El Ceuta sufre y remonta ante el Valladolid para sumar su primer punto del curso

LIGA HYPERMOTION

Los de José Juan Romero siguen siendo incapaces de levantar cabeza y revertir su mala suerte pese a haber sido muy superiores al rival

Carlos Álvarez celebra el gol del empate
Carlos Álvarez celebra el gol del empate | REDUAN
David Villén
20 sep 2026 - 18:26

Un caballa nunca se rinde. Ese es el lema que define a la perfección a los ceutíes, y que puede explicar cómo logró la Agrupación Deportiva Ceuta su primer punto de la temporada en la Liga Hypermotion después de seis jornadas, tras remontar y empatar a uno sobre la bocina y de forma absolutamente épica ante el Real Valladolid en un Alfonso Murube que estalló de júbilo en el minuto 100 con el gol de Carlos Hernández.

Un resultado, de todos los que lleva cosechados, que quizá sea el más injusto de ellos pese a haber sido el más productivo, porque se confirmó la mejoría de los últimos compromisos en intensidad y juego, aunque los problemas en las áreas de los que habló José Juan Romero -sin eficacia ni contundencia- volvieron a pesarle demasiado a los caballa y los dejaron sin reclamar un premio mayor que, como decimos, merecieron de principio a fin.

El Ceuta fue de menos a más durante el primer tiempo. Comenzó atenazado, midiendo distancias y tanteando a su rival, que sacó de inicio y contra todo pronóstico un doble punta que incomodó, y mucho, a Carlos Hernández y a Capa, de regreso en el once tras cumplir sanción.

La pareja de centrales caballa no tuvo un respiro en el primer periodo, aunque poco a poco se fueron emparejando mejor con Latasa y Arnu. José Juan Romero, independientemente, no quiso ser menos que Fran Escribá, y también experimentó con un once que cogió desprevenido al Valladolid. Ni Umaru, ni Sadik, ni Escobar. Falso nueve con Zalazar arriba, y una medular muy reforzada para controlar mejor los idas y vueltas.

Como si de una partida de ajedrez se tratara, ambos estrategas se retaron. Empezó moviendo el conjunto visitante, que provocó un paradón de Guille Vallejo en el minuto 10. El guardameta regresó a la titularidad dos partidos después, y voló para meter una mano salvadora a disparo de Chachón, que recortó tras controlar un gran centro de Víctor Jr.

A la salida del córner inmediato, Latasa recibió la primera amarilla del partido por un agarrón aparatoso sobre Capa cuando salían tres jugadores ceutíes a la contra, y propició que el Ceuta se activase para meterse de lleno en el encuentro. Así, en el 13, Camacho firmó una de sus arrancadas para combinar con Sevikyan, muy inspirado jugando por dentro y por fuera, que ensayó el disparo sin suerte. El rebote le cayó a Meléndez, que tras levantar la cabeza buscando otras alternativas, también chutó y estuvo a centímetros de meter un golazo. Su balón, sin embargo, besó el palo y se marchó.

Como la igualdad fue la tónica de esos 45 minutos iniciales, el Valladolid no podía ser menos. Así, en el toma y daca perpétuo entre ambos equipos, los vallisoletanos también se encontraron con la madera. Arnu remató al poste tras una jugada que nació embarullada en su propio campo y que siguió siendo caótica al llegar al área caballa. Tras escupir el palo el disparo, Chacón pudo conectar el rechace pero lo envió fuera de forma incomprensible.

El Ceuta dispuso de la última ocasión clara del primer tiempo con un centro cruzado de Matos al que no llegó de milagro Camacho en el primer palo. Después de ese aviso, ambos conjuntos decidieron protegerse del intercambio de golpes, como prueba la amarilla que vio Carlos Hernández a la media hora para cortar un contraataque blanquivioleta, y aunque se siguió creando peligro -fundamentalmente para los anfitriones- el descanso acabó llegando con el 0-0 inicial. 

Nada más arrancar la segunda parte, el Ceuta salió a morder con más ímpetu que el Valladolid. Okoro, inmenso en la medular, recuperó bien arriba y cedió para Zalazar, que iba solo pero vio como le interceptaron el disparo. En general, el Kuki no estuvo demasiado suelto jugando en punta, y el equipo se resintió por ello en la fase creativa. En la jugada posterior, el balón le llegó al recién entrado Toni Abad, cuyo disparo acabó mansamente en los guantes de Aceves.

José Juan Romero ya había movido el banquillo porque no se fiaba de la consistencia defensiva de su zaga frente al esquema del doble delantero, pero esa decisión fue la que le costó caro al Ceuta precisamente cuando mejor estaba. Una jugada aislada, en la banda izquierda, acabó con un centro súbito de Ponceau que Latasa acertó a rematar en el 53 gracias a su estatura en el segundo palo, donde ni Capa ni Bodiger, que sustituyó a Mawuli para ayudar en tareas defensivas, pudieron poner oposición.

Conforme anotó, el Valladolid se pertrechó en su campo, retrocedió treinta metros, juntó líneas y se dedicó a dejar pasar el tiempo y aguantar el resultado. El Ceuta, en cambio, tardó en asimilar que le estuviese pasando de nuevo lo de siempre, pero empezó a venirse arriba y a apretar sobre el área vallisoletana.

En el 66, Sadik dispuso de una doble ocasión de mucho peso, pero no pudo concretar ninguna de las dos con un disparo limpio. Todo ello, además, mientras el Murube reclamaba un penalti por mano que no interpretó así ni Saúl Ais, ni el VAR. Y, así, siguieron transcurriendo los minutos, con internadas peligrosas por las bandas que acababan en nada, mientras el Valladolid lanzaba contragolpes que prometían más de lo que lograron.

Conforme avanzaba el reloj, el público y sus futbolistas comenzaron a impacientarse, aunque no a precipitarse. Así se llegó al 86, cuando Álex Balboa, recién entrado al terreno de juego, recibió su segunda amarilla en 15 minutos por una falta en la frontal sobre Capa y tuvo que abandonar el partido expulsado. Por desgracia, Jordi Escobar no acertó a superar la barrera.

El partido se ensució en los minutos finales, y el descuento sirvió de poco a un Ceuta al que la desesperación ahí ya sí le pasó factura, metiendo centros desde ángulos inverosímiles en busca de un milagro que no llegó, y que sigue sin llegar. Para regodearse en su crueldad, además, el fútbol le regaló a los caballa un cabezazo al larguero de Joaquín en el 97 en el único centro con sentido que fueron capaces de poner.

Sin embargo, cuando todo parecía perdido, Okoro y Matos se aliaron para poner un último centro que primero intentó rematar Jordi Escobar, y que le llevó a asistir sin querer al capitán caballa. Carlos Hernández, que se había quedado en el área por si acaso, salió al rescate y empujó un balón en el 100 que hace respirar de alivio y soñar a toda una ciudad que nunca ha perdido la esperanza, y que sabe que su equipo sale a jugar cada partido como si fuese el último, cada día con más argumentos para ganar o, al menos, puntuar, y que parece ver poco a poco luz al final de un túnel que hasta hoy estaba siendo, más bien, un agujero negro.

También te puede interesar

Lo último

stats