Aisha Abdeselam Hamed: “Antes éramos 30 personas en la grada; ahora el Murube late como nunca”

JUGADOR Nº 12

Más allá de los resultados, Aisha pone en valor el alma de una AD Ceuta que ha conseguido unir a directiva, jugadores y aficionados en una misma familia

Aisha Abdeselam Hamed: “Antes éramos 30 personas en la grada; ahora el Murube late como nunca”
Aisha Abdeselam Hamed: “Antes éramos 30 personas en la grada; ahora el Murube late como nunca” | FOTO RINCÓN

Hay personas que sienten el fútbol como un entretenimiento. Y luego están aquellas que lo viven como una extensión de su propia vida. Aisha Abdeselam Hamed pertenece a ese segundo grupo. Su voz transmite emoción serena, memoria, orgullo y una fidelidad que no entiende de clasificaciones. Porque el jugador número 12 no siempre está sobre el césped. Muchas veces está en una grada, en un viaje interminable o en el silencio nervioso antes de un partido decisivo.

Aisha comenzó a seguir más de cerca a la AD Ceuta desde que su sobrino, Luhay Hamido, tomó las riendas del club hace ya ocho años. Pero su relación con el fútbol venía de mucho antes. De joven acudía al campo, aunque con el paso del tiempo las derrotas y la falta de ilusión fueron apagando poco a poco aquella rutina que parecía eterna.

“Perdíamos tanto que dejamos de ir”, reconoce con sinceridad. Y precisamente por eso sus palabras tienen todavía más valor. Porque ella sabe lo que es ver un Murube casi vacío. Sabe lo que es contar apenas unas decenas de aficionados en las gradas mientras el equipo atravesaba momentos difíciles.

Por eso hoy, cuando mira alrededor y observa miles de personas animando al Ceuta, siente algo imposible de explicar con cifras. Siente orgullo. Siente emoción. Siente que todo el sufrimiento de aquellos años ha valido la pena.

Aisha recuerda perfectamente aquella temporada en la que el equipo estuvo al borde del descenso y terminó salvándose con una segunda vuelta espectacular. Para ella, aquel momento marcó un antes y un después en la historia reciente del club. Ahí comenzó realmente el resurgir de la AD Ceuta.

Desde entonces volvió “el gusanillo”. Volvieron las ganas de ir al estadio. Volvió la ilusión. Y ahora, como ella misma dice entre risas, “a ver quién les dice que no vayan al campo”.

Pero si algo emociona especialmente de Aisha es la forma en la que habla de la afición caballa. No utiliza medias tintas. Para ella, la grada del Ceuta es “maravillosa”, “grandiosa” y un ejemplo de fidelidad absoluta. Cree que nunca falla, sin importar el horario, el rival o la distancia.

Y lo dice alguien que ha vivido muchos desplazamientos esta temporada. Porque Aisha no solo anima desde el Murube. También acompaña al equipo allá donde puede. Incluso después de una operación para cambiarse el marcapasos, terminó acudiendo al estadio para ver un partido. Un gesto que resume perfectamente lo que significa sentir unos colores de verdad.

Aunque suele estar en el palco acompañando al padre de Luhay Hamido tras su accidente, reconoce que siempre que puede busca el calor de la grada de animación. Allí encuentra algo que considera esencial: cercanía, humanidad y unión.

Porque si algo destaca continuamente durante la entrevista es el ambiente familiar que se ha construido alrededor del club. Aisha habla de una directiva cercana, de trabajadores siempre dispuestos a ayudar y de personas como Larbi, fundamentales para que la familia ceutí siga creciendo dentro y fuera del estadio.

Para ella, uno de los secretos del éxito de esta temporada está precisamente ahí. En la mezcla perfecta entre buenos jugadores, una dirección deportiva acertada y un entorno humano que hace sentir importante a cualquiera que se acerque al club.

Optimista y orgullosa, Aisha refleja el espíritu competitivo de una afición que ha aprendido a mirar hacia arriba sin miedo y con el corazón lleno de esperanza

Aisha también pone en valor el trabajo realizado en los fichajes. Cree que el cambio del equipo llegó cuando comenzaron a incorporarse las piezas adecuadas y se consiguió formar un grupo equilibrado y competitivo. Un equipo, como ella misma define, “muy mezclado y maravilloso”.

Su mirada hacia el futuro también transmite madurez y paciencia. Aunque sueña con seguir creciendo, considera que el Ceuta necesita consolidarse varios años en la categoría para fortalecerse definitivamente. Porque sabe que los proyectos sólidos se construyen desde la estabilidad y no desde la prisa.

Sin embargo, eso no le impide ser tremendamente ambiciosa. Cuando habla de la clasificación, su optimismo aparece inmediatamente. Quiere mirar hacia arriba. Quiere creer. Quiere seguir soñando con un Ceuta peleando por puestos importantes. Porque si algo define a esta afición es precisamente eso: la capacidad de ilusionarse incluso cuando parecía imposible.

Hay una frase suya que resume a la perfección el espíritu actual del equipo y de la ciudad: “Cuando vienen los equipos grandes, nosotros nos hacemos más grandes”. Una afirmación cargada de personalidad, orgullo y confianza en lo que representa hoy la AD Ceuta.

Aisha sabe que algunos futbolistas importantes pueden marcharse. Entiende que el fútbol funciona así y acepta que muchos jugadores buscan crecer profesionalmente. Pero incluso ahí mantiene su elegancia, agradeciendo el esfuerzo de quienes han defendido este escudo y confiando plenamente en quienes toman las decisiones deportivas.

Porque el jugador número 12 no solo anima cuando las cosas van bien. También comprende, acompaña y sostiene al equipo en cada cambio de etapa. Y eso es exactamente lo que representa Aisha Abdeselam Hamed.

Ella simboliza a toda esa generación de aficionados que sufrió el silencio de un estadio vacío y que ahora disfruta viendo cómo el Murube vuelve a latir con fuerza. Representa a quienes nunca dejaron de creer del todo. A quienes siguieron esperando el momento en el que Ceuta volviera a sentirse orgullosa de su equipo.

Y quizás por eso su historia emociona tanto. Porque no habla únicamente de fútbol. Habla de pertenencia. De familia. De esperanza. De volver a levantarse después de caer. Habla de una ciudad que ha recuperado la ilusión gracias a un escudo y a miles de personas que jamás dejaron de empujar.

Aisha es, sin necesidad de ponerse botas ni saltar al césped, uno de esos jugadores invisibles que sostienen al club desde el corazón. Uno de esos jugadores número 12 que hacen que la AD Ceuta nunca camine sola.

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