Un Dúo de hermanos, herencia blanca y negra: Cuando el Ceuta se siente en familia

JUGADOR Nº 12

Pablo y Ángel, dos hermanos, una misma pasión y un escudo que se hereda de generación en generación. Del recuerdo del abuelo bajo palos en los años 50 al Murube actual que no deja de soñar

Pablo y Ángel Dúo, un 'Dúo' de hermanos, herencia blanca y negra: Cuando el Ceuta se siente en familia
Pablo y Ángel Dúo, un 'Dúo' de hermanos, herencia blanca y negra: Cuando el Ceuta se siente en familia | FOTO RINCÓN

CEUTA/ Hay historias que no se miden en ascensos ni en clasificaciones. Historias que se escriben con recuerdos, con viajes interminables, con tardes de frío y con una fidelidad que no entiende de categorías. La de Pablo Dúo y Ángel Dúo es una de ellas. Dos hermanos, dos abonados, dos voces del fondo que representan a la perfección a ese eterno jugador nº12 que nunca aparece en la alineación, pero siempre juega el partido entero.

Hablar de ellos es hablar de herencia. Porque su vínculo con la AD Ceuta no empieza solo en la grada ni en la cantera. Empieza mucho antes, cuando su abuelo, Ángel Dúo Vázquez, defendía la portería de la antigua Sociedad Deportiva Ceuta en los años 50, en Segunda División, cuando el fútbol era más crudo, pero también más puro.

Ficha de Ángel Dúo Vázquez, abuelo de Pablo y Ángel, con la Sociedad Deportiva Ceuta en la temporada 53/54
Ficha de Ángel Dúo Vázquez, abuelo de Pablo y Ángel, con la Sociedad Deportiva Ceuta en la temporada 53/54 | FOTO CEDIDA
Ángel Dúo Vázquez, abuelo de Pablo y Ángel Dúo, a la salida del túnel de vestuarios durante un encuentro defendiendo la portería de la Sociedad Deportiva Ceuta
Ángel Dúo Vázquez, abuelo de Pablo y Ángel Dúo, a la salida del túnel de vestuarios durante un encuentro defendiendo la portería de la Sociedad Deportiva Ceuta | FOTO CEDIDA

Ángel recuerda cómo su padre lo llevó de niño al Murube para vivir aquel ascenso a Tercera que se le quedó grabado para siempre. Nombres, sensaciones, un estadio que ya entonces enseñaba lo que significaba empujar desde la grada. Desde ahí, el Ceuta dejó de ser solo un equipo para convertirse en una costumbre vital.

Pablo lo resume sin rodeos: más de treinta años siguiendo al Ceuta. Con etapas buenas y malas, con momentos en los que la llama pareció apagarse cuando el club tocó fondo, pero con un regreso que volvió a engancharlos para siempre. Porque quien siente estos colores, no los olvida.

Ambos coinciden en que algo ha cambiado en los últimos años. No solo la categoría, sino la forma de competir. El Ceuta ahora juega, propone, se atreve. Ya no es solo pelea y balonazo; es fútbol. Y eso, como señala Pablo, también engancha a más afición.

Ángel lo tiene claro: él siempre sueña. La ilusión es lo más bonito del fútbol y no cuesta nada. Luego llegará la realidad, pondrá límites si tiene que ponerlos, pero nadie le va a quitar el derecho a creer mientras el equipo compita como lo está haciendo.

Ángel Dúo, portero de la AD Ceuta cuando era Cadete.
Ángel Dúo, portero de la AD Ceuta cuando era Cadete. | FOTO CEDIDA

Pablo, algo más prudente, prefiere ir paso a paso. Consolidarse, asegurar la permanencia y, si llegado marzo o abril el equipo sigue ahí, entonces sí, mirar más arriba. Disfrutar del juego, del momento y de una categoría durísima que exige constancia.

Hablan también de las lesiones, de las ausencias importantes y de cómo pueden afectar al equipo. Ángel asume que es parte del camino: la plantilla no son once, la temporada es larga y todos tendrán que adaptarse. Para él, cada baja es una oportunidad para otro compañero.

Pablo no esquiva el análisis futbolístico. Falta de gol, más tiros, momentos donde el equipo tarda en reaccionar. Pero incluso la crítica nace desde el cariño, desde la implicación del que siente cada error como propio y cada victoria como un desahogo colectivo.

Y si hay algo que define a estos dos hermanos es que no solo animan en casa. Han recorrido media España siguiendo al Ceuta: Valladolid, Santander, Cádiz, A Coruña, Granada… Frío, kilómetros, derrotas dolorosas. Pero siempre orgullo.

Ángel reflexiona sobre algo que va más allá del fútbol. El estadio como punto de encuentro. Da igual el origen, la ideología o la religión: durante noventa minutos todos empujan hacia el mismo lado. Eso, dice, es lo verdaderamente grande de este deporte.

Son abonados desde hace años. Ángel, además, ha transmitido ese sentimiento a sus hijos, porque el ceutismo también se hereda. Como se heredó de su abuelo a su padre, y de su padre a ellos.

Cuando se les pide un deseo, ninguno habla de finales ni de ascensos obligatorios. Hablan de mantener la ilusión, de disfrutar el regalo que está siendo esta temporada y de reconocer el trabajo de la directiva, el cuerpo técnico y de tanta gente de Ceuta que hay detrás del escudo.

Porque este reportaje no va solo de fútbol. Va de familia, de memoria y de pertenencia. De dos hermanos en el fondo sur, cantando aunque no vean el marcador. De un abuelo que fue portero cuando todo empezaba.

Va, en definitiva, de ese jugador nº12 que nunca se rinde, que siempre vuelve y que pase lo que pase seguirá diciendo con orgullo: “Yo soy del Ceuta”.

Pablo Dúo, durante un derbi contra el Algeciras, en Tercera División pese a ser todavía juvenil, en el Benoliel.
Pablo Dúo, durante un derbi contra el Algeciras, en Tercera División pese a ser todavía juvenil, en el Benoliel. | FOTO CEDIDA

Integrantes de la peña ‘El 1%”

Hay un detalle que termina de explicar por qué Pablo y Ángel representan tan bien al jugador nº12. Ambos forman parte de la Peña El 1 %, una peña que no nace desde la euforia, sino desde la resistencia, desde ese momento en el que creer era casi un acto de fe. El nombre no es casual ni efectista. Hace tres temporadas, cuando el Ceuta apenas sumaba siete puntos, las casas de apuestas otorgaban solo un 1 % de posibilidades de salvación.

Un número frío, casi cruel. Pero para ellos fue justo lo contrario: un ancla, un motivo para agarrarse aún más fuerte al escudo. “Si hay un 1 %, hay esperanza”. Esa fue la filosofía. Donde otros veían sentencia, ellos vieron motivo para seguir. Para animar más fuerte, para viajar, para no soltarse cuando todo empujaba al abandono. Porque el ceutismo, como la vida, también va de creer cuando nadie más lo hace.

La peña El 1 % se convirtió así en símbolo de una manera de sentir el fútbol: la del que no se rinde, la del que acompaña incluso cuando duele, la del que entiende que apoyar no es solo celebrar victorias, sino sostener al equipo cuando flaquea. Pablo y Ángel encarnan ese espíritu. No como pose, sino como forma natural de vivir el Ceuta. Estuvieron cuando las probabilidades eran mínimas, cuando el camino era cuesta arriba y cuando soñar parecía ingenuo. Y por eso ahora, cuando el equipo compite y ilusiona, disfrutan cada minuto como un regalo ganado a pulso.

Porque al final, ese 1 % no era solo una cifra. Era una declaración de principios. Y hoy, cada vez que el Ceuta salta al césped y la grada empuja, queda claro que aquel 1 % fue suficiente para cambiarlo todo.

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