«Todos necesitamos tiempo para pensar un poco; para mí, escribir una novela es pararse a hacerlo»

ENTREVISTA/ EMILIO CARREIRA

El autor de “Sórdida”, su cuarta novela, construye una trama en la que se rastrean las inquietudes de los tiempos actuales: “La sociedad padece ansiedades e incertidumbres que yo no pretendo resolver con este libro”

Emilio Carreira
Emilio Carreira | El Pueblo
A.F.C.
20 abr 2026 - 17:59

• Pregunta.- “Sórdida” es una novela de trasunto político. Dada su trayectoria como hombre público, habrá quien se sienta tentado a rastrear en la trama una intención autobiográfica...

Respuesta.- Dejemos claro desde el principio, para evitar confusiones, que es una novela, pura ficción. No, no está basado en ningún hecho real.

Terminé la novela en junio del año pasado, pero un incidente de salud me obligó a demorar la publicación. Quizás algún acontecimiento que haya ocurrido después pueda tener algún pequeño parecido con algo de lo que aparece en el libro. Pero, de hecho, es la primera vez que escribo una novela donde hay una inmersión en la política. Pero no son mis memorias. Yo nunca he vivido una situación como la que se relata en la novela. Afortunadamente para mí.

P.- ¿Qué hay de sórdido en su libro?

R.- La novela habla de una serie de acciones políticas que acaban siendo sacadas a la luz por el azar. Un escritor que buscaba inspiración encuentra algo que le hace pensar que detrás hay una cuestión política oscura. En principio no era más que un sueño, pero a veces los sueños se convierten en realidad.

Lo que ocurre es que lo que se acaba destapando, en principio por casualidad, pone de manifiesto algunos aspectos de la política que los personajes vivieron y que bien podrían definirse así, como algo sórdido.

P.- ¿Por qué no ha sido hasta ahora que ha decidido abordar una novela de trasfondo político?

R.- El mundo está cambiando muy rápidamente y sin un rumbo muy claro. Siempre he pensado, y sigo pensando, que la inmensa mayoría de las personas que se dedican a la política son honradas y hacen un gran trabajo. Creo, además, que la política es muy necesaria. Pero también es cierto que estamos viviendo un momento de la historia de la humanidad en el que, probablemente, el bien más escondido, más manoseado y que menos está al alcance de los ciudadanos sea la verdad.

Hay personas que se resisten a que eso ocurra. En la novela no aparecen como héroes, pues son personas absolutamente normales. Es gente que se ve impelida a buscar la verdad, sean cuales sean las consecuencias.

Precisamente, otro de los debates que se establecen en la novela es el de si merece la pena conocer cosas de las que se acaban derivando más males que bienes. Estos son debates que los propios personajes van generando en la novela.

A mi juicio es un libro que va a atrapar a cualquier lector que se meta en ella.

P.- ¿Por qué se califica a sí mismo de novelista furtivo?

R.- Porque yo no me dedico a esto, no vivo de esto. Me declaro furtivo en el sentido de muy discontinuo. Cuando hay algo que me inquieta, que me interesa, a veces escribo un artículo de opinión en un periódico. Pero en otras ocasiones me parece que merece la pena detenerse un poco más en esos asuntos. Y surge un relato.

P.- ¿Pero cómo afronta el proceso creativo de la redacción de una novela quien se declara escritor furtivo? ¿Cómo decide que ya es el momento de sentarse a escribir algo de mayor fuste que un artículo de opinión?

No es cosa de un día. Se trata de asuntos sobre los que puedo llevar escribiendo bastante tiempo pero sin la intención de darle una coherencia narrativa. Luego, en función de la preocupación que a mí me genere, como yo soy un ser humano normal y supongo que muy parecido a los que habitan el resto del planeta, pues digo, bueno, creo que de esto me merece la pena una reflexión un poco más sosegada.

Porque, además, el mundo va tan deprisa que hoy en día nadie se para a examinar en profundidad nada. Las noticias van corriendo, se van muriendo, se contradicen entre sí. Y es muy difícil decir: “Voy a dedicar un poco de tiempo a leer un libro”, por ejemplo. Es más fácil coger el móvil para ver lo que pasa cada día. Lo que pasa, no lo que nos cuentan o lo que nos llega, que normalmente, además, no se parece en nada de un día para otro.

Son tan sobreabundantes -no abundantes, sobreabundantes- las mentiras, que no sabes dónde poner los ojos. Al final, yo creo que sí, todos necesitamos tiempo para pensar un poco. Y para mí escribir una novela es pararme a pensar.

Creo que la sociedad padece ansiedades e incertidumbres que yo no pretendo resolver con esta novela. Lo que he intentado es poner mi granito de arena, pero no sé si lo habré conseguido. Eso ya lo juzgarán los lectores.

R.- ¿Escribir esta novela ha podido ser un ejercicio para acopiar certezas?

No sé, a lo mejor me han surgido más dudas. Yo soy más de incertidumbres que de certezas. Pero si estamos empezando a tener ciertas certezas basadas en profundas mentiras, es mejor generar incertidumbres. Porque vivir como un ciego, si no sabes que hay cosas que se pueden ver, pues puede que te haga feliz. En fin, yo soy más de Unamuno que de Camilo José Cela.

También te puede interesar

Lo último

stats