MÚSICA SACRA
Semana de música sacra. La música en los templos
MÚSICA SACRA
Gracias al Instituto Mediterráneo de Culturas y muy especialmente al trabajo incansable de Francisco Sánchez París, se celebra en Ceuta El IV Festival de Música Sacra (MUSACE). En ediciones anteriores disfrutamos de grupos profesiones de fama internacional, en la presente edición, la Coral de Ceuta Andrés Del Río Abaurrea tiene el privilegio de participar en el segundo de los 6 conciertos de los que se van a celebrar, es un reto muy importante para nosotros que somos un conjunto amateur aunque nos exijamos el mayor nivel a nuestro alcance.
Durante siglos, la mayor parte de la música que se escribía e interpretaba se hacía para la liturgia y los oficios religiosos de Iglesias, Catedrales y monasterios de todos los tamaños en todo el orbe cristiano. Es decir, se trata de un repertorio muy amplio y variado desarrollado durante más de dos mil años de historia.
No hace mucho tiempo, había un órgano en cada Iglesia y, por supuesto, en todas las Catedrales del mundo y sus tubos sonaban en cada Misa, en cada celebración dichosa, en los funerales, en los oficios divinos, en el rezo de las horas..., en definitiva, en cada ocasión en la que los feligreses se reunían a rezar, es por eso que gran parte de este repertorio está escrito con acompañamiento de órgano, pero también con acompañamiento para pequeños grupos de música de cámara.
Como recordó el Papa emérito Benedicto XVI sobre la liturgia del Concilio Vaticano II está escrito muy claramente: ”Que se conserve y se incremente con gran cuidado el patrimonio de la música sacra”, lo que no debe contraponerse a la idea de participación del pueblo, que también aparece, recordó que ”la música sacra es una realidad de rango teológico y de significado permanente para la fe de toda la cristiandad”, por ello ”no puede desaparecer de la liturgia” así mismo aseveró: “La calidad de la música depende de la pureza y la grandeza del encuentro con lo divino, con la experiencia del amor y del dolor”. Las palabras de Benedicto XVI reflejan con claridad la naturaleza de la música sacra compuesta e interpretada durante siglos para favorecer el contacto con Dios y que está en franco peligro de desaparecer por completo de nuestras iglesias y nuestros ritos religiosos, no podemos olvidar que “Una música verdaderamente litúrgica es la que interpreta el sentido auténtico del rito, sensus del rito, lo hace comprensible y, por lo tanto, permite y conduce a la implicación y a la participación activa”.
Este ciclo es muy importante por lo que tiene de puesta en valor de una música que debemos recuperar y reintegrar a la liturgia en nuestros templos, sobre todo para su difusión y que las nuevas generaciones puedan descubrir y disfrutar de este patrimonio inmaterial que nos pertenece a todos y del que somos herederos y garantes.
La idea de Trascendencia, de inmortalidad del alma, de Divinidad, Dios, en una palabra, ha ido unida al Ser Humano desde el principio de los tiempos. Desde que el Hombre toma conciencia de su distancia con respecto al resto de los animales y de que posee un “alma” que intuye inmortal, así como del hecho creador, es decir de la necesidad de que exista una voluntad creadora a la que da en denominar Dios, varios en las culturas más antiguas, uno sólo con posterioridad en las religiones monoteístas. Desde esos primeros momentos se organizan ritos de adoración y alabanza de índoles muy diferentes, pero con una sola cosa en común, La Música.
Ya los antiguos griegos consideraban la música como una disciplina indispensable para la formación humanística y le atribuían cualidades capaces de mejorar el estado físico y el anímico, Platón y Aristóteles escribieron y teorizaron largamente sobre estos aspectos.
Es por esto que la música siempre se ha utilizado para elevar el alma y acercarla a Dios, ha ayudado a predisponer nuestro espíritu para conectar con lo Divino y trascender. Y yo me pregunto, actualmente ¿es este el efecto que la música que utilizamos en nuestras iglesias provoca en nuestro ánimo? ¿Sigue la música predisponiendo a la oración? O por el contrario ¿Se asemeja más a una distracción, a un interludio entre las diferentes partes de la liturgia? La música que siempre formó parte consustancial del rito ¿no es ahora un intermedio que, a menudo, distrae del momento que se celebra? Hay muchas y reconocidas opiniones en este sentido mucho más acreditadas que la mía, pero con las que coincido plenamente. Aconsejo el artículo del prestigioso organista Raúl del Toro publicado en la revista digital InfoCatólica Con arpa de diez cuerdas del 17 de abril de 2014 titulado Encuesta de la Santa Sede sobre el estado de la música sacra, en el que podemos leer: “juzgamos como un desastre el que la música empleada en el culto católico haya dejado de ser el ámbito de belleza que, con altibajos inevitables, siempre fue o intentó ser, para acabar degenerando en irrisión de los gentiles”(...)”Un repertorio que apenas puede ser tolerado desde el punto de vista técnico-musical, y que desde el teológico y espiritual adolece de una pobreza si cabe mayor, por cuanto sus textos abandonaron en gran medida las fuentes litúrgicas para acogerse a unos dejes de piedad subjetiva y personal que, dados los tiempos que han venido corriendo en las últimas décadas, se escoró hacia lo racionalista, antropocéntrico y semipelagiano”(...)”El modelo del repertorio divulgado en los años 1970 y 1980 no fue tanto el corpus gregoriano, absoluta y coherentemente litúrgico y enraizado en la Escritura, como los cantos devocionales extralitúrgicos popularizados desde principios del siglo XX, que en su día nadie pensó oponer al repertorio propiamente litúrgico.” Recomiendo encarecidamente su lectura completa ya que es muy ilustrativo y están muy bien fundamentadas sus opiniones como creyente y como músico profesional internacionalmente reconocido y admirado. Lo que faltaba ya son los curas Dj’s con “música” de muy dudosa espiritualidad.
El musicólogo canario Roberto Pía nos dice que “bajo el nombre de música sagrada se incluye el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna e sus diversos géneros, la música para el órgano y otros instrumentos admitidos en la liturgia y el canto popular sagrado, o sea, litúrgico y religioso. Con el Concilio Vaticano II se amplía el ámbito de la música sacra: “La Iglesia no excluye de las acciones litúrgicas ningún género de música sagrada, siempre que corresponda al espíritu de la misma acción litúrgica y a la naturaleza de cada una de sus partes, y no impida la debida participación del pueblo”, esta afirmación es interpretable ¿qué consideramos cualquier género de música sagrada? ¿Qué implica corresponder a la misma acción litúrgica?
La evolución de la música cristiana se produce desde las modalidades musicales griegas, según afirma Antonio Ramirez-Ángel en su obra Cultura Musical (Ed.Almena) 1977, porque “pasaron a formar parte del canto de los primitivos cristianos (...) con menos adornos, más llano, tal como correspondía al fervoroso fin a que se destinaba (...) estos cantos eran unisonales” en el canto llano se cantaba una sola melodía y a cada sílaba del texto le correspondía un solo sonido (una nota por sílaba). “Al paso de los siglos el canto litúrgico fue siendo ampliado, mejorado y ordenado, gracias al interés y celo de los papas, Obispos y Monjes”. Las melodías gregorianas o de canto llano posteriormente sirvieron de base a la polifonía religiosa y a las armonías que con ellas se generaban, eran melodías sencillas cuya espiritualidad se basaba en la elección de textos latinos extraídos de las sagradas escrituras y que formaban parte del rito y de la liturgia que era universal e igual en todas las iglesias cristianas de la época.
Si bien en origen la liturgia estaba fundamentada en el canto llano, es decir al unísono y únicamente por la voz humana y casi exclusivamente por las voces masculinas de monjes y sacerdotes. Con el desarrollo de la polifonía que comienza en los siglos XII y XIII, y cuyo esplendor llega con el Renacimiento, se empiezan a introducir acompañamientos instrumentales y variedad de voces, de ahí que comenzase a escribirse música con distintas líneas melódicas que confluían en choque armónicos maravillosos. La incorporación de los coros mixtos, es decir con voces de hombres y mujeres, incluso voces blancas, da variedad tímbrica al repertorio e incorpora una nueva visión de las interpretaciones.
Según nos cuenta Raúl del Toro en su entrada en InfoCatólica Con arpa de diez cuerdas del 10-12-12 La introducción del órgano en la liturgia de la Iglesia: “En la primera mitad del siglo XII el órgano ya se había consolidado como el instrumento propio del culto católico, tal como afirma el franciscano Bartholomeus Anglicus en su Liber de propietatibus rerum: De este instrumento hace comúnmente uso la Santa Iglesia, y no de otros (...). El carácter sacro del órgano será definitivamente sancionado por Santo Tomás de Aquino, cuando en su comentario al salmo 32 afirme como efecto peculiar de este instrumento que el afecto del hombre es arrebatado a lo celestial (rapitur in celestitudinem)”.
En este artículo no hemos hablado de toda la evolución de la música Sacra y litúrgica, ni de los autores, tanto españoles como del resto de Europa, cristianos de distintos ritos y liturgias que han escrito música para REZAR durante los últimos dos mil años, sería imposible en tan poco espacio pero me gustaría que quedase clara una idea, música y oración han sido una misma cosa durante siglos y el órgano ha estado presente en esta simbiosis desde hace casi 8 siglos, no desperdiciemos este inmenso patrimonio cultural y espiritual en aras de un, a mi juicio, “malentendido” espíritu de participación popular.
Nuestro programa intenta recoger un abanico de obras tanto de la liturgia propia de la misa como de oraciones a María o piezas propias de la Semana de la Pasión de Cristo, como preparación al tiempo que viene. Hemos intentado reflejar los distintos modos de poner música a la misma oración con letra en latín, como por ejemplo el Kyrie Eleison, así mismo interpretaremos piezas a cuatro voces mixtas A capella, alternando con piezas escritas con acompañamiento instrumental, aunque esto suponga un punto de atrevimiento por mi parte, ya que me obliga a tocar y a dirigir simultáneamente, tarea nada sencilla, al menos para mí. Autores de distintas épocas, desde T.L. de Victoria a contemporáneos como Mary Lynn Lightfoot.
Espero, así mismo, que esta humilde aportación sirva para que, entre todos, nos animemos a recuperar nuestro rico patrimonio musical, nuestro órgano y el coro que lo alberga para, desde allí, órgano, voces y quién sabe si alguna agrupación instrumental, podamos interpretar la música que durante siglos se escribió para elevar las almas de los feligreses hasta Dios, esa era su única y verdadera intención.
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