La Guerra que hace casi un siglo empezó a escribirse en el faro de Punta Almina

HISTORIA

Adéntrese con nosotros en esta curiosa historia en uno de los iconos de nuestra ciudad: el faro de Punta Almina, y alguno de los secretos que guarda en su interior

Lámpara del faro de Punta Almina
Lámpara del faro de Punta Almina | Juanjo Coronado
Juanjo Coronado
12 jul 2026 - 10:00

Un día de julio de hace 90 años, el farero de Ceuta recibía una visita. Dos soldados uniformados del Acuartelamiento del Hacho le trasladaban la orden de la autoridad militar de apagar la ‘lámpara’ de Punta Almina en los días siguientes a aquel 18 de julio. Cauteloso, aquel farero -del que no disponemos de mucha más información que su nombre, Félix Jiménez-, puso una condición: que aquella orden se le remitiera por escrito.

En efecto, esa orden llegó por escrito horas después. Y también mecanografiada. “De orden del Excmo. Sr. General de las Fuerzas Militares de marruecos, se servirá usted no encender el Faro, el que permanecerá apagado durante toda la noche exigiendo la más estrecha responsabilida al no cumplimiento de esta orden, extendiéndola por duplidcado para que sea firmada una de ellas con el enterado por el señor jefe del Faro”. La firma corresponde a Tomás Álvarez-Arenas. El ‘excelentísimo general’ era, en efecto, Francisco Franco Bahamonde.

El ‘señor jefe del faro’ acusa recibo: “El 20 de julio a las 7’30 se recibe por esta Estación la orden del Excmo. Sr. General Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos que copiada a la letra es como sigue: Sr. Jefe del Faro de Ceuta: De orden del Excelentísimo Sr. General de las Fuerzas Militares de Marruecos se servirá Vd. no encender el faro el que permanecerá apagado durante toda la noche, exigiendo la más estrecha responsabilidad al no cumplimiento de esta orden, extendiéndola por duplicado para que sea firma da una de ellas con el enterado por el Sr. Jefe del Faro”.

Escrito por el que Félix Jiménez, farero, confirma el apagado de la lámpara en las primeras horas de la Guerra Civil
Escrito por el que Félix Jiménez, farero, confirma el apagado de la lámpara en las primeras horas de la Guerra Civil | Coronado

Pero ¿qué pretendían Franco y sus subordinados con la orden de apagar la lámpara del Faro de Punta Almina?. Vayamos a la historia: el golpe militar comienza el 17 de julio de 1936 en Melilla, aunque no es hasta el día siguiente -18 de julio- cuando España toma conciencia de la asonada. Mientras en Ceuta la confusión es generalizada, el plan del bando sublevado es claro: sorprender a las defensas republicanas. Son esas las horas en las que los mandos militares tranquilzan a Santiago Casares Quiroga, presidente del Gobierno republicano, al asegurarle que todo estaba en orden. Son esas las horas en las que el entonces alcalde de la ciudad, Antonio Sánchez Prados, es arrestado en su domicilio particular y trasladado al cuartel del Revellín. Pero en el faro todo trancurre a otro ritmo.

De hecho, los primeros barcos cruzan el Estrecho en esas horas. Sin embargo, el ‘Convoy de la Victoria’ -en la narrativa franquista- comienza a cruzar hacia la península unos días más tarde, el 5 de agosto de 1936. Días más tarde, nos encontramos con otro documento histórico: la comunicación por escrito al farero de que ya puede volver a retomar las labores habituales. El 19 de agosto de 1936, Alvarez-Arenas vuelve a enviar al faro de Punta Almina una instrucción en la que ordena que sea encendida la lámpara de la instalación. Posiblemente conocedor del celo administrativo del farero, es en esta ocasión el mando castrense el que ordena que se entregue una copia por duplicado y sea firmada por el operario de la instalación.

Orden de  volver a encender la lámpara del faro de Punta Almina
Orden de volver a encender la lámpara del faro de Punta Almina | Coronado

Quedaba un detalle visual: la bandera. El 18 de agosto se da cuenta de la sustitución, ese mismo día, de la “enseña tricolor por la antigua bandera nacional roja y gualda”, y se insta al farerp de los puertos (en un oficicio fechado en Cádiz) “a que verifique usted el cambio de la franja morada por otra roja, lo que hará seguidamente de modo provisional con la tela que posea, remitiendo en caso contrario, y urgentemente, muestra de la tela que precise”. Ceuta ya ha caído bajo el bando sublevado.

Un faro construido por el impulso, también económico, de un cuñado de la Reina de España

El intercambio de correspondencia entre el farero y las autoridades militares no es el único guiño que los amantes de la historia pueden encontrar en el Faro de Punta Almina. Ya a principios del siglo XIX, se proyectaba la creación de una gran lámpara en los terrenos del actual Gobierno Militar, en la Marina Española. Pero entonces, un hombre de negocios visita Ceuta.

Se llamaba Antonio de Orleans, era el duque de Montpensier y cuñado de la Reina Isabel II. Por lo que fuera, el duque visita los terrenos de Punta Almina durante su visita a Ceuta y lo ve claro: el proyecto de su ilustre familiar para dotar de faros a todos los puertos de España tiene que tener, en Ceuta, esa ubicación.

De hecho, el Faro de Punta Almina es uno de los más ‘bajos’ de España: apenas supera los cien metros. En su favor juega que está en un lugar alto, no inaccesible pero si retirado, y desde el que se cumple perfectamente la misión de servir de guía a todos los buques que se aproximen a sus dominios. Incluso, Montpensier llega a contribuir económicamente a la construcción del Faro de Punta Almina.

Un lugar paradisíaco, que conserva su estructura clásica y que, tal vez, pueda ser visitable para el público en algunos meses

Se llama Federico Olmedo, y es la pieza clave en la elaboración del texto que han podido ustedes leer sobre el inicio de la Guerra Civil. No es historiador, pero tiene su gusto por investigar el pasado, sino técnico de señalización marítima de la Autoridad Portuaria de Ceuta. El farero del siglo XXI.

Uno de los dos que residen en el lugar. “No puedo quejarme”, nos dice entre risas. La vida de los fareros ha evolucionado con los años, y para mejor. Las viviendas de los que residen ahí están señaladas en el mapa original como “gallineros”. En efecto: hasta hace algunos años, los fareros tenían que ser autosuficientes, estar prácticamente todo el día. Y cuando decimos autosuficientes, nos referimos también a la alimentación de sus propias familias.

Sistema de poleas en la lámpara de faro de Punta Almina
Sistema de poleas en la lámpara de faro de Punta Almina | Juanjo Coronado

De las antiguas maquinarias de los faros, destaca su eficiencia. “La linterna puede moverse, tranquilamente, por un solo hombre, pese a su considerable tamaño”. El motivo: una serie de artilugios -incluyendo una capa interna de mercurio- que hace manejable la gigantesca luminaria, prácticamente, con el movimiento de una mano.

Interior de la lámpara del faro de Punta Almina
Interior de la lámpara del faro de Punta Almina | Juanjo Coronado

Otra curiosidad del faro del Hacho es su distinción de los otros ubicados en el área del Estrecho. Son cuatro en total: Punta Almina, Punta Europa (Gibraltar), Punta Carnero (Algeciras) y Cabo Espartel (Tánger). Al margen de detalles estéticos, lo que diferencia a unos de otros es la frecuencia con la que emiten luces parpadeantes. “Si un barco está perdido, y el capitán mira el registro de faros, sabrá que está en Ceuta por que Punta Almina emite dos ráfagas cada diez segundos”. Es la frecuencia acordada.

Un curioso artilugio, por cierto, nos sorprende cuando bajamos de la lámpara grande -por cierto: con una serpenteante escalera de caracol-, y es un faro pequeño. “Tiene bombillas LED, está rotando las 24 horas del día, y cuando la lámpara grande se estropea o hay que pararla por algún motivo, hace la misma función. Y es perfectamente visible desde el mar, cumple con los estándares establecidos” en relación a la distancia a la que puede verse la luz.

Luminaria auxiliar
Luminaria auxiliar | Juanjo Coronado

Por cierto, que en opinión de Olmedo, “los faros son, hoy, más necesarios que nunca. Nosotros prestamos ayuda a la navegación: en la navegación debe ir por cuenta del capitán del buque. Pero imaginemos una caída de los sistemas mundiales de GPS, por accidente o por un ataque cibernético. Retrocederíamos atrás años en el tiempo, y solo las luces de los faros podrían servir para que los capitanes de los barcos navegasen con cierta seguridad”.

Un faro, el de Punta Almina, que podría ser visitable en próximos meses. “La intención es que, en algún tiempo no muy lejano, podamos organizar visitas concertadas, en la Guía Educativa para ciertos escolares, un pequeño museo”. Pero eso es algo que “aún no tiene fecha”.

La ‘rara’ lamparita negra que valió un Premio Nobel de Física a su creador

Una máquina de escribir antigua, lámparas portátiles, equipos de radiofrecuencia ya en desuso, escaleras de madera... recorrer el faro de Punta Almina es hacer un viaje imaginario a lo largo de la historia de la ciudad en los dos últimos siglos.

Pero hay una extraña lamparita negra a la que no solo Olmedo, sino todo el gremio parece tenerle un especial cariño. No es para menos. “Esto es una réplica de la lámpara de Dilen, que valió un Premio Nobel de Física en 1912. Experimentando con los colores, desarrolló un sistema que permitió inventar los reguladores automáticos para boyas y faros. Eso permitía encender y apagar automáticamente la luz del faro según la luz solar, ahorrar combustible o hacer que los faros funcionaran sin necesidad de vigilancia constante”.

A este inventor sueco, la Academia Nobel le concedió el premio más importante de la física mundial hace 114 años. No fue un año feliz, en cualquier caso, para Nils Gustaf Dalen: dos semanas antes de recoger el premio, un accidente lo dejó completamente ciego.

Lámpara de Dalen
Lámpara de Dalen | Juanjo Coronado

También te puede interesar

Lo último

stats