De los estadios a la plaza del pueblo: cuando la música se hace eterna
MUSICA
La Asociación Cultural 'Banda de Música Ciudad de Ceuta' ha ofrecido en la tarde de este lunes un concierto con música ochentera. Un concierto que tenían conveniado con la Ciudad Autónoma, y que ha servido para deleite de público de todas las edades
Mucho han vivido, seguro, Manolo García, los hermanos Cano, Ana Torroja o los integrantes de Ricchi e Poveri. Y mucho que han soñado. Pero seguramente lo que no podían imaginar es que parte de sus obras acabarían convirtiéndose en clásicos populares, de esos que toca una banda cuando la tarde empieza a morir en una coqueta y señera plaza. Exactamente eso es lo que ha ocurrido en la tarde de este lunes en la Plaza de España: los clásicos ochenteros, aquella música que servía para anunciar un nuevo capítulo de Verano Azul o El Equipo A, convertida por arte y magia de la música en repertorio del concierto de música ochentera con el que la Asociación Cultural 'Banda de Música Ciudad de Ceuta' ambientó -y de qué manera- la tarde en la Plaza de España.
El director de la entidad, German Bonicht, suele afirmar y con razón que las bandas sonoras son la música clásica de nuestro tiempo. Por ello elige dos, correspondientes a series coetáneas, para abrir y cerrar el concierto. Desde aquellos soldados de fortuna condenados por algo que nunca cometieron -y a los que parecía poder localizar medio Estados Unidos salvo, precisamente, el FBI que debía detenerlos- a esos niños que nacían a la madurez pedaleando por la hermosa Nerja en compañía de María Garralón 'Julia la pintora'. Por cierto, que por si no se lo ha contado nadie a ustedes, Chanquete muere.
Entre medio, una hermosa canción de amor de actualidad por unos cuantos Dj's y algunos cánticos corales en estadios: Sará perché ti amo, de Ricchi e Póveri. Es el turno, a continuación, de un popurrí de Mecano y de versiones orquestadas de 'A quién le importa' de Fangoria o 'Insurrección' de El último de la Fila. La música cruza el charco para ofrecer versiones orquestadas de 'Take on Me', de A-ha, la marcha de 'Loca Academia de Policía', un popurrí de los ochenta o el gran tema de la trayectoria de Ray Parker JR, 'Ghostbusters'.
Y así, arraigando en los repertorios populares, es como la música se hace eterna. Con grupos de amigos comentando el inminente Mundial de Fútbol, las elecciones en el Real Madrid o el patio político, más movido -se viene chiste malo y ochentero- que las cadenas de Bobby Farrell. Con parejas de enamorados paseando perros, adolescentes paseando por tan céntrico lugar, comercios y negocios cercanos que atienden a sus clientes, jubilados que hace cuarenta años no daban tregua a sus propias caderas en aquellas añoradas pistas de locales como la Cueva, la Bogoteca, el Candelero o el Coconut. A los que el tiempo se llevó, pero que vienen al recuerdo cuando unas notas musicales ponen un curioso, y hermoso, cierre a la primera jornada laboral de un lunes.