terminado desbordando cualquier previsión inicial. El Año Nuevo Amazigh, Yennayer 2976, no ha sido esta vez una celebración más. Ha sido una reivindicación festiva, espontánea y humana de una tradición ancestral que se niega a desaparecer y que, lejos de diluirse, demuestra que sigue muy viva cuando se celebra desde el corazón.

La tarde arrancó con un ambiente que ya presagiaba que algo especial estaba a punto de ocurrir. La carpa Eurofantasía, completamente llena, reunía a cerca de 300 personas, muchas de ellas llegadas en grupo desde asociaciones de vecinos, colectivos culturales y entidades sociales.

El Presidente de la Casa regional de Ceuta en Melilla, Ramón de la Cruz, fue el encargado de representar a la entidad ceutí ya que la máxima responsable de la celebración Fátima Kaddur quería contar con la presencia de la ciudad hermana de Ceuta en la celebración de este nuevo año amazigh.

Esta buena iniciativa nació de Fátima Kaddur, el resultado ha sido una tarde que ha combinado gastronomía, música, tradición, humor y mucha complicidad. Ha habido desfile de ropa amazigh, rifas, sorpresas, exhibición de bailes amazigh, premios, reconocimientos y un público entregado desde el primer minuto. Las mesas, decoradas con mimo, eran también un reflejo del tejido social de la ciudad: asociaciones de vecinos, colectivos culturales y personas que quisieron estar presentes para apoyar una iniciativa que no tenía ni subvenciones públicas ni vinculación política alguna a pesar de ser Fatima Kaddur diputada de la Asamblea (Cpm)

Mujeres cantando y vestidas de forma tradicional
Mujeres cantando y vestidas de forma tradicional | FOTO CEDIDA

Pero si hubo un momento que marcó un antes y un después en la tarde, ese fue la actuación de Karim Hamidán en su papel de Jachi Imma. Una actuación que no solo arrancó carcajadas, sino que convirtió la carpa en un auténtico coro de risas incontrolables. Su espontaneidad, su cercanía y su capacidad para conectar con el público hicieron que nadie pudiera mantenerse serio ni un solo segundo. Cada gesto, cada ocurrencia y cada comentario improvisado era recibido con una ovación inmediata. No hubo silencios incómodos ni miradas distraídas. Todo el mundo estaba pendiente, entregado, riendo sin parar.

Jachi Imma no necesitó grandes artificios ni un guion rígido. Su humor, profundamente enraizado en la cultura popular, funcionó como un espejo en el que muchos se vieron reflejados. Fue una de esas actuaciones que no se olvidan fácilmente, de las que se comentan al día siguiente y de las que se recuerdan durante años. Una actuación graciosísima, directa y natural, que terminó por consolidar el ambiente festivo y convertir la celebración en algo aún más especial.

Mientras tanto, el Ballet de Colores aportó ritmo y color a una tarde que no dejó de sorprender en ningún momento. Hubo tiempo para la emoción, para el orgullo cultural y para la diversión sin complejos. Las mujeres, como se dijo desde la organización, tenían muchas ganas de fiesta, y el cuerpo fue marcando el ritmo hasta donde quiso llegar.

Mujeres bailando durante el evento
Mujeres bailando durante el evento | FOTO CEDIDA

Más allá del espectáculo, el evento tuvo un trasfondo claro: no perder la tradición. No permitir que las generaciones futuras —nietos, hijos— crezcan desconectados de una cultura que forma parte de la historia del norte de África y de Melilla desde hace siglos. El Yennayer no es solo una fecha en el calendario; es una fiesta agrícola, un símbolo de renovación, de buenos deseos y de agradecimiento por las cosechas. Celebrarlo es también afirmar una identidad que convive con otras en un espacio común.

La respuesta del público confirmó que existía una necesidad latente. Las entradas se agotaron en menos de 24 horas, se abrió una segunda tanda que también se agotaron y, aun así, hubo quien se quedó fuera. Lejos de interpretarlo como un problema, la organización lo vivió como una señal de que el Año Nuevo Amazigh tiene recorrido, tiene público y tiene futuro. Y la intención es celebrarlo más grande cada año, según informó la organización.

El Presidente de la Casa regional de Ceuta en Melilla, Ramón de la Cruz, agradeció personalmente a Fátima Kaddur la invitación y la buena organización del evento, afirmando ser todo un honor celebrar este Año Nuevo Amazigh 2976 (Yennayer) en hermandad, una fecha que no sólo marca el inicio del calendario agrario, sino que simboliza la riqueza cultural y la conexión profunda con la tierra del Norte de África.

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