Emilio Fernández, 31 años de amor caballa que ya son cosa de familia
JUGADOR Nº 12
Llegó desde Orense y terminó enamorándose de unos colores que lleva más de tres décadas defendiendo, en las buenas y en las malas. Su esposa, María José González Romero, ya fue protagonista de esta sección y ahora es él quien recoge el testigo de una pasión que también han heredado sus hijas
Hay amores que nacen de un flechazo y otros que se construyen con los años, entre alegrías, decepciones y domingos de fútbol. El de Emilio Fernández Fernández por la AD Ceuta FC pertenece a los segundos. Este orensano de 60 años llegó a la ciudad hace más de tres décadas sin imaginar que acabaría encontrando en el Alfonso Murube una segunda casa. Hoy, 31 años después, sigue sintiendo los colores blancos con la misma ilusión, pero con una satisfacción añadida: aquella pasión que comenzó siendo suya se ha convertido en una preciosa tradición familiar.
La historia tiene, además, una bonita coincidencia. Su esposa, María José González Romero, fue la jugadora número 12 en la tercera jornada de la pasada temporada, durante la visita del Ceuta a Santander. Ahora es Emilio quien recoge el testigo, demostrando que en su hogar el sentimiento caballa no entiende de turnos. "Mi mujer nunca ha sido una futbolera acérrima, pero del Ceuta es aficionada de primera", comenta orgulloso. Y es que cuando una pasión se comparte, las victorias se celebran el doble y las derrotas duelen un poquito menos.
Emilio comenzó a seguir al equipo prácticamente desde su llegada a Ceuta. Unas temporadas como abonado y otras comprando su entrada cuando podía, pero siempre pendiente de lo que sucedía sobre el césped. "Llevo aquí 31 años y desde el primero estoy con el Ceuta", recuerda. Su afición al fútbol le había llevado a interesarse por los equipos locales de las ciudades donde había vivido, aunque en Ceuta aquella costumbre terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo. Fue testigo de años difíciles, de categorías modestas y de sueños que parecían imposibles, pero nunca dejó de sentirse parte de la familia caballa.
Por eso disfruta especialmente del presente. Después de tantos años esperando, contemplar al Ceuta compitiendo en el fútbol profesional tiene para él un significado especial. "Ahora engancharse al Ceuta es muy fácil, porque disfrutamos todos", reconoce. Y no le falta razón. Quienes han acompañado al equipo cuando las alegrías escaseaban saben que cada partido en Segunda División representa mucho más que tres puntos. Es el premio a una fidelidad que ha resistido el paso del tiempo.
Una pasión que se hereda
Pero si algo hace especial su historia es que el Ceuta se ha convertido en un vínculo que une a toda su familia. Emilio y María José aprovechan los desplazamientos para acompañar al equipo, descubrir ciudades y compartir experiencias con otros aficionados. "Los viajes que estamos haciendo son una delicia. Las ciudades que visitamos y el ambiente que vivimos son un privilegio", asegura. Sus hijas tampoco se han quedado al margen. La pequeña acude habitualmente al estadio, mientras que la mayor, María, también participa en los desplazamientos. Emilio recuerda especialmente un encuentro de hace varias temporadas en el que apenas había unos pocos seguidores caballas en la grada. Una de aquellas incondicionales era precisamente su hija.
En lo deportivo, Emilio contempla el presente con serenidad. Las cinco derrotas consecutivas del comienzo liguero no han conseguido alterar su confianza en el equipo de José Juan Romero. "Yo veo el mismo Ceuta. No encuentro grandes diferencias con el fútbol que hemos hecho en las últimas campañas", sostiene. Considera que las lesiones y la falta de acierto han condicionado los resultados, aunque está convencido de que el buen juego terminará encontrando recompensa. El empate conseguido en Castellón reforzó esa confianza: "Es mucho más que un punto. Es un golpe de moral para el equipo que nos reafirma en que vamos por buen camino". También destaca el rendimiento de Álex Camacho, una de las sorpresas agradables de la temporada.
Y precisamente porque conoce el camino recorrido, este jugador número 12 tiene un mensaje para los aficionados más impacientes. "Tenemos que ser conscientes de la categoría en la que estamos.
Lo que estamos consiguiendo es realmente memorable", advierte. Recuerda que el Ceuta compite frente a clubes con presupuestos y estructuras muy superiores, por lo que considera que consolidarse en Segunda División ya sería un éxito extraordinario. No pide conformismo, sino memoria y paciencia. Para Emilio, disfrutar del fútbol profesional después de tantos años de dificultades es un privilegio que merece valorarse.
De cara al encuentro de este sábado frente al Sabadell, espera un partido complicado, aunque se atreve a pronosticar una victoria caballa por 2-1. Y cuando mira hacia el final de temporada, su deseo es sencillo: alcanzar la permanencia, seguir disfrutando del fútbol que propone José Juan Romero y comprobar que el equipo continúa creciendo. No necesita promesas de ascensos ni objetivos desmesurados. Le basta con ver a su Ceuta competir con orgullo y mantener viva la ilusión de una afición que ha esperado demasiado tiempo para disfrutar de este momento.
Porque la historia de Emilio Fernández habla de mucho más que fútbol. Habla de raíces que se echan lejos de la tierra donde uno nació, de una ciudad que termina convirtiéndose en hogar y de una pasión que pasa de padres a hijos casi sin darse cuenta. Hace 31 años llegó a Ceuta siendo un aficionado al fútbol. Hoy es un caballa de corazón que ha conseguido que toda su familia lata al ritmo de una misma camiseta. Y esa, seguramente, sea la victoria más bonita de todas.