Maalouf, sobre la posibilidad de una guerra nuclear: “Nos hemos acostumbrado a llegar al borde del precipicio”
Premio Convivencia 2026
El Museo de las Murallas Reales acoge un acto en el que el escritor se da cita con representantes de la cultura local
Tras una mañana dedicada a los jóvenes ceutíes, la agenda del escritor Amin Maalouf ha continuado esta tarde con el encuentro que el Premio Convivencia 2026 ha mantenido con representantes del mundo cultural local en el Museo de las Murallas Reales. En un acto íntimo, Maalouf ha respondido a las preguntas del director de la biblioteca “Adolfo Suárez”, José Antonio Alarcón, el director del Instituto Cervantes de Tetuán, Carlos Ortega, y las escritoras Tula Fernández y María Jesús Fuentes.
Las reflexiones de Maalouf en este segundo acto en la ciudad no han rehuido las advertencias en torno a los riesgos que se ciernen sobre una humanidad cada vez más acostumbrada al juego de las amenazas incumplidas cultivado por las potencias implicadas en conflictos bélicos: “Hay algo que subestimamos por motivos históricos, y eso es el riesgo de una guerra nuclear. El equilibrio del terror nos impide plantearnos esa posibilidad, pensamos que nadie lo hará. Esto se parece a Hiroshima pero al revés. Durante la Guerra Fría, tras la experiencia de Hiroshima, parecía que nadie iba a estar dispuesto a caer de nuevo en algo tan grave. Ahora, ya nos hemos acostumbrado a llegar hasta el borde del precipicio, con la idea de que, al final, algo hará que se dé un paso atrás. Pero eso es peligroso”.
La aceleración del ritmo de la historia –“hemos asistido a lo que supuso la aceleración de ese ritmo desde la Revolución Industrial, pero desde hace quince años ese ritmo es diferente”- y la necesidad de persuadir a los más jóvenes de que, pese a todas las asechanzas, el futuro continúa estando en sus manos han sido dos de las referencias de Amin Maalouf durante su intervención en el Museo.
A propósito de su novela “León el Africano”, de cuya publicación se han cumplido ya cuatro décadas, el escritor ha compartido con el auditorio su vivencia del exilio como una experiencia que, al menos en su caso, no ha resultado traumática: “Líbano, el país de mi infancia, lo cual queda reflejado en esa novela. Siempre he pensado que haber pasado parte de mi vida en un lugar del mundo y otra parte en otro ha constituido más un privilegio que un sufrimiento. Nunca he visto mi condición de exiliado como una maldición. Cuando se dice que la patria de uno es el mundo, parece un comentario naif, pero eso es porque esta no es la atmósfera que se respira en este momento de la historia.”