Jesús y Enry: Una historia de amor, superación y una medicina llamada AD Ceuta

JUGADOR Nº 12

El Alfonso Murube se ha convertido en su segundo hogar. Ni las dificultades de salud ni los malos resultados han conseguido apagar la pasión de este matrimonio

Jesús y Enry: Una historia de amor, superación y una medicina llamada AD Ceuta
Jesús y Enry: Una historia de amor, superación y una medicina llamada AD Ceuta | FOTO RINCÓN

Hay historias que se escriben con goles, ascensos y victorias. Otras, sin embargo, nacen de las dificultades de la vida y encuentran en el fútbol una razón para sonreír. La de Jesús Durán Rodríguez y Enry Muñoz pertenece a estas últimas. Un matrimonio que ha convertido su amor por la AD Ceuta FC en algo mucho más importante que una afición: una fuente de ilusión, amistad y fortaleza para afrontar los momentos más complicados.

Su pasión por el conjunto caballa comenzó a crecer cuando el equipo luchaba por alcanzar la Segunda División. Hasta entonces habían seguido sus pasos de manera ocasional, pero algo cambió cuando el fútbol apareció en sus vidas en un momento especialmente delicado. Jesús había recibido dos diagnósticos de cáncer y afrontaba una batalla personal en la que cualquier motivo para recuperar la sonrisa tenía un valor incalculable.

Fue entonces cuando el Ceuta comenzó a ocupar un lugar especial en sus corazones. Enry lo explica con una frase que resume mejor que cualquier resultado lo que representa este sentimiento: “Es que le hace más efecto que la quimioterapia”. Una expresión nacida del cariño, con la que describe cómo la ilusión de seguir al equipo ha ayudado a su marido a sobrellevar la enfermedad.

Desde hace dos temporadas son abonados y han convertido el estadio Alfonso Murube en uno de sus lugares favoritos. Jesús disfruta especialmente de la grada sur, cerca de los aficionados más animosos, donde cada cántico y cada jugada se viven con una intensidad diferente. Aunque su estado de salud y las temperaturas le impiden acudir en determinadas ocasiones, jamás deja de acompañar al equipo, aunque tenga que hacerlo desde el sofá de casa.

Pero esta historia de amor por el Ceuta tiene un tercer protagonista. Se llama Lucas, tiene doce años y es el nieto del matrimonio. Los tres forman una pequeña familia futbolera que comparte partidos, desplazamientos y recuerdos que permanecerán mucho después de que el árbitro señale el final.

Precisamente Lucas protagonizó una de esas anécdotas que demuestran que el fútbol también sirve para unir a personas que nunca antes se habían visto. Durante el encuentro frente al Oviedo, Enry decidió regalarle una entrada en tribuna con motivo de su santo. El pequeño, admirador incondicional de Aisar, quería vivir aquella jornada de una manera especial.

Al terminar el partido, cuando ya se encontraban en el coche, Lucas confesó que le habría gustado intercambiar su bufanda con algún aficionado visitante. Su abuela no dudó en acompañarlo nuevamente hasta las inmediaciones del estadio, pese a que la prenda que llevaban era una edición especial rosa vinculada a la lucha contra el cáncer de mama.

Allí encontraron a un seguidor ovetense que, al conocer el deseo del niño, consiguió entregarle una bufanda de su equipo. Lucas regresó feliz, pero también preocupado porque aquel hombre se había quedado sin recibir una del Ceuta. Enry decidió entonces localizarlo a través de Facebook y enviarle una bufanda hasta Oviedo. Un pequeño gesto de enorme significado que convirtió un encuentro entre dos aficiones en una preciosa lección de generosidad.

El pequeño Lucas ya conoce el verdadero significado de ser caballa. Con solo doce años, ha descubierto que el fútbol también enseña solidaridad, respeto y compañerismo
El pequeño Lucas ya conoce el verdadero significado de ser caballa. Con solo doce años, ha descubierto que el fútbol también enseña solidaridad, respeto y compañerismo | CEDIDA

La pasión de esta familia tampoco conoce fronteras. Gracias a las excursiones organizadas por Laarbi, han podido acompañar al Ceuta por distintos campos andaluces, llegando hasta Granada y Almería. Unos desplazamientos en los que han encontrado mucho más que fútbol: nuevas amistades, compañerismo y personas con las que compartir experiencias.

“Nos relacionamos, nos distraemos”, explica Enry, agradecida por el ambiente que se respira entre los seguidores que viajan habitualmente. También recuerdan con especial emoción el recibimiento que les brindaron los aficionados del Cádiz, que llegaron a formar un corro para aplaudirles tras un encuentro. Son recuerdos que refuerzan su convencimiento de que el fútbol puede derribar barreras y acercar corazones.

En lo deportivo, Jesús y Enry reconocen que la temporada está siendo complicada. Les entristece ver que el Murube no siempre presenta el ambiente que desearían, pero mantienen intacta su confianza en el equipo, en el entrenador José Juan Romero y, especialmente, en el presidente Luhay Hamido, a quien agradecen su compromiso con el club y con la ciudad.

A los futbolistas les piden esfuerzo, compromiso y que nunca olviden a quienes permanecen a su lado en los momentos difíciles. Confían en conseguir la permanencia y, si es posible, alcanzar una posición tranquila en la clasificación. Sin embargo, para ellos hay algo mucho más importante que cualquier categoría.

“Si bajamos, volvemos a luchar otra vez”, asegura Enry. Y Jesús deja una reflexión que encierra toda la esencia de esta historia: “Me da igual dónde esté el Ceuta, que ahí estaré”.

Porque hay victorias que no aparecen en las clasificaciones. La de Jesús es seguir encontrando motivos para ilusionarse. La de Enry, verle disfrutar de cada partido. Y la de Lucas, crecer rodeado de un amor que se transmite de generación en generación.

Ellos son Jesús, Enry y Lucas. Tres corazones unidos por una misma pasión. Tres formas de sentir unos colores. Y, sobre todo, la demostración de que el jugador número 12 no solo anima desde la grada: también lucha, acompaña, abraza y jamás abandona.

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