Objetivo: rescatar el Castillo de San Amaro para convertirlo en un espacio cultural
CULTURA
La rehabilitación, valorada en casi 1,9 millones, plantea consolidar la estructura, recuperar elementos históricos y abrir salas para exposiciones y una cafetería. Según la Ciudad, será una realidad a finales de 2027 o principios de 2028
Ceuta quiere rescatar el Castillo de San Amaro del deterioro acumulado durante años para transformarlo en un espacio cultural vinculado al patrimonio de la ciudad. La rehabilitación, presupuestada en 1.909.386,84 euros, no se limita a una simple puesta a punto: plantea consolidar la estructura, recuperar partes históricas muy dañadas y adaptar el inmueble para albergar pequeñas exposiciones, muestras museísticas y una cafetería en un enclave que hoy presenta un aspecto muy alejado de ese futuro uso.
El contraste entre el estado actual y la imagen proyectada por la Ciudad es evidente. Este diario estuvo presente hace varios días por la zona y, de momento, ese cambio drástico resulta lejano a la vista de las condiciones que presenta la antigua infraestructura, que también posee unas vistas privilegiadas.
Ahora mismo, San Amaro muestra muros castigados, zonas con desprendimientos, grietas, restos de vegetación, humedad, suciedad acumulada y huellas visibles del abandono. En algunas fachadas se aprecia la fábrica original muy erosionada, con pérdidas de revestimiento y partes rehechas de forma precaria.
En el último Pleno de la Asamblea de esta semana, el Gobierno de Ceuta explicó, tras una interpelación de la diputada de Vox, Ana Belén Cifuentes sobre el estado de los bienes culturales, que la rehabilitación del castillo de San Amaro ya tiene el proyecto redactado y que ahora está en fase de supervisión. Cuando se complete ese trámite, la obra podrá salir a licitación. La previsión que dio la consejera Pilar Orozco es que la adjudicación pueda producirse en el último trimestre de 2026, con unos 12 meses de ejecución, de forma que el final de la actuación quedaría para finales de 2027 o principios de 2028.
En una de las imágenes del proyecto el interior aparece ya convertido en una estancia diáfana, luminosa y accesible, con obras expuestas en las paredes, un ascensor central y una planta superior abierta al uso cultural.
Ese salto exige una intervención de fondo. El proyecto, redactado tras el encargo aprobado por la Consejería de Educación, Cultura y Juventud, parte de una idea básica: el castillo necesita obras de consolidación y conservación para garantizar su protección y hacerlo utilizable.
La actuación prevé demoler añadidos impropios, retirar escombros y basura, eliminar vegetación y raíces, reconstruir sistemas estructurales deteriorados por el abandono y por un incendio, sustituir cubiertas y recuperar, cuando sea posible, cerchas y vigas de madera. No se trata solo de arreglar desperfectos visibles, sino de devolver estabilidad al conjunto.
La documentación técnica, a la que ha tenido acceso este diario, describe una actuación organizada por fases. Primero se limpiará y vaciará el edificio, con desbroce de la parcela y retirada de restos acumulados tras el colapso parcial de la estructura. Después llegará la reconstrucción y rehabilitación de muros, forjados, cubiertas y elementos singulares del interior. También se actuará sobre socavones, grietas y juntas abiertas en los lienzos, con trabajos de relleno, cosido, rejuntado e inyecciones de lechada de cal para consolidar los paramentos sin desvirtuar los materiales históricos.
Uno de los criterios que más se repite en el proyecto es el de intervenir respetando el carácter del fortín. Por eso se plantea reutilizar materiales aprovechables, como parte de las tejas retiradas, recuperar la solería conservada en el patio de baterías y en algunas zonas interiores, y emplear morteros compatibles con la construcción original. La intención es que el edificio no pierda su identidad al adaptarse a un uso nuevo.
Pero la rehabilitación no se quedará en la restauración patrimonial. El plan incorpora un programa funcional completamente distinto al del inmueble en ruinas que puede vislumbrar cualquier ceutí cuando pasa por la histórica barriada.
La Ciudad quiere que San Amaro funcione como espacio cultural y cafetería. Para hacerlo posible, se proyectan dos plantas conectadas por una nueva caja de escalera y un ascensor central, una solución que ya adelantó Alejandro Ramírez durante su habitual comparecencia tras el Consejo de Gobierno el pasado 10 de marzo, y que busca resolver uno de los grandes déficits del edificio: la accesibilidad. El interior, según el diseño previsto, se organizará en torno a un patio y a varios espacios capaces de acoger actividades culturales de pequeño formato.
La reforma también incluye mejoras en la envolvente térmica, sustitución de carpinterías, renovación del sistema de ventilación e instalación de iluminación eficiente. Es decir, se intenta compatibilizar la conservación histórica con unas condiciones mínimas de confort, seguridad y uso contemporáneo. El edificio no contará con agua caliente sanitaria por el tipo de actividad prevista, pero sí con las instalaciones necesarias para garantizar salubridad, control del ruido, eficiencia energética y seguridad de utilización.
El proyecto cobra además sentido por su ubicación. El castillo se encuentra en el entorno de San Amaro, una zona con potencial para articular usos educativos, patrimoniales y culturales. La intención del Ejecutivo local es integrar el inmueble rehabilitado en esa dinámica, de modo que deje de ser una pieza degradada y pase a convertirse en un punto activo dentro del mapa cultural ceutí.
Ramírez ya adelantó en marzo que el interior no es especialmente grande, por lo que el uso previsto no apunta a grandes montajes, sino a exposiciones reducidas, muestras concretas y actividades compatibles con el tamaño del edificio.
La inversión se repartirá en dos ejercicios: 400.000 euros en 2026 y 1.509.386,84 euros en 2027. Sobre el papel, la operación va mucho más allá de adecentar un inmueble histórico. Lo que se plantea es recuperar un edificio hoy muy deteriorado y darle una segunda vida pública, con una imagen completamente distinta a la actual: de fortín castigado por el tiempo a pequeño foco cultural abierto a la ciudadanía.