«Robert Duvall me confesó que su mayor satisfacción se la proporcionaba bailar tango»

Entrevista a Manuel Bellido, crítico de cine

Manuel Bellido, pionero del periodismo cinematográfico en la televisión pública andaluza, ha sido testigo privilegiado de la eclosión que la industria ha experimentado en la comunidad autónoma: “Hace treinta años, el cine en Andalucía era una industria inexistente”

El periodista Manuel Bellido
El periodista Manuel Bellido | Redacción
Anselmo F. Caballero
21 feb 2026 - 13:50

Manuel Bellido (Montilla, 1959) es uno de los referentes del periodismo cinematográfico en Andalucía. Con una larga trayectoria profesional a sus espaldas, el periodista cordobés dedicó el último tramo de su carrera al programa de Canal Sur Televisión “Una de cine”. Curtido en los festivales cinematográficos, en su vastísima nómina de entrevistados figuran nombres como los de Julia Roberts, Robert Duvall, Costa-Gavras o François Truffaut. Ya jubilado, Bellido atesora reconocimientos y dedica buena parte de su tiempo a compartir su experiencias y conocimientos con los más jóvenes. Esta semana se desplazaba a Ceuta para ofrecer una charla a los estudiantes de la Escuela de Arte.

Pregunta.- Ha llegado usted a una ciudad que también cuenta, aunque modestas, con sus refrencias cinematográficas. ¿Conocía Ceuta?

Respuesta.- Solo conocía la ciudad de paso. Esta visita me ha servido para empaparme a fondo de la fascinante historia de este lugar, con esas Murallas que me han parecido colosales, tan enormes que parecen hechas para acomodar a personajes legendarios. Y esta luz, que es inagotable. Me parece todo tan magnético, lleno de historia, de mitología… Un lugar estupendo para encontrar localizaciones para una película.

Ceuta es una gran desconocida. También en el terreno cinematográfico. De aquí es la popular actriz Eva Isanta. O el gran director Eugenio Martín, que tantos días de gloria dio al cine de terror de serie B y que también hizo cosas muy cuidadas para la televisión. Martín es un director que hay que redescubrir.

P.- Usted es buen conocedor del mundo cultural andaluz. ¿Existe algún tipo intercambio, de conexión entre las dos orillas del Estrecho?

R.- Creo que hay una especie de sordera de uno y otro lado. Los andaluces están muy centrados en sus asuntos y desconocen que Ceuta es, en realidad, una parte más de Andalucía. ¿Cuántas cosas nos unen a Ceuta? Yo aquí voy por la calle y oigo hablar un español andaluz, con un acento no muy diferente al que puedes escuchar en Cádiz o en Málaga.

P.- ¿Cómo modificarán las nuevas tecnologías el concepto tradicional del cine?

R.- ¡Hay tantos frentes abiertos, frentes que se despliegan como un abanico! Para empezar, yo creo que con la tecnología digital, a través de los dispositivos móviles, se abre una forma narrativa diferente a las tradicionales. Hay un montón de chavales que tienen su primer contacto con la expresión cinematográfica, con el lenguaje cinematográfico y audiovisual a través de los móviles. Hay una renovación del lenguaje audiovisual a través de estas tecnologías.

¿Esto es la panacea? No. Como en todas las cosas, hay que tener cuidado con lo digital porque no todo vale. Es evidente que las tecnologías han abaratado considerablemente esto de hacer cine. Claro que tú puedes hacer como Juan Palomo, pero si quieres dar a luz a algo de largo alcance, más ambicioso en términos de lenguaje cinematográfico, si quieres que tu historia llegue al público, tienes que tener en cuenta que lo que hagas ha de estar bien hecho.

Una película es la suma de un montón de especialidades que se confabulan para crear una obra cinematográfica, una obra audiovisual. Ahí están el vestuario, el maquillaje, la peluquería, la escritura, también el dibujo -porque hay que hacer un storyboard- la dirección de producción, la dirección artística, los técnicos eléctricos, los operadores de cámara, los operadores de fotografía... Es el arte total, como lo fue en su momento, en el siglo XIX, la ópera. Pero a partir de que la imagen se puso en movimiento, se abrió un terreno de posibilidades incalculables.

Bellido, durante la entrevista concedida a El Pueblo
Bellido, durante la entrevista concedida a El Pueblo | Nicol's

P.- ¿Pero no está en riesgo esa idea que tenemos del cine como un oficio casi artesanal?

R.- Lo artesanal en el cine siempre es un término que se utiliza para referirse a producciones, digamos, pequeñas, donde hay poco aparataje, hay poca artificialidad, aunque el cine siempre es un artificio. El cine es un artificio tecnológico, y a partir de ahí hay que entenderlo. Es artesanía, pero es industria, sobre todo es industria. Y esto no debe perderse de vista.

Ahí tenemos el caso andaluz. Hasta hace treinta años, el cine era una industria inexistente en Andalucía. Había habido pequeños intentos individuales por hacer películas desde el sur, pero no existía una base industrial, una base empresarial que sustentara todo eso.

Todo eso estaba en Barcelona o en Madrid. Justo desde que se puso en marcha Canal Sur Televisión, que es el motor del audiovisual en Andalucía, comienzan a salir desde las facultades de comunicación, de la de Sevilla principalmente y de la de Málaga después, una gente nueva con una formación impresionante. Es gente que ha visto mucho cine clásico, que ha aprendido mucho en las facultades y que tiene muchas ideas innovadoras.

En Andalucía, especialmente en Sevilla, existe ya un conglomerado alrededor de la industria audiovisual que da un montón de puestos de trabajo y que está creando continuamente.

P.- ¿Cómo nació en usted esa pasión por el cine?

R.- El cine vivía en casa, en cierto modo, a través de la afición de mi padre, de mis tíos y tías, que estaban muy pendientes de todo lo que se cocinaba. Mi padre compraba revistas habitualmente. Y, luego, para colmo, en el barrio donde yo crecí, un barrio nuevo, instalaron una sucursal del séptimo arte, una sucursal de Hollywood. Es decir, abrieron un cine. Y justo al lado de mi casa.

En Montilla –yo soy de este pueblo cordobés-, en mi infancia llegó a haber hasta cuatro cines para una población de 20.000 habitantes. Era la principal distracción, porque la televisión estaba entrando todavía con cuentagotas.

P.- ¿Era algo así como un método de educación sentimental?

R.- Hombre, el cine siempre ha tenido una eficacia moral, ha mostrado la belleza, también la fealdad del mundo, ha sido un escaparate para conductas reprobables, pero también para realidades estimulantes. Esa función la sigue cumpliendo. El cine ha mostrado como ninguna otra cosa a Dios y al diablo. No se me ocurre un medio que lo haya hecho mejor.

P.- Usted ha cubierto muchos festivales cinematográficos. ¿Cómo es el trato personal con las estrellas de cine?

R.- El Festival de San Sebastián era la referencia para cualquier cine. Cuando yo lo frecuentaba, el acceso a las estrellas, al equipo artístico era directo. No había intermediarios. Eso ya es inconcebible.

Ahora, el aparato de los estrenos incluye una especie de guardia pretoriana que rodea a los artistas. Son los agentes de los artistas los que dan un tiempo cronometrado para las entrevistas, cinco minutos como regla general, diez si son especialmente generosos. Ese es el tiempo del que dispones para sacar provecho informativo a este tiempo cara a cara con el protagonista de la película.

Yo he podido estar delante de Julia Roberts, Ethan Hawk, Ryan Gosling... Pero antes había tenido oportunidad de ver a Robert Mitchum, Gregory Peck, Lana Turner, Lauren Bacall, Bette Davis, de estar con Costa-Gavras cuando estrenó “Missing”, con François Truffaut, con Jack Lemmon. Pude hablar con todos ellos sin que mediara ningún agente. Tú les pedías permiso para entrevistarlos, y ellos accedían concederte un tiempo suficiente para sacarle el máximo jugo al encuentro.

P.- Debieron de ser experiencias fascinantes...

R.- Claro. Es que yo sentí los primeros impulsos eróticos viendo a Claudia Cardinale, por ejemplo, y luego, al cabo del tiempo, tuve la oportunidad de estar con ella un rato y de entrevistarla. Hablo de estrellas muy reconocibles y cercanas.

Uno de los actores a los que entrevisté, fallecido muy recientemente, fue Robert Duvall. Era una persona tan agradable, tan cercana. Nuestro recordado teniente Kilgore de “Apocalypse Now”. Ahora que ha muerto he recordado inmediatamente cuando tuve la oportunidad de estar con él en el hotel María Cristina de San Sebastián. Hablamos tranquilamente, sin que tan siquiera tuviera que esforzarme, porque yo no tengo un inglés suelto. Él estaba casado con una argentina, y me confesó que su mayor satisfacción en este mundo no era hacer tal o cual papel -y mira que hizo cosas maravillosas-, sino bailar tango. A través del tango no solo había aprendido el lenguaje del baile sino que también había conseguido hablar español.

Te podías entender con él cara a cara hablando español, y lo hacía de una manera fluida. Era un hombre muy interesante.

P.- Paralelamente a la consolidación de la industria cinematrográfica andaluza, se ha registrado en el transcurso de los últimos años una eclosión de festivales. ¿Cuál es el papel que juegan estas citas especializadas en el desarrollo del cine de la región?

R.- Importantísimo. Nuestro festival más antiguo es el Iberoamericano de Huelva, que ya empezó a funcionar en la última etapa del franquismo. Pero es que antes ya había existido la Semana de Cine de Benalmádena, donde se estrenaron, casi de extranjis, de forma clandestina, películas que estaban prohibidas en España. Por ahí entraron los grandes directores del cine de autor. Tampoco podemos dejar atrás el festival Alcances, de Cádiz.

Esta es la base. A partir de ahí, hace 29 años, se pone en marcha el Festival de Cine Español de Málaga, o como es lo correcto llamarlo, Festival de Málaga Cine en Español. En ese tiempo, el festival ha conseguido situar a Málaga en el mapa de los grandes festivales por presupuesto. Después del de San Sebastián, muy posiblemente el de Málaga sea el festival más importante en cuanto a dinero invertido. Está ahí, a la par con la Seminci de Valladolid. Lo que ocurre es que la Seminci tiene el doble de años.

También tenemos el festival de Cine Europeo de Sevilla, que concentra su atención en el mejor cine de autor europeo.

P.- ¿Cuál es el futuro del cine como industria y como expresión artística?

R.- Lo veo con esperanza y optimismo. Todos seguimos alimentándonos de historias audiovisuales. El lenguaje audiovisual es un alfabeto para la gente.

Con la proliferación de las plataformas de streaming, el triunfo más contundente parece que ha caído del lado de las series, un ámbito en el que el lenguaje audiovisual también se ha renovado mucho.

Pero a mí me gustaría que el cine como lo hemos entendido siempre, es decir, una sala especialmente diseñada para el espectáculo cinematográfico, siguiera existiendo como fórmula fundamental o, al menos, que la gente nunca perdiera el contacto con eso.

Es en la sala de cine donde vemos las películas en su esplendor, en su magnitud mayor, tal y como se concibió en la cabeza del director. Tú en tu casa, por muy grande que sea tu televisor, nunca vas a apreciar en toda su grandeza el espectáculo cinematográfico. La sala está concebida para el silencio. No hay interrupciones. No puedes parar la película ni echarla para atrás ni adelantarla. La pantalla es, como siempre ha sido, un rito en el que la historia tiene su planteamiento, su nudo y su desenlace. Allí nadie puede echar para atrás para ver lo que le interesa o ir hacia adelante porque quiere tiempo para otras cosas.

A mí me gustaría, como cosa ideal, que el cine, en el sentido de gran espectáculo cinematográfico, se siguiera disfrutando en una sala.

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