La CISO hace historia el Revellín con un concierto por Ceuta en plena crisis

CISO

Más de una treintena de músicos han llevado al escenario obras de Beethoven, Saint-Säens y Dvorák ante un auditorio casi al completo en una noche marcada por el ataque a la ciudad cuyas consecuencias siguen presentes

G. Sardá
30 ago 2026 - 23:00

La música ha sonado este sábado en el Teatro Auditorio del Revellín en uno de los momentos más difíciles que ha vivido Ceuta en las últimas décadas. Más de una treintena de músicos de distintos puntos de España y de otros países han formado la Ceuta International Symphony Orchestra (CISO) para ofrecer un concierto que, más allá de su repertorio, ha quedado marcado por el contexto en el que se ha celebrado. El auditorio ha estado casi al completo para asistir a una cita que ha convertido la cultura en una reivindicación de Ceuta, de su forma de vida y de sus valores.

La agrupación, dirigida musicalmente por Edmon Levon y fundada en 2018 por el pianista ceutí Eduardo Hernández, ha regresado un año más a la ciudad con motivo del Día de Ceuta. Pero esta vez el tradicional concierto ha adquirido un significado diferente. La emergencia que ha atravesado la ciudad durante las últimas semanas ha hecho que la presencia de los músicos y la respuesta del público hayan convertido la cita en algo más que un encuentro musical.

Hernández había defendido antes del concierto que precisamente en unas circunstancias como las actuales la música tenía más sentido que nunca. “Cualquier ceutí, independientemente de su credo, está apuntado al barco de las libertades, de los valores morales y éticos que nos da vivir en la Unión Europea, en una sociedad de derechos y de leyes”, había señalado el director artístico y fundador de la CISO.

Y el público ha respondido llenando prácticamente el Revellín. Durante la noche, las notas de la orquesta han sustituido durante unas horas al ruido de la actualidad para ofrecer a los asistentes un espacio de encuentro y desconexión. Una imagen especialmente significativa después de semanas en las que Ceuta ha permanecido en el centro de la actualidad nacional por la crisis migratoria y humanitaria.

Sobre el escenario han coincidido músicos de diferentes procedencias. Españoles, ceutíes, portugueses, ingleses, venezolanos y, por primera vez, un intérprete de Kosovo han formado parte de una orquesta que Hernández considera “una ventana abierta al mundo”. También han participado músicos vinculados a la ciudad, entre ellos profesores del Conservatorio de Ceuta.

La diversidad de la formación ha vuelto a reflejar uno de los principios sobre los que nació la CISO: utilizar la música como punto de encuentro entre personas y culturas. Un propósito que este año ha cobrado una especial dimensión por las circunstancias que ha atravesado la ciudad.

El repertorio ha contribuido también a construir el relato de la noche. La orquesta ha abierto el concierto con la obertura de Egmont, de Ludwig van Beethoven, un compositor que Hernández ha definido como “un héroe, un mito” por su capacidad para superar las dificultades y convertirlas en arte.

La primera parte se ha completado con el Concierto para piano y orquesta número 5 de Camille Saint-Säens, El egipcio, una obra que ha permitido introducir un carácter diferente al programa. Hernández había destacado de ella su mezcla de lirismo, ternura, ritmo y humor, además del vínculo del compositor con África.

Tras el descanso, Beethoven ha vuelto a ocupar el protagonismo con los dos adagios de su Sinfonía número 4. La segunda parte se ha cerrado con dos movimientos de la Séptima Sinfonía de Antonín Dvorák, completando un repertorio que el director artístico había definido como una “sinfonía mixta” y especialmente variada.

Edmon Levon ha llevado la batuta durante toda la velada y ha realizado pequeñas introducciones antes de las obras para acercar al público el contenido y el significado de cada composición.

Pero el verdadero significado de la noche ha estado fuera de las partituras. La CISO ha llegado a Ceuta este año con músicos que han decidido viajar hasta la ciudad pese a la situación excepcional que se ha vivido durante las últimas semanas. Hernández ha destacado el “valor extraordinario” de los intérpretes, no solo por haber acudido, sino por la decisión de querer acompañar a los ceutíes.

El director artístico ha relatado que familiares de varios músicos se pusieron en contacto con él para trasladarle su apoyo. No necesitó convencerles de que viajaran a Ceuta. Al contrario, algunos le transmitieron que sus hijos querían participar y que ellos mismos querían respaldar la iniciativa.

Para Hernández, esos músicos podrán decir algún día que estuvieron en Ceuta en un momento que quedará en la memoria de la ciudad. Y su presencia ha terminado convirtiéndose en una parte más del mensaje que la CISO ha lanzado desde el escenario.

La agrupación ha mantenido así su tradición de celebrar el Día de Ceuta a través de la música, pero lo ha hecho en un escenario social completamente diferente. El concierto ha coincidido con la ola de solidaridad que se ha extendido durante los últimos días y con las numerosas muestras de apoyo que ha recibido la ciudad desde distintos puntos de España.

El fundador de la CISO había reivindicado que acudir al concierto significaba también “no renunciar a nuestro modo de vida”. Porque, en su opinión, mantener abiertas las puertas de la cultura y continuar celebrando acontecimientos como este suponía una manera de demostrar que Ceuta quería recuperar su normalidad.

“Quienquiera que nos haya querido hacer daño nunca podrá ganar”, había defendido Hernández, convencido de que la cultura formaba parte del reto de la ciudad de resurgir.

Este sábado, el público ha recogido ese mensaje. El Revellín casi lleno ha sido la imagen de una ciudad que, en medio de una crisis que ha alterado su día a día, ha decidido mantener también sus espacios de cultura, convivencia y encuentro.

La CISO ha hecho así historia en el Revellín. No solo por la música de Beethoven, Saint-Säens o Dvorák, ni por la presencia de músicos llegados desde distintos rincones del mundo. Lo ha hecho porque, en una de las situaciones más difíciles para Ceuta, una orquesta ha vuelto a subir al escenario y una parte de la ciudad ha ocupado sus butacas para escucharla.

Durante unas horas, la música ha hablado de Ceuta.

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