Alberto y Lola: dos vidas, un mismo escudo y toda una historia junto al Ceuta

JUGADOR Nº 12

Un matrimonio unido por el fútbol y por el Ceuta, donde cada partido es una cita ineludible que forma parte de su historia personal y familiar

Alberto y Lola: dos vidas, un mismo escudo y toda una historia junto al Ceuta
Alberto y Lola: dos vidas, un mismo escudo y toda una historia junto al Ceuta | FOTO RINCÓN

Hay parejas que comparten aficiones. Y luego están Alberto y Lola, que comparten algo más profundo: una vida entera girando alrededor del Ceuta.

Lo suyo no es solo ir al fútbol. Es una rutina, una costumbre que se ha convertido en parte de su identidad. Cada partido tiene su ritual, su conversación previa, su análisis, su forma de vivirlo.

Alberto Sobrino Morales lo resume fácil: toda la vida. Setenta años siguiendo al Ceuta dan para mucho. Para recuerdos, para anécdotas… y para una fidelidad que no admite discusión.

Desde niño, cuando iba con su padre al Murube, el fútbol dejó de ser un simple entretenimiento. Aquellas tardes en el estadio marcaron el inicio de algo que ya nunca cambiaría.

Y si hay un lugar que define su historia como aficionado, ese es Gol. Durante décadas, ese fue su sitio. Allí veía los partidos, allí sufría, allí celebraba.

Gol era ruido, cercanía, comentarios con los de al lado, tensión en cada jugada. Era vivir el fútbol sin filtros.

Alberto y Lola: dos vidas, un mismo escudo y toda una historia junto al Ceuta
Alberto y Lola: dos vidas, un mismo escudo y toda una historia junto al Ceuta | CEDIDA

Pero además de aficionado, Alberto también fue protagonista dentro del campo. Jugó en el Ceuta en categoría aficionada, una experiencia que le permitió conocer el club desde dentro.

Eso solo hizo que su vínculo fuese aún más fuerte. Porque no es lo mismo animar… que haber formado parte.

Con el paso del tiempo, esa pasión se fue trasladando a su familia. Sus hijos crecieron con el Ceuta como telón de fondo, acompañándolo al estadio y aprendiendo a sentir los colores.

Lola, su mujer, no se quedó atrás. En su casa, el fútbol siempre tuvo un peso importante. Desde pequeña, vivió partidos en familia, rodeada de ese ambiente que engancha sin darte cuenta.

Además, su vínculo con el Ceuta tiene un nombre propio: Manolo Serrán, mítico jugador del club y primo suyo. Un detalle que hace que su conexión con el equipo sea todavía más especial.

Cuando Alberto y Lola hablan del Ceuta, no hablan como simples aficionados. Hablan desde dentro, desde la experiencia de toda una vida.

Y eso se nota en cada recuerdo, en cada viaje, en cada historia que cuentan.

Lola junto al jugador ceutí Aisar
Lola junto al jugador ceutí Aisar | CEDIDA

Porque si algo han hecho durante años es seguir al equipo allá donde hiciera falta. Alicante, Jerez, Alcoy, Elda… kilómetros y kilómetros acumulados por ver al Ceuta.

Viajes largos, a veces en coche, otras en autobús, con horas interminables de carretera. Pero siempre con el mismo objetivo: estar.

Ese “estar” es lo que define al jugador número 12.

La vida, sin embargo, puso un obstáculo importante. Un ictus obligó a Alberto a cambiar su forma de ir al fútbol. Las escaleras de Gol dejaron de ser una opción.

Pero dejar de ir al Murube nunca fue una posibilidad.

La solución fue el palco. Un cambio grande, distinto a lo que había vivido durante décadas, pero necesario para poder seguir disfrutando del equipo.

Y aunque ahora vea los partidos desde otra perspectiva, hay algo que no cambia: su manera de implicarse en cada jugada.

Porque Alberto sigue viviendo los partidos como si estuviera en Gol.

Lola, a su lado, comparte cada minuto. Aunque reconoce algo sin dudar: le gusta la Grada Sur.

Le gusta cómo se vive el fútbol allí. La animación constante, los cánticos, la forma en la que la afición empuja al equipo sin descanso.

Para ella, ahí está una de las claves: en cómo la gente aprieta desde fuera.

Alberto junto al presidente de la AD Ceuta, Luhay Hamido
Alberto junto al presidente de la AD Ceuta, Luhay Hamido | CEDIDA

Esa misma implicación les llevó, junto a otros amigos, a fundar la peña Tomatito. Un grupo de aficionados que decidieron dar un paso más y organizar su pasión.

La peña es un reflejo de lo que son ellos: cercanía, compromiso y ganas de vivir el Ceuta en grupo.

El ascenso a Segunda División después de 45 años ha sido uno de los momentos más especiales que han vivido. Y no es para menos.

Después de tanto tiempo, de tantas temporadas, ver al equipo volver a esa categoría es algo que emociona.

Y más aún viendo cómo está compitiendo. Porque este Ceuta no solo está de paso: está plantando cara.

Cada partido se vive con ilusión. Como el próximo ante el Cádiz, donde tienen claro que el equipo puede sacar un resultado positivo.

Confían en una victoria trabajada, de esas que se pelean hasta el final.

Y mirando más allá, no descartan nada. Mantener la categoría es clave, pero si el equipo sigue así…

¿Por qué no soñar?

Porque si algo tienen claro Alberto y Lola es que el Ceuta siempre sorprende a quien cree en él.

Y ellos llevan toda la vida creyendo. Toda la vida estando. Toda la vida siendo, sin duda, ese jugador nº12 que nunca falla.

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