Alberto ‘Yubero’: tres décadas de fidelidad inquebrantable al Ceuta

JUGADOR Nº 12

Desde un niño que caminaba solo hacia el Benoliel hasta un aficionado que ha vivido cada caída y cada resurrección, Yubero encarna la fidelidad más pura al escudo caballa

Alberto ‘Yubero’: tres décadas de fidelidad inquebrantable al Ceuta
Alberto ‘Yubero’: tres décadas de fidelidad inquebrantable al Ceuta | CEDIDA

Hay historias que no se cuentan con datos ni con estadísticas. Hay historias que se sienten. La de Alberto ‘Yubero’ es una de ellas. No habla solo de fútbol, habla de pertenencia, de identidad, de un vínculo que no se rompe ni con derrotas, ni con años duros, ni siquiera con la desaparición de un club. Habla de lo que significa ser el jugador número 12 de verdad.

Porque Yubero no nació siendo del Ceuta. Nadie en su casa le inculcó ese sentimiento. Nadie le llevó de la mano al estadio. Lo suyo fue diferente. Lo suyo fue una llamada interior, una necesidad casi inexplicable de tener algo propio que defender.

Tenía apenas 12 o 13 años cuando empezó todo. Caminaba solo desde su barrio hasta el antiguo Benoliel. No había comodidades, no había grandes focos, no había estrellas. Solo había tierra, ilusión… y un equipo que empezaba a latir.

Aquel Ceuta Atlético de los años 96-97 no era solo un club. Era el inicio de algo más grande. Era el nacimiento de un sentimiento que, sin saberlo, iba a acompañarle toda la vida. Desde entonces, nunca se ha bajado de ese viaje.

Entre desapariciones, ascensos y sueños, su relato refleja lo que significa amar a un equipo que representa mucho más que fútbol

Mientras otros miraban a los grandes equipos por televisión, él tenía claro lo que quería. No quería ser uno más animando al Madrid o al Barça. Quería algo suyo. Algo cercano. Algo que pudiera tocar, vivir, sufrir.

“Por fin tengo un equipo de mi tierra”, recuerda como si aún fuera aquel niño. Y en esa frase se resume todo. Porque para Yubero, el fútbol nunca fue solo fútbol. Fue identidad.

Llegaron los años de crecimiento, de ilusión, de creer que todo era posible. El ascenso a Segunda B, los playoffs, los viajes, los nombres que se quedaban grabados en la memoria. Cada temporada era una nueva esperanza.

Pero también llegaron las decepciones. Porque el camino del aficionado auténtico nunca es recto. Es un camino lleno de curvas, de golpes, de caídas que duelen más de lo que se puede explicar.

Y entonces llegó 2012.

La desaparición del club no fue solo una noticia. Fue un golpe al corazón. Un vacío difícil de llenar. “Lo pasé muy mal”, confiesa. Y no hace falta añadir mucho más. Solo quien siente unos colores de verdad entiende lo que significa perderlos.

Pero el fútbol, como la vida, siempre encuentra la forma de volver.

El renacer del club, el empezar desde abajo, desde casi la nada, fue también una forma de reconstruirse como aficionado. Volver a creer. Volver a ilusionarse. Volver a estar.

Porque Yubero nunca se fue. Nunca dudó. Nunca abandonó.

Alberto ‘Yubero’: tres décadas de fidelidad inquebrantable al Ceuta
Alberto ‘Yubero’: tres décadas de fidelidad inquebrantable al Ceuta | CEDIDA

Y hoy, cuando mira al presente de la AD Ceuta, lo hace con una sonrisa distinta. No es la ilusión ingenua de antes. Es algo más profundo. Más sereno. Más real.

Sabe de dónde viene el equipo. Sabe lo que ha costado llegar hasta aquí. Y por eso valora cada punto, cada partido, cada pequeño logro como si fuera enorme.

“Este año soy feliz”, dice. Y lo dice alguien que ha vivido décadas de sufrimiento. Alguien que antes no podía ni soportar una derrota sin que le arruinara el día.

Ahora es diferente.

Ahora disfruta. Disfruta ganando, claro. Pero también perdiendo. Porque entiende que el camino también forma parte del premio. Porque sabe que estar ahí ya es una victoria.

Esa es la evolución del aficionado. Esa es la madurez del sentimiento.

Y aunque el playoff aparece en el horizonte como una posibilidad, Yubero mantiene los pies en el suelo. No necesita promesas grandilocuentes. No necesita soñar demasiado alto.

Para él, la permanencia ya es motivo de orgullo. Ya es suficiente para sentirse pleno.

Eso no significa falta de ambición. Significa entender el contexto. Significa querer al equipo tal y como es, no como te gustaría que fuera.

Yubero no mide el éxito en resultados, sino en pertenencia: en sentir que el Ceuta es, por encima de todo, su casa

Esa es la diferencia entre el aficionado y el verdadero hincha.

Esta temporada solo ha podido viajar una vez, a Cádiz. El trabajo, la vida, las responsabilidades… todo influye. Pero eso no cambia nada. Porque el sentimiento no se mide en kilómetros.

Aun así, ya mira al futuro. Se promete a sí mismo que el próximo año viajará más. Que recorrerá Andalucía siguiendo al equipo. Porque hay deudas que uno tiene consigo mismo.

Y la suya es clara: seguir estando.

Porque al final, eso es lo que define a Yubero. No los años. No los partidos. No los resultados.

Lo define la constancia. Lo define esa imagen de un niño caminando solo hacia un campo de tierra para ver a su equipo. Lo define el dolor de 2012. Lo define la sonrisa de hoy.

Y sobre todo, lo define una verdad sencilla pero poderosa: hay amores que no se eligen, pero cuando llegan, ya no se van nunca.

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