Su abuelo le inoculó el “veneno” del Ceuta, y él jamás abandonó a sus héroes
JUGADOR Nº12
Nuestro jugador nº12 ha vivido años buenos, malos y regulares, pero nunca ha dejado de sacarse el carnet. Tras dos temporadas que han sido “un premio”, quiere dejar de herencia a su hijo la pasión por el Ceuta
Hay pasiones que se eligen, pero las auténticas, se heredan. La de Juanele pertenece a ambas categorías. Primero, fue su abuelo quien le llevó de la mano al fútbol cuando apenas tenía cuatro o cinco años. Después, fue el propio Ceuta quien hizo el resto. Casi cuatro décadas más tarde, aquel niño que se sentaba en el gol general se ha convertido en el socio número 36 de la AD Ceuta, y continúa acudiendo al estadio con el mismo “veneno” en el cuerpo.
Su memoria todavía guarda imágenes que pertenecen a otro fútbol: hombres vestidos con chaqueta fumando puros en la grada, las almohadillas de Naranjito y aquella camiseta de Caja Ceuta. Era la época del Atlético Ceuta, y Juanele apenas alcanzaba a comprender qué significaba todo aquello, pero sí entendía algo fundamental que siempre agradecerá a su abuelo: “Cuando eres un niño, acudes al fútbol y los jugadores son parecen héroes”. El fútbol, entonces, se miraba con los ojos de un niño. La pasión, sin embargo, no desapareció cuando creció.
Hubo un parón. El fútbol le dio un respiro cuando desapareció aquel equipo, y también cuando su abuelo enfermó. Pero algunas aficiones no se pierden; simplemente esperan. Juan volvió a sentir aquel cosquilleo cuando el Ceutí Atlético comenzó a crecer desde la cantera y ascendió a Tercera. Volvió el fútbol y volvió el “veneno”, como él mismo define esa sensación.
También fue futbolista. Jugó hasta juveniles y disputó un par de temporadas en Regional, siempre ligado al Ceutí. Quizá, por eso, entiende el fútbol desde un prisma diferente, aunque la forma de vivirlo ha ya cambiado. Ahora los jugadores siguen siendo profesionales a los que admira, pero ya no son aquellos héroes intocables de la infancia. El abuelo desapareció, el niño creció, pero el Ceuta permaneció.
Juanele tampoco dejó de ser abonado cuando llegaron los años difíciles. Nunca dejó de sacarse el carnet. Primero en el gol, porque el bolsillo no permitía mucho más; después fue encontrando su sitio en tribuna. Incluso cuando el club descendió administrativamente y llegaron aquellos años que él mismo describe como “el desierto”, siguió allí. Temporadas de mitad de tabla, algún intento de playoff y muchas más decepciones que alegrías. Hasta que algo cambió.
La llegada de un proyecto ambicioso convirtió la rutina en ilusión. Cada temporada parecía traer una nueva posibilidad de ascenso y, poco a poco, aquello que durante tantos años había parecido una quimera comenzó a tomar forma. Juan recuerda especialmente aquellas fases de ascenso de infarto, con un gol de Ismael César en el minuto 95 ante el Ciudad de Lucena y aquel tanto de cabeza en Jerez que terminó llevando al Ceuta hasta donde durante décadas parecía imposible llegar.
“Mi sueño, fuera de lo personal y familiar, era ver al Ceuta en Segunda División antes de morirme”, confiesa. Por aquel entonces no sabía que lo lograría. Había sufrido antes los golpes de Ferrol y Girona, y llegó a pensar que aquella oportunidad no volvería a presentarse. Por eso, cuando finalmente ocurrió, no fue simplemente una celebración. Fue la culminación de casi cuarenta años de fidelidad.
Y entonces llegó la Segunda División. Contra todo pronóstico, la temporada terminó convirtiéndose en una de esas campañas que quedan grabadas a fuego en la memoria de una afición: una primera vuelta histórica, la posibilidad de alcanzar el playoff y la sensación de que aquel equipo podía competir contra cualquiera. El sufrimiento que anticipaba se convirtió en despreocupada felicidad.
Ahora afronta un nuevo curso con la misma mezcla de prudencia y confianza. No le preocupa demasiado el tropiezo inicial en Andorra ni las dudas que haya podido generar la pretemporada: “Cuando empieza la verdad es cuando el árbitro pita en el primer partido y todos los equipos parten de cero”. Sí reconoce que todavía faltan piezas, pero su confianza permanece intacta en la presidencia, la dirección deportiva y el cuerpo técnico.
Además, si hay un lugar donde Juan cree que el Ceuta puede cambiar las cosas es su estadio. “El Alfonso Murube es mágico”, repite, convencido de que la comunión entre equipo y grada, sagrada en Ceuta, puede elevar el rendimiento del conjunto caballa. Para esta temporada no pide imposibles, no importa sufrir, y firma incluso el puesto 18: “La 18, la firmo”.